En Venezuela, los 24 de junio celebramos por partida doble: el Día de San Juan bautista, en celebración del nacimiento del santo, y el Día del Ejército, en conmemoración de la Batalla de Carabobo. Y, en un día tan especial, me aprovecho de su generosidad, amigos lectores, para compartir con Ustedes mis humildes reflexiones, incluyendo algunos escritos viejos (agregados al final), pero, vigentes, para bien o para mal.
Otra cosita, al margen, mi madre, en Venezuela, cumplió años ayer 23 de junio, ¡y se me olvidó llamarla! Eso es imperdonable. Así que la menciono - coleada - en este artículo, buscando su perdón. Bendición mamá,¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
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Siempre felicito, de corazón, a los soldados venezolanos en su día, porque asumo que son, fundamentalmente, servidores públicos comprometidos con el fin supremo de velar por el pueblo y por la patria. Pero, siempre expreso en esta fecha, también, mi deseo irrealizable – al menos en la próximas centurias - de un mundo sin guerras, donde no se justifiquen los ejércitos.
Como he relatado muchas veces, yo mismo crecí en un entorno castrense, pasé cinco años de mi vida en un liceo de las fuerzas armadas y soy paracaidista militar, por ello sé lo difícil que es para los hombres de armas concebir un mundo sin ejércitos, tanto más, su propio país.
En mi caso, de niño disfrutaba muchísimo ir con mi papá al “cuartel”. Más adelante, en bachillerato y en el curso de paracaidismo, aunque muy consciente de la importancia y seriedad de la milicia, también hallé muy emocionante y divertido el aspecto militar: el uniforme, disparar armas, pruebas de supervivencia, simulación de combates, competencia por las altas jeraquías, etc.. Y me consta que es el caso de la gran mayoría de mis compañeros de entonces. Si a eso le sumamos que en esa época Venezuela no albergaba intenciones bélicas, concluyo que en nosotros, soldaditos pre-adolescentes y adolescentes, había, más que nada, un fuerte componente lúdico, de aventura, de hombría. Pero, más allá de esa fase de la juventud temprana, no es mucho lo que puedo decir sobre las motivaciones que tiene un adulto para ser militar. Eso siempre me ha interesado.
Huelga decir que millones de hombres y mujeres en el mundo eligen el camino de las armas para servir a sus países, para defenderlos. Y en el caso de países en guerra, se entiende aún más claramemte.
Pero en el caso de pueblos y naciones de naturaleza pacífica como el nuestro – me atrevo a preguntar, arriesgándome a parecer iluso, para variar – ¿no sería más deseable, y beneficioso para todos los ciudadanos de un país y para toda la humanidad invertir esas ingentes cantidades de recursos materiales y humanos que utilizamos visualizando y cristalizando guerras en visualizar y cristalizar la paz?
Les juro que últimamente me he propuesto no atacar directamente a Chávez, ¡pero coño cómo hago!
Pareciera que él y muchos de los militares en el gobierno piensan que como ellos eligieron la carrera de la armas y fueron entrenados para el combate (al igual que un estudiante de medicina que estudia fuerte por tantos años, por ejemplo) tienen que ejercer su profesión de guerreros obligatoriamente, ya sea en guerras reales o ficticias, o en situaciones de violencia interna.
Pero el asunto es más complicado que eso, claro está.
Chávez sabe que, en teoría, los militares, aun sin ser necesariamente belicososos, se alegran, cuales “muchacho con juguete nuevo”, cuando adquieren equipos nuevos y sofisticados. Un artillero con un cañón, un infante con una ametralladora, un piloto con un avión, un marino con un submarino, etc.. En definitiva, repito, para eso estudiaron y se especializaron, podemos entenderlo. Y Chávez lo entiende más todavía.
Además de eso están los muchos beneficios socio-económicos – y políticos – que reciben los militares venezolanos, inmensamente superiores a los de otros compatriotas profesionales del sector público, y hasta privado, quienes, incluso, trabajan y sufren más en la desgastadora guerra diaria contra enemigos muy reales como la inflación, la inseguridad, el desempleo, persecución política, etc..
Y otro factor imortante: ese desmesurado empeño defensivo-belicista de Chávez es directamente proporcional a sus desmedidas ambiciones de poder e influencia en nuestro hemisferio y en el mundo. Mientras más poder anhela, más dinero del pueblo gasta en armamentos, y que para protegerse. Además, en el caso de Estados Unidos, por ejemplo, coño, si tú te pones a repetirle mil veces a un tipo fortachón que él te va a golpear, y te pones a amenazarlo y sales a comprar, palos, pistolas y cuchillos, y encima te pones a practicar artes marciales para defenderte, de bolas que te va a dar tus buenos carajazos. Y, claro, demostraste que estabas en lo cierto. Igual que en este ejemplo, Chávez puede arrastrarnos a todos a una sangrienta e inútil guerra. Dios nos libre – pero sobre todo a Chávez - de que eso ocurra.
No pido que eliminemos de las fuerzas armadas de un solo golpe. Mi idealismo no llega a tanto. Eso no es posible, ni reslista, ni razonable. Desafortunadamente, en el mundo y en nuestro continente, en mayor o menor grado, están dadas las condiciones para que se presenten conflictos armados. Lo que pido es que pensemos más detenidamente, más serenamante, más objetivamente en las auténticas razones que sustentan la existencia de ejércitos en el mundo.
Así como pensando insistentemente en guerras logramos que estas ocurran, si pensáramos más sincera y decididamente en la paz, también seríamos capaces de producirla.
Finalmente, no crean ni por un instante que me olvidé de los muy bregadores y entusiastas sanjuaneros venezolanos. Hoy me levanté fantaseando que le daban a Chávez un golpe de tambor bien pero bien tranca’o, y que poco a poco extendían su benévola y rítmica influencia por las Américas y por todo el planeta, poniendo a medio mundo a cantar y a bailar bonitas melodías de paz.
¡Felicidades en su día, soldados y San Juaneros!
Atte.,
El come-flor
A soldados y sanjuaneros
(Publicado en “El Nacional” de Venezuela, en junio de 2007)
El 24 de junio, en nuestro país, se celebran simultáneamente dos fechas de gran relevancia a nivel nacional, aunque sus connotaciones son muy diferentes: el “Día del Ejército”, en conmemoración la Batalla de Carabobo, y la Fiesta a San Juan el Bautista.
Así que, en primer lugar, quisiera saludar y felicitar sinceramente, desde mi actual residencia en Tokio, a todos los valientes hombres y mujeres del Ejército Venezolano en su día. En general, siempre he tenido un buen concepto de las Fuerzas Armadas Nacionales. Crecí en un entorno militar; mi difunto padre alcanzó el grado de coronel de la Guardia Nacional; tengo familiares y amigos militares activos y retirados; estudié 5 años en el Liceo Militar “Anzoátegui”, y soy paracaidista. De ahí que conozca bien las Fuerzas Armadas, especialmente a mis entrañables hermanos del Liceo, actuales oficiales y sub-oficiales de los 4 componentes. Nuestra diaria y fraternal convivencia de varios años me permite dar fe de su gran calidad humana, vocación institucional y apego a la democracia. Es por ello que estoy seguro de que nunca respaldarían una acción que atentase contra libertad que el mismo glorioso Ejército Libertador conquistara para nuestro pueblo en el Campo de Carabobo, en 1821.
En segundo lugar – aunque no menos importante - envío un muy cálido y venezolanísimo abrazo a todos mis compatriotas sanjuaneros, aprovechando para sugerir a los que se oponen a Chávez que el Día de San Juan, a todo lo largo y ancho de mi amada y libertaria Venezuela, con cumaco, paila, culo’e puya y demás tambores le den al presidente un golpe bien pero bien tranca’o.
Aspiraciones cívico-militares
(“El Nacional”, julio de 2005)
Según algunos entendidos, la conducta bélica es intrínseca del ser humano. El instinto de supervivencia animal, también presente en el hombre, explica, en gran medida, nuestra humana propensión a las guerras por recursos, territorio y poder. De ahí que, en general, la mayoría de las naciones del mundo privilegien a las instituciones castrenses ante las instituciones civiles fundamentales.
Pudiera parecer contradictorio que perteneciendo yo a un entorno de familiares y amistades militares, y siendo egresado de un liceo militar, tenga esa percepción de las fuerzas armadas. Pero no hay contradicción. Aunque vislumbro un mundo sin guerras ni ejércitos, mientras estos existan, los militares venezolanos, como todos los profesionales y trabajadores del país, tienen todo el derecho del mundo a aspirar a una vida de dignidad y prosperidad.
El problema radica en que, en Venezuela, durante muchos años, el estamento militar ha disfrutado de privilegios socio-económicos que otros gremios aún ni siquiera sueñan con tener. Si a eso le sumamos las mejoras salariales recientemente concedidas por Chávez a los militares - casualmente cuando el río suena con las piedras de problemas internos – el asunto se complica.
Mis allegados militares son personas de sólidos principios, apegados a la constitución y las leyes. Sé que están conscientes de que el problema no es de forma sino de fondo, y que más allá de “nuestro” entorno militar de bienestar, allá afuera en la palpitante y bregadora Venezuela civil hay “ejércitos” enteros de servidores públicos, trabajadores de todas las profesiones y ocupaciones que también aspiran y merecen vivir con dignidad.
Paradójica Paz
(“El Nacional”, agosto de 2006)
¿No es irónico que los actos conmemorativos de los 60 años años del fin de la Segunda Guerra mundial y del nazismo, realizados en Rusia, se hayan celebrado con un pomposo desfile militar? Hace 60 años, el contexto histórico mudial justificaba las manifestaciones de euforia militarista - en el caso del triunfo aliado en 1945 - y los despliegues intimidatorios de poderío bélico - en el caso de la Guera Fría. Pero, que en el siglo XXI todavía se usen símbolos de guerra, en el mejor estilo soviético, para conmemorar el fin del conflicto bélico global, por noble que sea la causa, no se compadce con las actuales aspiraciones de paz de los pueblos del mundo.
Tuve la dicha de vivir y estudiar en la Unión Soviética de Gorbachov, en pleno proceso de “Perestroika” y “Glasnost”. 15 años después, sigo sintiendo especial afecto y admiración por el pueblo ruso. Y me sigue preocupando la marcada tendendcia de sus gobiernos (soviéticos y federales) a la exhaltación del militarismo.
La ironía raya en lo absurdo cuando vemos a Bush, al lado de Putin, caminando muy orondo por la Plaza Roja de Moscú, y presidiendo la ceremonia militar.
¿No es absurdo que el “presidente en guerra”, como él se autodenomina con aberrante jactancia; artífice de la mundialmente condenada, obscena e innecesaria invasión a Iraq, lidere un mundo urgido y sediento de paz? Así de mal está el mundo, y todos lo sabemos. Debemos repudiar el terrorismo, pero sentarnos a aplaudir al american cowboy en su acto con pistolas también es un acto de barbarie.
Negra bendición (“El Nacional”, octubre de 2005) Mi familia en Venezuela me envió a China, donde resido actualmente, una grabación casera en la que mi entrañable tía Ligia – su espíritu alegre descanse en paz - canta “Píntame Angelitos Negros”. Siento que su voz angelical característica viene realmente del cielo, para motivar en mí la presente reflexión. Entre tantos lugares paradisíacos de mi país, siempre me han atraído las poblaciones de la mágica costa central venezolana. La combinación playa-tambores me resulta sencillamente alucinante. El predominio numérico de la población de raza negra en la región centro-costera implica, también, el predominio de su rica y hermosa cultura afro-venezolana. Por eso, es una gran ironía socio-cultural que un pueblo como el nuestro, viva expresión de integración multi-racial, tolere e incluso promueva el velado racismo venezolano. Nuestros hermanos de raza negra que emigran a los grandes centros urbanos del país, en pos de sus sueños de felicidad, generalmente viven una realidad de discriminación y pobreza. Pero, cuando regresan a su humilde y querido lar, atendiendo el llamado promisorio de su redentor San Juan - que es retumbar de cumacos en sus corazones – viven la realidad de dignidad y aceptación de sus pueblos, donde, entre sus hermosas costumbres y su hermosa gente, ser negro es- como ha sido desde los orígenes de la raza humana - una bendición del cielo.