El bloguero

Mi Carnaval sin madama Cloetilde

Febrero 7, 2010 · Dejar un comentario

A veces, los sentimientos de alegría o tristeza aparecen sin aviso; nos toman por sorpresa.

Hoy, mientras veía con mi esposa y mi hija algunos videos de los Carnavales de El Callao, buscando inspiración para escribir algo sobre mi asistencia – hace unos 25 años – a esa maravillosa fiesta, la tristeza me abordó de forma inesperada.

Primero, sentí deseos de llorar al comparar las imágenes alegres de agraciadas madamas desfilando por las calles de El Callao, con la lamentable imagen de odio, caos y tragedia que es mi Venezuela actual.

Segundo, revisando algunos sitios de Internet vine a enterarme hoy del fallecimiento – 7 meses atrás – de nuestra entrañable “negra” Cloetilde, la Sra. Cloetilde Billings, gran madama de El Callao, emblemática intérprete de Calipso, sol resplandeciente de nuestro folklore.

Pero al momento de escribir estas líneas, mi pesar de alguna manera se va fusionando paulatinamente con los recuerdos gratos, y con el invaluable legado que nos dejó Cloetilde a todos los venezolanos. Así que decidí hablarles hoy sobre ella. Pero no a modo de esos homenajes póstumos fríos y obligados (en vida, la halagué en persona honesta y abundantemente), sino por mi genuino deseo de agradecerle por su obra imperecedera, y de “comunicarme” con ella.

No voy a ahondar en los importantes detalles de su muy fecunda carrera artística. Tampoco podría. Ese es un exigente trabajo de investigadores, periodistas y cronistas. Más bien, recordaré aquí como la conocí, y compartiré mis impresiones sobre esa protagonista inmortal de nuestro folklore.

Tuve el altísimo honor de conocer a Cloetilde Bilings en la antigua sede de los Talleres de Cutura Popular de la Fundación Bigott, en Plaza Venezuela, Caracas. Anteriormente, ya la conocía gracias al video documental “Yuruari y el Calipso de El Callao”, elaborado por la Bigott en 1995, y también gracias a un par de presentaciones musicales suyas, en unos carnavales de esos años.

En los Talleres, Cloetilde impartía clases de Calipso, y fungía como asesora musical y voz líder de “Yuruari”, una de las agrupaciones bandera de la Fundación.

Recuerdo un día cuando aproveché un momento en el que ella estaba sola (algo bastante inusual), para presentármele como alumno de los talleres de danza y percusión, y para ponerme a su orden como productor y conductor del programa radial sobre turismo y folklore venezolanos, “De Paseo por Venezuela”, transmitido por Radio Sintonía 1420 AM, entre los años 1995 y 1997.

Confieso que en ese nuestro primer encuentro personal la percibí un poquito altiva y distante conmigo. Pero con el tiempo, en nuestros encuentros y conversaciones cada vez más frecuentes, tanto en la Fundación como en sus conciertos, descubrí que esa actitud en apariencia orgullosa era más bien una expresión de su fuerte carácter y, tal vez, una especie de escudo para resguardarse un poco de tantas personas quienes, como yo, querían acercarse a ella para conocerla y estrechar su mano. Y después, ya con más trato, tuve el privilegio de conocer su sonrisa diáfana, su calidez y su personalidad cautivadora.

Ahora entiendo claramente que aquel rasgo de altivez que yo prercibí en Cloetilde estaba en perfecta armonía con su gran corazón, para conferirle ese aire de dignidad, esa estampa de gran madama, esa aureóla de auténtica reina del carnaval y el floklore venezolanos. 

Una vez, me permitió filmarla mientras conversábamos, en un desfile de carnaval en la Avenida Bolívar (ruego porque ese tesoro audiovisual aun esté intacto allá en mi casa en Venezuela). Para ese entonces ya me conocía, y estaba claro que yo era su fan, por lo que no tuve inconveniente para “acapararla” por un ratico. Esa y otras imágenes de nuestra querida negra Cloetilde se agolpan en mi mente, en este momento nostálgico pero de grata recordación.

En otra oportunidad, durante uno de sus conciertos con Yuruari, tuve el inmenso placer de conocer a su esposo el Sr. Leopoldo Billings (fallecido también recientemente, a finales del pasado mes de enero), reconocido músico venezolano, quien entonces se desempeñaba como director artístico y cantante de la agrupación. A él elevo mis oraciones y mis palabras de reconocimiento y admiración, por sus propios méritos artísticos, y por haber compartido su vida – y ahora la eternidad – con una mujer y artista de excepción.

La última vez que vi a Cloetilde fue durante unas fiestas a la Cruz de Mayo. Fui inmensamente afortunado al lograr “colearme” en calidad de espectador entre un grupo selecto de folkloristas de la Bigott (entre quienes se encontraba la afamada cantante de Vasallos del Sol, Betsayda Machado, por ejemplo), que recorría algunos sectores de Caracas cantándole y tocándole a diferentes altares de la Cruz. En una de nuestras paradas coincidimos con la negra Cloetilde. No alcanzo a recordar si la celebración era en su propio apartamento. Lo que sí recuerdo muy bien es que ella nos atendió espléndidamente, y que estaba llena de entusiasmo, dando instrucciones a diestra y siniestra, con su energía y autoridad características.

Querida y recordada Cloetilde Billings: negra linda, gran madama, oro puro del Callao, diosa del Calipso, baluarte del floklore venezolano, creo en la transformación de la energía vital; en la trascendencia de las almas. Por ello, tengo la certeza de que donde quiera que un venezolano vea tus inspiradoras imágenes y escuche tu exquisita voz siempre estarás tú de alma presente. Y sé en mi corazón que tú cantarás “personalmente”, en estos carnavales, en mi casa en Tokio, cuando mi adorada hija de 3 años me diga – como viene haciendo desde principios de año – “Papá por favor ponme otra vez Mami Mami”.

Bendición Cloetilde…

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Carnavales de Carúpano: mis dudas y esperanzas

Enero 24, 2010 · 3 comentarios

      Para bien o para mal, nunca he disfrutado de unos carnavales en Carúpano, pintoresca ciudad del estado Sucre venezolano. Es bastante paradójico, considerando mi marcado gusto por nuestras fiestas populares y por esa región del país; que mi difunto padre y famila son carupaneros, y que mi abuelo paterno fue, en vida, un infatigable animador de su carnaval. Hay una foto donde sale él muy orondo, luciendo un colorido traje de payaso que le regaló mi mamá, confeccionado por ella misma. Cuentan que ese año mi abuelo Ángel fue la sensación.

     Mis dudas 

      Entre otras razones para no haber conocido ese importante y festivo evento, están mis sentimientos encontrados hacia el mismo. Comenzaré por lo malo. Hace unos 10 años, un familiar mío perdió la vida en Carúpano, por arma de fuego, en plena celebración del carnaval. Apartando la desgracia que esa muerte trajo a mi familia, fue un hecho que puso en evidencia una alarmante situación de inseguridad y peligro, donde la violencia y el crimen también sacaron su comparsa a las calles.

      No sé, a ciencia cierta, si fue un incidente aislado, o el resultado de un estado de inseguridad generalizado. Lo cierto es que tragedias como esa castigan injustamente a familias enteras y ponen una sombra de miedo y desconfianza sobre las fiestas, empañando el trabajo que, por generaciones, ha hecho el alegre y hospitalario pueblo carupanero para brindar unos bonitos carnavales a su gente y a todo el país.

      Hay otro aspecto negativo. Por años, escuché a través de parientes y amigos que durante la fiesta, tradicionalmente ALGUNOS representantes de la comunidad gay de la ciudad, y demás regiones del país, se extralimitaban en sus expresiones de contento, mostrando públicamente comportamientos reñidos con la moral y las buenas costumbres, lo cual ahuyentaba a un número importante de asistentes, entre locales y foráneos. Entiendo que este es un tema delicado. Mi comentario no es una crítica disfrazada a la homosexualidad como tal. De hecho, pienso que sin importar nuestra orientación sexual, nuestras libertades nunca deben estar por encima de las normas básicas de convivencia ciudadana. Además, dentro del mayoritario sector heterosexual de la población, abundan los casos de inmoraildad en público, los cuales también deben ser denunciados, por el bien de todos. Lo que ocurre es que en una sociedad como la venezolana, más bien conservadora (comparada con otras más liberales de Europa, por ejemplo), reaccionamos más duramente cuando los involucrados son homosexuales. Dos dichos nuestros reflejan mi posición definitiva sobre este asunto: “En el mundo hay de todo y para todos” y “todo en exceso es malo”.

     ”Grito” inspirador

       Ahora, lo positivo; lo que realmente quiero resaltar aquí, y mi principal motivación para escribir sobre los Carnavales de Carúpano.

       Como digo al principio, por cosas del destino no he asistido a los carnavales de la alegre ciudad sucrense. Aunque sí tuve la fortuna de ver algunos de los preparativos para el gran evento. Antes de establecerme en Asia, generalmente iba a casa de la familia en Carúpano con mi papá (su alma ya debe estar velando por los suyos en estas fiestas de 2010), poco antes o poco después del Año Nuevo, por lo que un par de veces el viaje coincidió con el Grito de Carnaval, los primeros días de enero. Entonces, me impesionaron realmente unas muy vistosas y bien acopladas bandas-show escolares, algunas con percusionistas chiquiticos, ¡de hasta 5 años de edad!, y con “batutas” también muy jovencitas, con impresionante habilidad. Asimismo, fui afortunado al ver la elección de la reina de nuestro sector, y constatar muy complacido que mis primos participan de lleno en la organización de esos eventos, incluyendo el diseño y confección de las elaboradas y exóticas “fantasías” lucidas por las bellísimas candidatas.

       En relación a las agrupaciones musicales, los asiduos visitantes del Carnaval de Carúpano y los propios carupaneros están acostumbrados a esas refrescantes y emocionantes imágenes, pero, yo, personalmente, desconocía que existiera en Carúpano, desde hace muchos años, un sistema de bandas estudiantiles tan consolidado y vibrante. De hecho, la inspiradora escena de esos nños y jóvenes tan talentosos y esforzados originó en mí estas reflexiones, que permanecieron en el “tintero” por varios años, esperando el momento apropiado para ser compartidas.

     Mis esperanzas

      Detrás de ese importantísimo movimiento socio-cultural, directamente asociado al carnaval, hay un factor esencial que lo hace posible y lo potencia, y que es, quizá, el patrimonio más grande y valioso de Carúpano: La alegría del carupanero. Los carupaneros se cuentan entre las gentes más alegres del país. Su alegría es famosa, y es uno de los pilares de su idiosincracia. En consecuencia, yo me siento orgulloso, bendecido – y alegre, claro está – por tener sangre carupanera en las venas.

       El espíritu festivo de un pueblo puede transfromarse en fuente inagotable de felicidad y prosperidad. Pero, al igual que ocurre con los ríos muy caudalosos, es aconsejable canalizarlo para obtener de éste el máximo beneficio. También podemos ver la alegría como la materia prima que necesita ser procesada y mezclada con otros productos para que podamos consumirla. En esta sencilla comparación, las plantas procesadoras serían la familia, los centros educativos, las organizaciones culturales, y demás instituciones. Y los otros productos serían la educación, la disciplina, la integridad, el trabajo, etc..

       Por ejemplo, el Carnaval de Río (sin pretender hacer comparaciones odiosas), la fiesta más grande y fastuosa del mundo entero, tiene en la proverbial alegría del pueblo carioca su recurso más cuantioso. Pero, una celebración de magnitudes tan colosales no podría concebirse sin cantidades igualmente gigantescas de organización y trabajo.

      Pero, volviendo a mi querido y recordado Carúpano, me emociono con el simple recuerdo de los muchachos que integran las fantásticas bandas musicales, entregados en cuerpo y alma a la impecable ejecución de sus instrumentos y coreografías. Y me regocijo, igualmente, pensando en lo atareados y contentos que han de estar ahora mis primos organizando la muy llamativa elección de su reina. Todos hacen la fiesta del carnaval, y también hacen patria, al mantener vivas nuestras ricas tradiciones.

      Ahora, como entonces, tanto esos chamos comparseros como mis familiares me hacen sentir un orgullo incontenible por mi identidad venezolana y mi origen carupanero.

      Sigamos poniendo tamborcitos, trompetas y disfraces en las manos y el corazón de nuestros pequeños, y enseñémosles “moral y luces”, para que con el don divino de su alegría convertida en carnaval formen bonitas comparsas de bienestar y progreso, para su amado Carúpano, Venezuela y el mundo.

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Chávez insulta a Haitianos

Enero 19, 2010 · Dejar un comentario

      Chávez, en momentos cuando el mundo entero está volcado a la tarea sagrada de ayudar al pueblo haitiano, incluyendo Venezuela y Estados Unidos,  cada país en la medida de sus capacidades, lo único que se te ocurre expresar es que los gringos están ocupando militarmente a Haití. Qué lástima me das; que miserable eres. Pero también me asusta que alguien tan bajo pueda entronizarse en el poder indefinidamente, gracias a quienes te apoyan ciegamente o de forma interesada, gracias a  quienes te adversamos ineficientemente o en forma egoísta, y en general, gracias a todos nosotros los venezolanos, porque los pueblos tienen los gobernantes que se merecen…  

      Aun si uno tuviera alguna reserva contra el gobierno y el ejército yankees, y viera con incomodidad esa presencia militar tan importante en el desafortunado país caribeño, no le pasaría por la mente decir, justo en momentos de tanta unidad global en torno al sufrimiento haitiano, semejante estupidez, muestra inequívoca de tus sucios y perniciosos pensamientos.  Dime, ¿si Venezuela tuviera un ejército tan grande y sofisticado como el gringo, no hubieras tenido el mismo gesto de solidaridad con Haití, o tal vez mayor, payaso?

      Tu perversidad y sed de protagonismo no tienen límites. ¿Cómo se te ocurre usar un evento tan lamentable y doloroso como oportunidad para llamar la atención internacional? Cuchillo, para tu pescuezo…

      Ya, desde hace tiempo, se te cayó la careta, farsante. Pero como suele ocurrir con déspotas disfrazados de socialistas que concentran tanto poder en sus manos, al mundo y a la justicia internacional les lleva cierto tiempo desenmascararlos y castigarlos. Pero, prepárate, huguito-rojito, porque a todo cochino le llega su sábado…

      Mis oraciones para el sufrido pueblo haitiano, mi agradecimiento y estímulo para todos los países y personas que están ayudando

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Anécdotas de mi papá

Diciembre 10, 2009 · 2 comentarios

Pura buya

      Yo tendría unos 8 o 9 años de edad, un día que estaba con mi papá en el jardín de la casa, mientras él estaba haciendo algunas labores de jardinería. Tuve que haber hecho alguna travesura muy grande, porque recuerdo que mi papá se molestó, y reaccionó con cierta brusquedad, profiriendo su habitual “’¡carajo!” y haciendo el movimiento de brazo característico para dar una nalgada. Logré esquivar el manotazo y me le alejé, por lo que él pegó una carrerita para tratar de agarrarme. Una vez más, pude escabullirme moviéndome rápidamente por detrás de una matica de guayaba, provocando que él se resbalara y ¡cayera en la cuneta!

      “Ahora sí estoy en problemas”, pensé. Pero, suspiré de alivio al verlo soltar una carcajada, repentinamente, por la situación tan ridícula y cómica en la que se encontraba. E imagino que se sorprendería, también, por la habilidad de su hijo.

      El breve cuento termina con los dos muertos de risa con lo que pasó.

      Aparte de ese intento fallido de nalgada, no puedo recordar, por más que trato,  otra ocasión en la que mi papá haya intentado pegarme.

      Siento que esas reacciones de mi papá eran pura buya. Ciertamente, a veces eran muy fuertes y atemorizaban a cualquiera, pero con los años entendí que eran más bien erupciones volcánicas efímeras, porque dentro del volcán en realidad lo que había era una alma llena de bondad.

Sorpresa bailable 

              Pocos meses antes de que a mi papá le diagnosticaran el cáncer, lo entusiasmé para que fuéramos a ver juntos un juego de fútbol entre Venezuela y Colombia. Por aquellos tiempos, “La Vinotinto” estaba jugando muy bien, conducida por el técnico Richard Páez, y llenaba los estadios donde se presentaba.

              Huelga decir lo contento que estaba yo por compartir tan ansiado evento deportivo con mi papá, quien para entonces tenía 61 años.

      En el Estadio de la Universidad Central de Venezuela (mi alma mater y Patrimonio Cultural de la Humanidad) reinaba un ambiente festivo tremendo; las gradas eran una rumba total, en parte provocada por la muy pegajosa música que salía por los altavoces del estadio, que hacía bailar animadamente a la mayoría de los presentes.

      En medio de aquella algarabía, me provocó comprar golosinas a un vendedor ambulante que se encontraba unas cuantas filas más arriba de nosotros. De regreso para mi asiento, pude presenciar una imagen bastante poco probable, por no decir insólita: ¡mi padre estaba bailando frente a su asiento, de lo más tranquilo!

      Aparte de fiestas familiares y recepciones militares, donde normalmente bailaba con mi mamá, mi hermana y, muy rara vez, con alguna allegada, nunca en mi existencia había visto a mi papá bailando en una situación similar, y de paso en actitud tan natural, como si nada.

      Tengo que admitir que me hizo muchísima gracia verlo bailar así. Y no lo digo en son de burla, sino porque además de que estaba irreconocible en aquella faceta de bailarín de gradas, era obvio que estaba tratando de imitar el estilo de los jóvenes a su alrededor (entre el público, varias filas a la redonda, él era el más viejo, ¡y por bastante!), lo que dio como resultado un fusión bailable memorable.

      Pero, al final, el sentimiento que prevaleció en mí, ante semejante expresión de disfrute y desenfado, fue de alabanza. “Hay que tenerlas bien puestas”, pensé.

     Mientras caminaba a mi asiento, observándolo como se entregaba al rítmico baile, primero me sentí un poquito ruborizado, pero en cuestión de segundos me invadió una fuerte sensación de alegría y orgullo al ver a mi papá disfrutando plenamente su momento.

      Cuando me sintió llegar a su lado, dejó de bailar. Nunca le hice ningún comentario al respecto. Pero, hoy, de tanto en tanto recuerdo aquella para mí inesperada y feliz experiencia, y sonrío de puro regocijo y de profunda admiración por esa ocurrencia de mi amado papá, en vida.

Corazón oriental fiestero

      Sin ser tan parrandero como yo, por ejemplo, a mí papá le gustaban mucho las fiestas, y siempre estaba más que dispuesto a “echar un pie” con mi mamá, especialmente con música suave y cadenciosa, exhibiendo una elegancia marcial, como buen militar.

      Él era, más bien, del tipo comedido, y en las fiestas familiares y demás eventos sociales, se comportaba con cierta reserva. Disfrutaba mucho, sí, pero comedidamente.

      Sólo como en tres ocasiones en toda mi vida pude ver a mi papá bailando “derrapado”, olvidado del mundo. Entonces me pareció estar viendo a una persona completamente distinta. Tanto, que parecía estar borracho al ensayar unas muy singulares y osadas piruetas de baile, haciendo las delicias de los presentes, quienes le celebraban la actuación muy efusivamente. Pero, según recuerdo, en esas oportunidades ni siquiera consumió alcohol.

      Estos raros eventos tuvieron lugar en fiestas de la familia paterna; entre sus hermanos y sobrinos, caracterizados, en su mayoría, por ser sumamente alegres y fiesteros. Sobre todo los carupaneros (oriundos de Carúpano, estado Sucre, en el oriente de Venezuela). 

      Y no es que entre “nosotros” no disfrutara plenamente. Al contrario, simpre lo recordaremos feliz y contento en las reuniones hogareñas. Es que entre “los suyos”, como es lógico, se mostraba bastante más desenvuelto y relajado que de costumbre; se “desataba”, tanto en el baile como a la hora de hacer chistes y bromas.

      Anque esas veces me sorprendió un poquito su cambio tan notorio, disfruté enormemente ver a mi padre en acitud tan festiva, junto a su muy parrandera familia carupanera. Definitivamente, fue un gran privilegio para mí conocer ese lado suyo; su corazón oriental fiestero.

 

Lección de humildad

      Un día, cuando mi sobrina menor tenía unos 6 años de edad, mi papá la regañó muy duramente; le gritó de manera violenta, lo que me molestó muchísimo.

     Mi forma de reprochárselo fue gritándole a él también, incluso con mayor violencia, delante de algunos miembros de la familia, incluidos sus nietos.

      Si bien tan desafortunada reaccción mía me sirvió como desahogo momentáneo, también me produjo gran tristeza, frustración y arrepentimiento – que todavía hoy siento – porque, en mi desproporcionado deseo de “justicia” para con mi sobrina, fui incapaz de controlarme, y porque entonces – a pesar de que mi actitud demostrara lo contario – no creía que la violencia debía pagarse con violencia.

      Pero, lo que quiero destacar en este relato es que al día siguiente de aquel lamentable incidente familiar, y sintiéndome yo todavía bastante contrariado, tanto por lo que hizo mi papá como por mi errática respuesta, él se acercó para pedirme disculpas, en una acitud sumamente paternal y conciliadora. En el contacto con su mano y en su mirada, pude sentir claramente la sinceridad y el amor de sus palabras.

      Creo que yo, en mi necio orgullo de esos años, no hubiera sido capaz de un gesto tan elevado como el de mi padre, que si bien fue su sincera expresión de arrepentimiento, fue, además, un acto de valentía y una lección de humildad que recibí para toda mi vida. Por ello, lo respeto, lo admiro y lo amo tanto.

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¡Mil gracias, “Beidá”!

Diciembre 10, 2009 · Dejar un comentario

      (Artículo de mi autoría, publicado por la revista China Hoy)

      http://www.chinatoday.com.cn/hoy/2006n/s2006n5/p62.html

      En febrero de 2002, durante mis trámites de solicitud de beca para estudiar en China, la funcionaria encargada de asuntos académicos de la embajada china en Venezuela me hizo una recomendación que sellaría mi destino: “Señor La Rosa, entiendo su deseo de estudiar en Shanghai o en Hong Kong. De hecho, muchos solicitantes se interesan en esas ciudades. Pero estoy segura que la Universidad de Pekín (Universidad de Beijing) es el lugar ideal para alguien con sus inquietudes académicas y culturales”.

      Pues, el gobierno chino aceptó mi solicitud, y el 2 de septiembre de ese mismo año, ya me encontraba en la muy prestigiosa Universidad de Pekín, o ”Beidá” (nombre corto en chino) recibiendo, de manos de un profesor del Departamento de Estudiantes Extranjeros, mi constancia de inscripción y mi nombre chino, “An Yifa”. Confieso que inicialmente no me sentía muy a gusto con mi nuevo nombre, porque todos mis interlocutores chinos se reían al escucharlo, pero cuando supe, días después, que sus tres sílabas corresponden a los caracteres “seguridad”, “buena suerte” y “riqueza”, me dije: ¡Es el nombre perfecto!

      Si bien sabía que Beidá era la universidad de mayor prestigio y tradición de China, y una de las mejores del país, fue sólo con el tiempo que entendí cabalmente el significado y el valor de estudiar en la Universidad de Pekín.

      Decidí estudiar política internacional en China, porque quería ver y estudiar el mundo desde la óptica de los chinos, en momentos cuando la atención mundial se centra en el sorprendente proceso de desarrollo y reforma experimentado por el gigante asiático, el cual ejerce una influencia cada vez mayor a nivel internacional. Al final, Beidá resultó ser el lugar perfecto para mis propósitos.

Más allá del conocimiento

      La Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad de Pekín reúne a varios de los mejores académicos del orbe, especializados en estudios sobre China. Algunos de ellos, reconocidos dentro y fuera del país, integran los equipos consultivos de alto nivel del gobierno chino, en diversos campos, para las relaciones globales de China. La mayoría de ellos comparte sus obligaciones docentes con actividades diversas a nivel nacional e internacional.

      Y más allá de la experiencia académica propiamente dicha, para mí constituyó un gran honor y un enorme privilegio ser alumno y amigo de tan distinguidos caballeros y profesores chinos.

      En lo que respecta al importante componente cultural, Beidá me deparó no menos satisfacciones. Desde actividades oficiales organizadas por nuestras autoridades universitarias, pasando por eventos de carácter estudiantil, hasta experiencias totalmente informales como fiestas y reuniones entre amigos. Ciertamente, Beida superó con creces mis expectativas culturales. Fueron dos años realmente intensos y productivos en actividades y gratificaciones.

      Soy del pensar que la educación del individuo -en todos los niveles- debe ser integral; debe contemplar el cultivo no sólo de la mente sino del espíritu y del cuerpo. Por eso, atribuyo tanta importancia a las actividades universitarias extra-curriculares de índole cultural y deportiva. Y, en un contexto como el de la Universidad de Pekín, con un estudiantado internacional considerablemente grande, las actividades extra-académicas colectivas cobran una importancia aún mayor, ya que pueden convertirse en ricos intercambios de culturas. De hecho, en el ambiente de Beida, aparte del disfrute estético-recreativo que encierran las actividades culturales, me enfoqué, expresamente, en el aspecto de los intercambios internacionales, y conseguí en esa vibrante casa de estudios el espacio idóneo para fomentar el acercamiento entre estudiantes procedentes de diferentes rincones del plantea. Todo esto, a la par del estelar momento de apertura que vive China, que la convierte en un dinámico cruce de caminos donde se encuentran y conviven culturas del mundo entero.

      El Departamento de estudiantes extranjeros de Beida cuenta con un equipo permanente de cultura, activo y eficiente, conformado por profesores altamente motivados y concientes de la importancia de los intercambios culturales internacionales, para lograr el acercamiento y la comunicación entre las diferentes naciones representadas en el alumnado extranjero de Beida. Ese equipo cuenta, además, con el apoyo entusiasta y efectivo de organizaciones estudiantiles como SICA (Student International Communication Asociation), cuyos jóvenes miembros comprenden la importancia de la comunicación intercultural, y trabajan con ahínco en la promoción del diálogo entre su milenaria cultura china y las ricas culturas de los estudiantes extranjeros.

      Fui afortunado al poder combinar mis estudios en Beida con tan diversas actividades culturales, las cuales menciono a continuación, de manera sucinta, para que nuestros amables lectores tengan una imagen más clara.

      Con el Departamento de Estudiantes Extranjeros participamos en actos tales como el Acto Aniversario de la Fundación de Beida, el Festival Cultural Internacional y el número musical de estudiantes extranjeros de Beida para TV. Con SICA organizamos actividades de bienvenida y adaptación para los nuevos estudiantes extranjeros, fiestas bailables internacionales, Fiestas de música latina, clases de bailes de salón chinos, latino-caribeños (Salsa y Merengue) y africanos, programas musicales internacionales durante las celebraciones de Año Nuevo lunar chino y Año Nuevo occidental y curso de manualidades chinas, entre otros eventos. Entre los estudiantes extranjeros realizamos, informalmente, partidos de fútbol y voleibol, así como fiestas internacionales bailables, con la entusiasta participación de estudiantes de los cinco continentes.

      En resumen, tanto en la maestría especial de Política Internacional para estudiantes extranjeros de la Universidad de Pekín, como en sus numerosas y variadas actividades culturales pude convivir a diario con estudiantes de todas las regiones del mundo. Actualmente, Beida funge como una especie de centro académico y de intercambio cultural global en el que se demuestra que sí es posible la convivencia pacífica de los pueblos del mundo.

      Quisiera agregar una última cosa. Este artículo lo escribí estando en Tokio, Japón, donde me encontraba pasando vacaciones con mi esposa japonesa, y a la que conocí, precisamente, en una de esas fiestas de música latina organizadas por mí en la universidad. Entonces, yo hacía la maestría, y ella realizaba investigaciones para su doctorado en historia del arte budista en China. Ambos sentimos gran admiración y respeto por el pueblo chino, y agradecemos sinceramente al gobierno y a la Universdiad de Pekín por la oportunidad dorada de estudiar en China. Y también tenemos que agradecer a nuestra querida Beidá, y a su cálida atmósfera de fraternidad internacional, el surgimiento de nuestro bonito “amor intercultural”, producto del cual hoy estamos esperando un hijo.

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¡Guerra a Chávez!

Noviembre 22, 2009 · Dejar un comentario

      ¿Es la amenaza de guerra de Chávez a Colombia un pote de humo para apartar la atención nacional e internacional del desastre que es la Venezuela actual, o “el mono con pistola” en el colmo de sus aberrantes deseos de protagonismo, busca realmente provocar un conflicto regional de repercusión mundial?

      En el primer supuesto, la acumulación de problemas socio-económicos en estos 10 años de (des) gobierno chavista es tan enorme que ya ninguna sucia triquiñuela gubernamental puede taparla. Sin embargo, como resultado de tanto amagar belicista, el gobierno colombiano pudiera verse obligado a defenderse atacando primero, de manera preventiva, lo que sentenciaría el derramamiento de sangre entre pueblos hermanos.

       En el otro supuesto, estaríamos ante uno de los líderes más perversos y desquiciados de la historia contemporánea.
 
      Siempre he sostenido que, en teoría, así como a los abogados les gustan los tribunales, a los ingenieros las construcciones, a los doctores los hospitales y a los maestros las escuelas, por ejemplo, a los militares les gustan los campos de batalla. Algunos dirán que hay guerras necesarias para defenderse o lograr la paz, pero dicho argumento no tiene aplicación en el caso de Colombia.

      En sus cínicas e infantiles explicaciones – a los compatriotas venezolanos desinformados -  porque los medianamente informados de ambos bandos no creemos en cuentos sabanetinos – Chávez dice que su decisión de prepararse para una guerra con Colombia es la respuesta lógica a la amenaza que las bases militares estadounidenses en suelo colombiano representan para Venezuela. Pero, es muy fácil demostrar que Chávez ha estado gastando exhorbitantes sumas de dinero público venezolano en armamento bélico ruso, desde mucho antes que Colombia y EE.UU alcanzaran ese acuerdo, lo cual obligó al presidente Uribe a tomar medidas legítimas para proteger su suelo y su gente de un arranque de histeria y arrogancia de Chávez, traducido en incursión armada. Pero, durante todo ese tiempo, Uribe, fue lo suficientemente respetuoso, comedido e inteligente para no acusar a Chávez de estarse armanando para intimidar o atacar a Colombia. En cambio, el caradura barinés revela su absoluta falta de escrúpulos y su gran vocación destructiva al señalar a Colombia, ante el mundo, como un país agresor, porque el gobierno del presidente Uribe decidió dejarse de jueguitos diplomáticos y hacer  lo que corresponde en defensa de sus intereses nacionales.

      Como parte de sus maquiavélicos planes, recientemente el anticristo caribeño mandó a la Guardia Nacional de Venezuela a destruir unos puentes fronterizos, vitales para el robusto y por demás beneficioso intercambio comercial y cultural que durante muchos años han mantenido ambos pueblos hermanos en esa región limítrofe.

      Las pujantes comunidades fronterizas a ambos lados de la fronetra, ejemplo claro de integración y hermandad colombo-venezolanas no le van a perdonar nunca al pistolero de Sabaneta este disparo mortal contra la prosperidad y la felicidad de sus habitantes.

       Pero, esa hermosa experiencia de convivencia binacional pacífica y productiva (igual ocurre en el llano colombo-venezolano) es el resultado de un proceso histórico de relaciones entre pueblos vecinos amigos. Y aunque Chávez, voluntaria o involuntariamente, lleve a nuestros ejércitos a la guerra, nunca podrá romper los fuertes lazos integracionistas que atan a ambos pueblos. Y es posible predecir que de esas comunidades fronterizas hermanadas surgiría la mayor y más férrea resistencia a los delirios belicosos de Chávez.

       Mis hermanos venezolanos, sobre todo los más pobres, deben saber que en el caso de una confrontación armada, los primeros en ir al frente de batalla a morir como “carne de cañon” serán los más pendejos, como siempre. Porque ni Chávez, ni sus ministros (incluido el de defensa), ni sus oficiales de alto rango, ni los funcionarios del gobierno, ni los familiares cercanos de todo estos boliburgueses van a acercarse ni por equivocación a la zona de combate. Pero, el tirano sabanero se jacta diciendo que el ejército venezolano es digno heredero de nuestro glorioso Ejército Libertador comandado por Simón Bolívar, Padre de la Patria y libertador de 5 naciones. Tal vez los inocentes, valientes y jóvenes soldados venezolanos merezcan heredar esas glorias, pero no la cuerda de oficiales chavistas nuevos ricos, entregados a la tarea de proteger sus fortunas malhabidas, ultrajando el juramento sagrado que hicieron a la patria (con muchas y muy honrosas excepciones, claro está). Supuestos soldados que más que un ejército forman una comparsita de tristes payasos uniformados.

       El pueblo venezolano históricamente ha sido un pueblo de paz. Hasta hace pocos años, y por más de medio siglo fuimos la democracia – con todos sus defectos – más estable de América Latina.

     El venezolano común y corriente sólo aspira a una vida de prosperidad y felicidad en unión de sus familiares y seres queridos, en un país pacífico y moderno. Chávez y los demás promotores de esta guerra, en cambio, sólo aspiran satisfacer sus muy egoístas y bajos apetitos de riqueza y poder. 

       No podemos permitir que esta pandilla de traidores se beneficie a costa de la sangre de nuestros muchachos y de nuestros hermanos colombianos.

       Pero, si para satisfacer sus muy mundanos y enfermizos caprichos, Chávez finalmente obliga a miles de compatriotas inocentes a ir a morir injustificadamente, entonces será deber sagrado de todos y cada uno de nosotros, los venezolanos de justicia y paz, hacerle la guerra al autócrata desalmado y a su séquito de jalabolas cobardes, para lograr que algún día sean aplastados por todo el peso de la ley, y paguen caro su traición y su maldad.

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EL “WACHIMÁN”

Octubre 25, 2009 · Dejar un comentario

       (Estimados lectores, no siempre dispongo del tiempo para editar entradas extensas sobre todos los temas que quisiera abordar, así que, de vez en cuando, haré El “Wachimán”, un batuque de opiniones donde hablo de todo un poco. Mil gracias a los 32 mil valientes que me han leído hasta ahora)

       El secuestro y posterior masacre de 10 ciudadanos colombianos y uno venezolano, en un sector del municipio Fernández Feo del estado Táchira, pone en evidencia la angustiante y terrórifica situación de indefensión en la que (sobre) viven a diario mis compatriotas allá en Venezuela, sobre todo en los estados fronterizos, convertidos en feudos de los genocidas narcoguerrilleros colombianos. Como era de esperarse, algunos chavistas ultrosos salieron inmediatamente a culpar del hecho al opositor gobernador del Táchira, César Pérez Vivas, por negligencia en sus funciones. Y, es de esperarse, también, que esa misma sea la postura oficial del (des) gobierno de Chávez. Esta irresponsable y ociosa acitutd, delata la macabras motivaciones de los acusadores, ya que es bien sabido que tanto el gobierno nacional como sus funcionarios y seguidores en ese estado andino, han hecho absolutamente todo lo imaginable para impedir que César Pérez gobierne para el pueblo tachirense que lo eligió por mayoría en noviembre de 2008. Apartando las supuestas relaciones del gobierno venezolano con las FARC y el ELN (éste último señalado como presunto responsable del la masacre), proteger las fronteras nacionales y la vida de sus habitantes es un asunto de seguridad nacional. Pero Chávez, tiene prioridades más urgentes, como dotar a la policía de Bolivia con equipos antimotines, por ejemplo…

       Aunque anteriormente he expresado mi preocupación de que el Alcalde Mayor de Caracas, Antonio Ledezma, aun pueda tener vínculos políticos (no amistosos) con algunos de los “tiranosaurios” adecos que asaltaron impunemente a Venezuela y a los venezolanos, se ganó mi respeto con su acitud (en mi opinión, por demás valiente, correcta y gallarda) contra las perversas triquiñuelas gubernamentales para “eliminarlo”. Además, coincido con él cuando dice que, de cara a las elcciones parlamentarias de 2010, “los candidatos a la Asamblea no deben ser únicamente de los partidos, sino de asociaciones civiles y los concejos comunales, o cualquiera que tenga una agenda social”. Ledezma entiende que la única forma posible de derrotar al chavismo es oyendo a la gente común, para saber qué piensan, que sienten, para conocer sus necesidades más urgentes. Y esa propuesta social que menciona el alcalde mayor, por cierto, es indispensable para llegar a los millones de compatriotas pobres que aun apoyan a Chávez. Ellos prefieren a un Chávez ineficiente, manipulador, oportunista y represor que se acerca a ellos, antes que a una oposición que sienten muy lejana, por buena que sean sus intenciones. En nuestro país hay 60% de pobres, ¡ya es tiempo de que nos ocupemos de ellos!

       Es normal que el gobierno de Chávez se muestre sumamente indignado y ofendido si el ministro de defensa colombiano dice que “la mayoría de los aviones del narcotráfico están saliendo desde Venezuela hacia Centroamérica”. Extraño sería que una dictadura como la chavista no se ofendiera por eso. Pongámonos a pensar. Colombia, el mayor productor de cocaína del mundo y mayor abastecedor de Estados Unidos y Europa, es nuestro vecino. El lado venezolano de la frontera con el hermano país está desguarnecido, prácticamente controlado por los narcoterroristas. Prueba de ello son los secuestros, extorsiones, muertes, robos, contrabandos y demás crímenes que tienen que soportar cotidianamente los pobladores de las zonas fronterizas venezolanas. Es parte del paisaje. Chávez ha expresado abierta y repetidamente su simpatía por los terroristas de las FARC. En mi país, desafortunadamente hay muchos ladrones de cuello blanco, gente muy codiciosa que haría cualquier cosa por dinero (¿dónde estarán los funcionarios de PDVSA involucrados en el “caso del maletín”?). Así que no es tan descabellado lo que sugiere el general colombiano. Por el contrario, suena hasta lógico. Por cierto, el jefe militar colombiano no está diciendo que las autoridades chavistas sean cómplices en el tránsito de esas aeronaves por los cielos venezolanos. No hay pruebas, por ahora. Pero, de que vuelan vuelan…

       Pero, Venezuela es mucho más que Chávez. Mi país tiene infinidad de cosas buenas que ofrecer. Por ejemplo, en septiembre, aquí en Japón, contamos con la muy refrescante y valiosa presencia del afamado cantautor y cuatrista venezolano, Rafel “Pollo” Brito. Según pude conocer esta es su tercera visita a la Tierra del Sol Naciente, síntoma de lo mucho que gusta el muy talentoso artista entre el eixgente público nipón. Merecen igual reconocimiento los excelentes músicos que lo acompañaron en esta gira por 6 ciudades japonesas: José Pérez (maracas), Roberto Koch (bajo), y la arpista japonesa Yoko Yoshisawa. Además de los conciertos, hay que destacar la fantástica labor docente en pro de la difusión de la música venezolana, que ellos realizan en suelo japonés, a través de charlas y talleres. En esas actividades educativas, entre otros muchos esmerados y eficientes colaboradores, cabe destacar la participación de Jun Ishibashi, profesor de la Universidad de Tokio, renombrado estudioso del folklore venezolano, coordinador de un curso de Cuatro en dicha universidad y presentador de los conciertos; Yasuji Deguchi, músico japonés, promotor de la música venezolana, destacado intérprete de mandolina, bandola y cuatro, e instructor de los cursos de cuatro; Maurice Reyna, agregado cultural de Venezuela en Japón, músico, intérprete de cuatro y guitarra, e instructor de los cursos de cuatro. Por mi parte, tuve la inmensa fortuna de asistir al taller de música venezolana impartido por el Pollo Brito y sus formidables músicos, en la universidad de Tokio. Fue una actividad en extremo placentera y memorable. Mientras veía al Pollo Brito compartiendo con sus alumnos japoneses (y conmigo también), derrochando simpatía y calidez, me sentí especialmente orgulloso de ser su compatriota, y entendí que, además de su genialidad musical, esa personalidad humilde es una de las razones principales de su tremendo éxito como artista, dentro y fuera de Venezuela.

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Sonrisas de Lhasa

Septiembre 28, 2009 · Dejar un comentario

(Artículo de mi autoría, publicado por la revista “China Hoy”, en enero de 2006)   

http://www.chinatoday.com.cn/hoy/2006n/s2006n3/p50.htm

RESUMIR en poco más de 1.000 palabras un viaje a Lhasa no es tarea fácil, aunque haya sido por tres días solamente. Además de la dificultad que representa decir tanto en tan poco espacio, las sensaciones experimentadas durante la aventura son tan inabarcables como esa gran ciudad de mágicos contrastes.
      Como a la hora de haber despegado de Chengdu, capital de la provincia central china de Sichuan, me sorprendió ver lo cerca que volábamos de las magníficas y desafiantes cumbres nevadas, y le pregunté a la aeromoza por qué volábamos tan bajo. Sonriendo irónicamente me respondió: “Señor, no volamos bajo; ¡esos picos miden 7.000 metros de altura!”. No en vano a la vasta altiplanicie tibetana se le conoce como el Techo del Mundo.
      Lo primero que hice tras descender del avión y pisar suelo tibetano fue absorber el aire puro y la energía vivificante de aquellos parajes. La bienvenida me la       dieron un cielo de azul imposible, las suaves estribaciones himalayas y un viento benévolo que me susurraba al oído las maravillas por venir. En el camino a Lhasa – en un confortable autobús – la embriagadora escena de río, valles y agricultores tibetanos en sus sembradíos presagiaba la experiencia única que estaba a punto de iniciar. 
      A primera vista, Lhasa me pareció uno de tantos polos de crecimiento del occidente de China, que se transforman aceleradamente a la par del vertiginoso desarrollo del país. Pero, tras mi primer encuentro con el imponente Potala, justo al cruzar una esquina de bancos, comercios y oficinas empresariales, tuve la sensación de que Lhasa es una ciudad única en el mundo, confluencia de pasado y presente, de tradición budista y modernidad china. Aún hoy, el Gran Potala se yergue majestuoso y protector sobre la vasta meseta de Lhasa. Su colosal estructura abisma e infunde veneración, y evoca siglos de fabulosas historias y leyendas. Su arquitectura deslumbrante, su místico encanto, la historia encerrada en sus muros, la solemnidad de sus templos, el esplendor de sus budas, y el fervor de sus monjes ameritan el viaje a Lhasa. Una de las mayores atracciones del Potala es el recorrido por la parte de afuera, a lo largo del muro exterior; una caminata larga, de casi dos km, que depara sorpresas a cada paso: Peregrinos que hacen girar los cientos de cilindros de oración giratorios pegados al muro; penitentes que andan a rastras, artesanos, monjes, mendigos, vendedores y turistas. Ante la subyugante imagen del Potala no pude menos que alabar el sentido de trascendencia del budismo y la infinita capacidad edificante de la raza humana.
      Un templo de visita obligada en Lhasa es el Jokhang. A diferencia de otros templos de Lhasa, está inserto en el corazón de una zona comercial. Su atractivo consiste, precisamente, en que a su alrededor se desarrolla una intensa actividad económico-cultural, en contraste con la mística y sosegada experiencia de inciensos, mantras y cánticos tibetanos de su interior. La inmensa plaza frente al templo es un colorido bazar artesanal palpitante de vida, donde se confunden lugareños y extranjeros en un intercambio comercial que es, más bien, bonito trueque de culturas, bajo la presencia protectora y la bendición del Johkhang. Allí, entre compras y “regateos” me quedé prendado del candor de dos niñitas tibetanas, hijas de artesanos. En los dos días que frecuenté la Plaza del Templo sentí que nos conocíamos desde y para siempre. Finalmente, en aquella pintoresca feria tibetana, conocí a una familia de campesinos que estaba de visita en Lhasa. Sencillos y humildes, sus rostros reflejaban la dignidad y la calidez de la gente del Tíbet. Después de mucho insistirles posaron para mi foto, con el señorío y la alegría propios de los hijos de una tierra hermosa y de una raza orgullosa.
      Otro monasterio que me impresionó gratamente fue el Sera, al norte de Lhasa. Al caer la tarde, mientras recorría sus templos y callecitas estrechas, al pie de una montaña rocosa, me sorprendió un coro de voces que llenaba el aire de sublimes melodías. Era un grupo de hombres y mujeres sentados en la platabanda de uno de los templos, cantando mientras golpeaban las aristas del techo con unas paletas de madera. Nunca supe qué hacían exactamente, mas me pareció un ritual diario que celebran a la puesta del sol. Admiré el entusiasmo y el espíritu de unidad con que faenaban y cantaban. Me hicieron muchas preguntas, pero mi chino es más que elemental, así que sólo alcancé a decirles de donde vengo; preguntarles sus nombres y darles el mío; decirles cuán hermosas son sus canciones y agradecerles por ese momento placentero. Hoy, cuando pienso en Lhasa, me veo sentado entre mis amigos cantarines, en el techo de aquel templo, contemplando la ciudad en el ocaso; escucho sus hermosos cánticos, veo sus rostros risueños, y les agradezco, una vez más, por el feliz recuerdo.
      Los monasterios y templos de Lhasa son santuarios de espiritualidad, en una urbe dinámica que se abre paso hacia el desarrollo. Pero, están ahí desde mucho antes, y fue la capital tibetana la que creció a su amparo. No hay que comulgar con el budismo para admirar la omnipresencia de sus valores y sus símbolos en Lhasa y en toda la región tibetana. Los fieles con sus cilindros de oración giratorios, los peregrinos postrados ante el Gran Potala con sus bolsos llenos de inciensos y esperanzas, los penitentes con sus karmas a cuestas conforman una entidad espiritual, en verdad, única.
      En Lhasa viví dos experiencias enriquecedoras con limosneros artistas. Cerca de mi posada, me tropecé con un alegre y pintoresco cantante que recorría el sector entonando bonitas canciones tibetanas al son de un tamborcito. Valoro enormemente la música tradicional del mundo entero, y los tambores son de mis instrumentos favoritos, así que le pedí que me dejara tocar el tambor, y formamos un ensamble latino-tibetano. Al rato, teníamos bastante público, y ¡nos dieron buena propina! Otro día, mientras tomaba fotos al Gran Potala, conocí a un trío muy peculiar: dos hermanitos músicos – niña y niño – que tocaban espléndidamente una especie de laúd persa, y que estaban acompañados por su abuelita, ¡la representante artística! El instrumento nacional de mi país, el cuatro venezolano, también es de cuerdas, y lo toco un poquito, por lo que disfruto enormemente ese tipo de música. Aquellos pequeños artistas tibetanos lograron cautivarme realmente con su dulzura y su talento. Tanto al carismático cantante, como a los niños músicos les di más propina de la que suelo dar, consciente, sin embargo, de que esas experiencias no tienen un valor material; son instantes indelebles que perduran por siempre como música en el alma.
      Tres días me bastaron para sucumbir ante el encanto de Lhasa y de su gente. Salí de la gran capital tibetana con la certeza de que volveré algún día, necesitado de sus mágicos contrastes, y necesitado, principalmente, del calor y la alegría de un pueblo con la sonrisa a flor de labios. Por eso el nombre de este artículo. Cierto, quedé absolutamente deslumbrado con la grandiosidad del Potala, pero hasta que regrese, soñaré rebosante de ilusión con las endémicas Sonrisas de Lhasa, porque erigieron el más fastuoso templo de felicidad en mi corazón.

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Lushan, Montaña Encantada

Septiembre 12, 2009 · Dejar un comentario

(Artículo de mi autoría publicado por la revista “China Hoy”,  en diciembre de 2006)

(Fe de errata: en el artículo de la revista, erróneamente, debido a un lapsus mentis - mío y de los editores – digo que el  monte Lushan se encuentra al norte del río Yangtsé, y que la provicincia china de Jiangxi es nororiental. Lo correcto es que Lushan está al sur del río y Jiangxi en el sureste chino). 

http://www.chinatoday.com.cn/hoy/2006n/s2006n12/p54.html

  

CUANDO se vive en un país como China, tan distinto al mío, Venezuela, hasta ir al supermercado resulta interesante. Y además de las aventuras cotidianas, fueron muchos los viajes que hice durante mi estancia en esa tierra milenaria. Cada uno de ellos constituyó en sí mismo una historia completa, con principio y final; lleno de anécdotas inolvidables, lecciones imperecederas, grandes satisfacciones y, como es normal, algunos contratiempos. Pero, al final, siempre con un balance positivo, porque el pueblo chino es hospitalario por naturaleza, con un corazón grande como su tierrra.

Durante las celebraciones del Año Nuevo Lunar Chino en 2003, decidí recorrer el Yangtsé (en chino, Changjiang, “El Gran Río”) inspirado por emocionantes relatos escuchados durante años sobre las Tres Gargantas y otras maravillas ubicadas a lo largo del gran río. Pero la travesía no fue exclusivamente fluvial. Mi plan también contemplaba la visita a algunos de los atractivos más importantes de la región de la cuenca del Yangtsé, por lo que en varias ocasiones desembarqué en algunos puertos, para acceder a dichos lugares por tierra, y reanudar el viaje en ferry más adelante, río arriba.

Mi itinerario incluía las exuberantes colinas de Lushan, frente al lago Poyang, al sur del Yangtsé, en la provincia suroriental china de Jiangxi. Todo viaje incluye sorpresas, unas gratas; otras no tanto. Y la visita al  monte Lushan no comenzó de la mejor manera. Pero así son las aventuras.

En el puerto fluvial de Jiujiang, tomé una buseta de pasajeros que me llevaría hasta Lushan. A mitad del ascenso, algo perturbó mi plácida contemplación del paisaje: ¡nieve! Lo que no estaba ni en mis cálculos más pesimistas. Estábamos en primavera, y a más de mil km al sur de Beijing. Por eso decidí hacer esa excursión; para disfrutar la belleza primaveral de tan paradisíacas montañas. En mi mente tenía al Lushan veraniego, descrito en la “Rough Guide”. Además no llevaba ropa de invierno; apenas una chaqueta deportiva. No preví ese escenario, y eso me molestaba. Para colmo de males, en el parabrisas del bus se formó una capa de hielo que impedía la visibilidad, por lo que debimos detener la marcha por varios minutos, bajo aquel clima gélido. Pero, “a pesar de los pesares”, hay que ejercitar la fe, y me dije a mí mismo uno de los tantos dichos optimistas usados en Venezuela: “Al mal tiempo buena cara”.

Pero eso no fue todo. Por fin llegamos a Lushan, ¡y el pueblo se encontraba literalmente cubierto de nieve! Sin darme por vencido, acordé con una joven universitaria china (oriunda del lugar, y que también viajaba en el bus) visitar el lago más grande de la montaña, ubicado a pocos minutos de la estación, para, al menos, tomar algunas fotos de consolación, y regresarme rápidamente a una muy modesta habitación de hotel que había reservado previamente con la ayuda de la atenta joven. El único detalle, amigos lectores, es que ¡el lago estaba totalmente seco! Sin una sola gota de agua. El lago de ensueños que imaginé la noche anterior parecía más bien un cráter marciano. Por poquito me echo a llorar. Pero la visión de una solitaria pagoda en la punta de una roca, en medio de aquel estanque vacío, me hizo reír a carcajadas de mi mala suerte. Aquello me convenció definitivamente de regresarme a la habitación, a ahogar mis penas durmiendo hasta el día siguiente, para volver a Jiujiang un día antes de lo planeado.

Apenas eran las 3 de la tarde, pero no había ni rastros de sol y las calles estaban desiertas. La habitación estaba bien, el pequeño inconveniente es que no tenía calefacción, así que al poco tiempo de entrar se convirtió en refrigerador. Me salvé de quedar como carne congelada gracias al termo con agua caliente, y a que había dos camas, así que pude arroparme con muchas cobijas. Mientras me dormía, titiritando de frío, ejercité nuevamente el optimismo, repitiendo varias veces, al compás de mis temblores, otro dicho venezolano positivo: “No hay mal que por bien no venga”.

Felizmente, en mi cuarto había un televisor, así que al menos podía consolarme viendo algún programa turístico del Lushan primaveral. Antes de encender la tele, abrí las cortinas para ver la oscura y solitaria calle cubierta de nieve. ¡Y ocurrió un milagro! Justo frente al hotel, había una plaza completa y esplendorosamente iluminada con grandes adornos de luz multicolor. La felicidad me volvió al cuerpo. El espectáculo ante mis ojos era tan hermoso que parecía irreal. Un verdadero oasis de luz y color en aquel desierto de oscuridad. Me lancé en carrera a la calle, para ver de cerca aquel lugar encantado.

Seguí curioseando calle abajo, entusiasmado. ¡Increíble! Todas las casas y árboles del pueblo estaban cubiertos de luces coloridas. No daba crédito a lo que veía. A medida que me internaba por las estrechas calles surgían ante mis ojos maravillas luminosas, que llenaban de magia la noche. Volví a cerciorarme de que no estaba alucinando.

Mientras disfrutaba, extasiado, la vista de aquel pueblo encantado, vi claramente la explicación de aquel extraordinario acontecimiento. Según mis humildes creencias, fue un pequeño milagro de fe. Coincidencialmente, ese día, 11 de febrero, era el cumpleaños de mi padre, quién, desde Venezuela, seguía con gran devoción paternal todos y cada uno de mis viajes en China. Para ese entonces, mi papá luchaba contra un cáncer de estómago, por lo que era sumamente importante para ambos mantenernos en contacto. Mientras pensaba en ello, y en que no podía hacer llamadas internacionales desde el hotel, conseguí un teléfono público y probé a llamar con una tarjeta usada que tenía en mi cartera, a sabiendas de que era muy difícil comunicarme con Venezuela desde aquel alejado paraje montañoso. Pero tenía que intentarlo.

“Aló”, ¡La voz de mi madre! Muy emocionado le conté brevemente lo ocurrido, e inmediatamente hablé con mi padre; lo felicité y con voz entrecortada le relaté aquella fantástica experiencia. Y él, con su voz muy debilitada por la enfermedad, pero aún cálido y protector, me dijo: “Hijo, sin importar la distancia, siempre estaré a tu lado. Esto es un milagro. Agradezcamos a Dios”.

Aunque, ciertamente, sentí gran nostalgia por mi padre y mi familia en Venzuela, regresé a mi habitación contento, invadido por una fuerte sensación de paz y bienestar.

Esa atmósfera mágica que envolvía a aquel pueblo en la montaña Lushan es sólo una muestra del encanto que encierra ese gran país que es China, tierra de hermosas costumbres ancestrales, y hogar de un pueblo dispuesto a compartir su rico legado cultural con los demás pueblos del mundo. Y aunque durante esa excursión a Lushan fue poco lo que pude relacionarme con los lugareños, tengo que agradecerles por cultivar esa bella tradición que me deparó una satisfacción tan grande.

Transcurridos cinco meses de aquella llamada, falleció mi amado padre en Venezuela. Sé que volveré a China, a recorrer sus caminos infinitos. Y aunque no sé si la vida me alcance para ver de nuevo el esplendor luminoso de Lushan, sé que siempre llevaré su magia conmigo, y en los momentos difíciles, recorreré nuevamente sus callecitas encantadas, y escucharé a mi padre decirme al oído : “Hijo mío, todo pasa por una razón; todo es para bien”.

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Namtso, “Lago del Cielo”

Septiembre 12, 2009 · Dejar un comentario

(Artículo de mi autoría publicado por la revista “China Hoy”, en septiembre de 2006)

http://www.chinatoday.com.cn/hoy/2006n/s2006n9/p49.html

    CHINA puso en funcionamiento el tan esperado tren transtibetano. Ahora, gracias a ese monumento de ingeniería y capacidad humana, viajeros del mundo entero podrán subir al “Techo del Mundo”, hasta ahora visitado por sólo unos pocos afortunados trotamundos.

    Con motivo de la inauguración de la colosal obra ferroviaria, el Gobierno chino ha divulgado información suficiente y detallada sobre los aspectos técnicos y los muchos beneficios que ésta traerá a la región autónoma del Tíbet, y a toda China. Por ello, en este número de septiembre, en lugar de ahondar sobre el particular, preferí compartir con mis amables lectores algunos cuentos de caminos de mi odisea por el Tíbet. De esta manera, quiero expresar mi felicitación y admiración al pueblo chino por ese importante logro para su país y el mundo, y por contribuir a la promoción y conservación de la deslumbrante altiplanicie tibetana.

    En el autobús que me llevó desde Lhasa hasta Damxhung, a los pies de las montañas que circundan al lago Namtso, conocí a un joven montañista y fotógrafo canadiense de 19 años, que también se dirigía hacia la impresionante masa de agua salada ubicada a 4.800 m sobre el nivel del mar. Éramos los únicos pasajeros con ese rumbo, así que automáticamente nos convertimos en compañeros de viaje. Al llegar a nuestra última parada, el muchacho canadiense, con bastante experiencia en montañismo, se mostró un tanto preocupado porque de ahí en adelante no había transporte público, y teníamos que viajar por nuestra cuenta. Inicialmente, quisimos contratar los servicios de alguno de los camiones que cruzan las montañas llevando y trayendo materiales y mercancías entre la meseta del Namtso y el mundo exterior. Pero el precio excedía nuestro reducido presupuesto de mochileros, así que lo convencí de echarnos a andar y pedir aventón.

    Al cabo de un buen rato de caminata bajo el sol, mi compañero me preguntó, un tanto inquieto qué haríamos. “Tranquilo”, le dije, “entre tus dioses y los míos nos llevan a donde sea”. Tal vez sea una casualidad, pero de ahí en adelante no faltaron aventones. Primero, paramos a un profesor chino de secundaria que se dirigía en su jeep a una población cercana, y que hablaba un poquito de inglés. Nos dejó en una encrucijada solitaria, deseándonos buen viaje, y proseguimos la marcha. Después, se detuvo un camionero que transportaba material de construcción. Su precio inicial era muy elevado, pero tras un arduo regateo –¡sólo regateando hablo chino fluido!– y considerando que nos encontrábamos en el medio de la nada, aceptó llevarnos la por una suma razonable, atrás, con carga. Tras varios minutos de recorrido, divisé un águila planeando majestuosa en el cielo; tal vez uno de nuestros dioses…

    A medida que ascendíamos por la montaña Nyanchen Tanglha y nos alejábamos de Damxhung, mis ojos se llenaban de imágenes que sólo había visto en libros de viajes y en mi imaginación, y que resultaron ser anuncio de visones aún más sorprendentes. Así fue como, serpenteando entre montañas rocosas, verdes praderas, y caudales cristalinos, llegamos a Lhachen La, punto más alto del camino, a más de 5 mil m de altura, donde mi respiración cesó ante la repentina y subyugante presencia del gran lago Namtso, “Lago del Cielo”.

    Hay experiencias en la vida que nos marcan profundamente, y los instantes de contemplación del Namtso en el Tíbet, perdurarán en mí por siempre. Se dice que en las elevaciones montañosas hay una gran concentración de energía vivificante. Aunado a eso, pienso que en la creación universal hay obras concebidas expresamente para asombro y maravilla de nosotros los mortales; para el goce del espíritu, y para recordarnos que somos infinita, pero maravillosamente, pequeños ante la grandeza de la madre naturaleza. El alucinante paisaje lacustre del Namtso es una de esas obras divinas. Se me antojó un cuadro, o un tapiz elaborado por el Creador, o también un espejo de dioses terrenos y celestes, que refleja todos los azules y verdes del cielo, el llano y los montes tibetanos. Y un elemento esencial de esa pintura celestial son los nómadas tibetanos. Amos y señores de ese paraíso terrenal, son los auténticos dueños de las majestuosas cumbres nevadas, de la llanura infinita; de las manadas de yaks y del gran Namtso, todo ello su fuente de vida material y espiritual.

 

Nos bajamos del camión en una aldea a las puertas del valle. Embriagados de tanta belleza, echamos a andar nuevamente. Esta vez nos recogió un vehículo policial en patrullaje de rutina. Los agentes, nos dieron una cordial bienvenida en chino y en inglés, y nos llevaron hasta el lago. Pasamos el resto del día como transportados, mudos de la impresión, absorbiendo cada detalle, cada instante en aquel lugar de ensueño. No me es posible hacerles un retrato hablado para describirles fielmente lo que vi y sentí. Es un lugar místico, simplemente. Por eso, hace cientos de años, monjes budistas cavaron un monasterio en un promontorio rocoso a las orillas del lago, que aún hoy es lugar sagrado de peregrinación.

    Al día siguiente me despedí de mi amigo alpinista, sabiendo que aquella experiencia trascendente nos había hermanado para siempre. Muy temprano, con el sol de la mañana, él se internó en las montañas, y yo salí de la región del Namtso rumbo a Qinghai. El único transporte turístico disponible partía a media mañana, y mi tiempo era muy limitado, así que tuve que ponerme a caminar una vez más. Después de mucho andar, con la sola compañía de mis pensamientos, el campamento era un punto difuso en el paisaje, y yo comenzaba a sentirme algo abrumado por la inmensidad de la llanura ante mí. En ese momento, me reconfortó el recuerdo de mi amado padre, fallecido dos meses antes, en mi país, Venezuela, y a quien me encomendé para emprender ese viaje a tierras tibetanas. Mi madre y mis hermanos me contaban como él -un espíritu aventurero- hacía suyas cada una mis aventuras aquí en China; siguiendo mis periplos en mapas y libros; acompañándome realmente con su mente y su corazón.

    En medio de mis recuerdos, me sobresaltó la súbita aparición de un perro tibetano a mis espaldas. Me asusté y permanecí inmóvil pensando cómo podría yo defenderme en caso de que me atacara. Sabía que en aquellos parajes hay perros salvajes, por lo que mi temor era justificado. Pero, rápidamente percibí que era un animal dócil y amigable. A partir de ahí me acompañó todo el tiempo; compartimos mi comida y le conté como fui a parar tan lejos. Cuando yo me detenía a descansar, mi nuevo compañero de viaje escudriñaba el horizonte, y de pronto salía disparado a toda velocidad al divisar algún ave, alejándose bastante de nuestro punto de ubicación. Siempre pensaba que no lo vería más, pero al cabo de un tiempo aparecía de nuevo a mi lado. Finalmente, paré un pequeño jeep de carga que se ofreció a llevarme gratuitamente. Mientras agitaba mi mano, despidiéndome de mi amigo canino y del gran lago Namtso sentí que, en efecto, siempre estuve guiado por los dioses y por el alma de mi padre, quien tal vez fue el águila, el sol, la luna, o, incluso, aquel fiel perro tibetano…

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