El bloguero

¡MUERTE A CHÁVEZ!

Junio 19, 2009 · Deja un comentario

 ¡Se acabó! Hay que matarlo, ya. Si no, seguirá propiciando con su verbo de odio y muerte el asesinato de más compatriotas venezolanos, especialmente de quienes lo adversamos.

Hay que matarlo, ya. Si no, su maldad acabará con el último aliento de vida pacífica y democrática que le queda a mi pobre y moribunda Venezuela.

Hay que matarlo, ya. No hay otra, compañeros.

Pero, no con las mismas armas de fuego que algunos desalmados criminales chavistas han matado a varios de nuestros valientes hermanos opositores;

Pero, no con la insana violencia psicológica que Chávez azuza constantemente a los suyos, provocando que algunos reaccionen con ciega obediencia, cual perros rabiosos entrenados para matar, y asesinen cobardemente a compatriotas, sólo porque estos enfrentan con valentía – pero pacíficamente – al atrofiado pensamiento del macabro líder;

Pero, no con las armas de los delincuentes y matones apoderados de los espacios y la vida de los habitantes de las  ciudades venezolanas, algunos de los cuales, con aterradora jactancia, se declaran incondicionales afectos al “jefe supremo”; 

 Pero, no con la clara violencia ideológica expresada en la aberrante consigna “Patria, Socialismo o Muerte”,  que constituye la más flagrante apología del genocidio; una incitación a hacer guerrra a muerte – en pleno siglo XXI – a ciudadanos libres que opten por otro camino distinto al del – y que – “socialismo chavista”, una payasada ideológica sin la más mínima sustentación teórico-práctica, usada inescrupulosa y cínicamente para embaucar al pueblo esperanzado, y ganar las simpatías de algunos pocos socialistas con gríngolas del mundo;

Pero, no con la violencia judicial que los tribunales venezolanos deciden, previa guiñadita de ojo del “juez supremo”,  sepultar en un calabozo la libertad y la dignidad de ciudadanos venezolanos inocentes que osaron defender sus ideales y principios ante la arbitariedad oficialista, o que desenmascararon al muy corrupto régimen; 

Pero, no con la violencia mediática de malandros disfrazados de comunicadores, como Mario Silva – monigote grosero del ventrílocuo estrella – quien, al tiempo que profana inmisericordemente el idioma español, utiliza el canal oficial del estado venezolano, para tratar de justificar las injustifcables barbaridades del gobierno; 

Pero,  no con la violencia institucional de algunos maquiavélicos funcionarios del régimen, quienes ante el infierno de criminalidad, corrupción y pobreza que agobia a Venezuela, después de 10 años mandando – chupando del chorro petrolero – todavía culpan a Cristóbal Colón de los problemas del país, y usan su innegable inteligencia y labia como geniecillos del mal, avalando y multiplicando las arbitrariedades y los atropellos de Chávez contra la sociedad venezolana, e incitando – indirecta y subliminalmente – a algunos chavistas sanguinarios, a amedrentar e intimidar a los opositiores, con el uso de la fuerza, siempre que haga falta.

Tenemos que matar a Chávez, aniquilarlo y acribillarlo, hoy mismo, si es posible. Pero no como algunos chavistas asesinos nos están matando a nosotros aduciendo guerra civil, sino con la fuerza avasallante de nuestras convicciones pacíficas y democráticas;

Con la fuerza indomable de nuestro espíritu libre;

Con la fuerza inquebrantable de nuestra dignidad;

Con la fuerza aplastante de nuestra valentía ;

Con la fuerza demoledora de nuestro sentido de justicia;

Con la fuerza todopoderosa del amor verdadero por el prójimo;

Con la fuerza arrolladora de nuestros valores morales;

Con la fuerza desmesurada de nuestra venezolanidad;

Con la fuerza ilimitada de nuestro más absoluto respeto por la vida propia y ajena.

Chávez, su élite gobernante y los chavistas violentos deben morir cuanto antes.

 Pero,  esta MUERTE SIMBÓLICA no contempla el derramamiento de si quiera una sola gota de sangre, daño físico alguno, y mucho menos la desaparición física de los implicados; no. Contempla, en cambio, el más absoluto repudio al sistema de odio, terror e impunidad que prentenden imponernos;

Contempla el sometimiento al escarnio mundial del perverso líder y de su entrono, así como de los terroristas asesinos entre sus seguidores;

contempla su definitiva derrota en todos los terrenos, pero sobre todo en el  moral;

Contempla su desaparición de la escena socio-política del país;

Contempla, finalmente, la liberación de Venezuela y del Bravo pueblo venezolano de las garrras de ese peligrosísimo payaso que nos somete. ¡Muerte a Chávez!

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13 de junio, fiesta a San Antonio de Padua

Junio 9, 2009 · 5 comentarios

      El 13 de Junio es el día de San Antonio de Padua, conocido mundialmente como “Santo de todos los Milagros” y “Santo Universal”. Pero este escrito no trata sobre el muy venerado santo católico, sino sobre una experiencia interesante (y algo misteriosa) que me aconteciera en San Antonio del Golfo, pueblo del oriente venezolano que siempre ha ejercido una gran fascinación en mí.

      “Casualmente”, las veces que me he detenido allí a disfrutar de su inigualable belleza y de su maravillosa gente, he vivido momentos simplemente fantásticos (en el sentido literal del calificativo), que bien ameritan ser contados.

      En mi opinión (y sin que pueda yo explicar por qué) mis inspiradoras vivencias en San Antonio del Golfo, se producen, justamente, gracias a esa especie de magia que me une al pueblo desde la primera vez que lo vi, hace más de 25 años.

      A continuación, compartiré con mis gentiles “visitantes” una anécdota que transcurre en San Antonio del Golfo, la cual dividiré en varias entregas que publicaré a partir de hoy. Como aclaro al principio, no es una historia de carácter religioso, pero, paradójicamente, encierra un fuerte matiz de espiritualidad, que me convenció de que debía compartirla.

LA POSADA ENCANTADA

Parte I. Estruendosa bienvenida

       Un 13 de junio, del año 2002, como a las 5 de la mañana, llegué a San Antonio del Golfo, procedente de Caracas, en un autobús de esos que llaman “expresos”, para participar en las festividades al santo patrono del pueblo, San Antonio de Padua.

       En un intento de describir mi indescriptible felicidad al llegar a San Antonio, diré que fue algo como lo que debe sentir un peregrino al alcanzar su destino sagrado. 

      Una vez fuera del transporte, frente a la plaza mayor, y tras el obligado suspiro de satisfacción, me detuve brevemente a “absorver” los detalles de aquel mi anhelado entorno. Desde ese preciso instante, hubo emociones a granel. Aunque, como es sabido, en realidad el placer de una aventura comienza mucho antes de iniciarla, con las expectativas e ilusiones de la fase preparatoria.

       Mientras observaba las inmediaciones, con serena alegría, me sobresaltó el sonido de truenos lejanos, lo que me preocupó bastante, ya que, como comprenderán, la lluvia no tenía cabida en mis soleadas ensoñaciones de San Antonio. Pero ni siquiera un temporal iba a aguar mis planes optimistas. Poco a poco, de manera preocupante, aquel estruendo se hacía más fuerte. Sin embargo, de pronto advertí, con gran sorpresa, que no eran truenos, ¡sino el retumbar de tambores! Una agrupación de tamboreros, con bombos, redoblantes y granaderos, recorría las principales calles del pueblo, desde muy temprano en la mañana, anunciando con jubiloso y enérgico tamborileo el inicio de las fiestas patronales.

       Todavía me sorprende y divierte que yo haya podido confundir aquel distante ruido de percusión con truenos. Y tambén recuerdo claramente la felicidad que sentí al pensar que, prácticamente, fui recibido por aquellos alegres y devotos sanantoñeros con tan pintoresca y estimulante comparsa de tambores… (continuará)

 

Parte II. El Golfo al amanecer 

 Todos los años, en la madrugada del 13 de junio, esos devotos músicos sanantoñeros cumplen sobradamente su misión de despertar a los pobladores, con su tempranero y altisonante llamado a festejar. En mi caso, aquel frenético ritmo inyectó aun más entusiasmo a mi ya fiestera disposición.

En ese estado de euforia, y viendo a la bulliciosa comparsa alejarse en su recorrido por el pueblo, me dirigí apresuradamente al malecón, para satisfacer mi imperiosa necesidad de admirar el Golfo de Cariaco coloreado por las sutiles pinceladas del amanecer.

Seguidamente, transcribo para Ustedes la letra de una canción que le compuse hace más de 10 años a San Antonio y su inspirador Golfo. Es un muy modesto e inacabado intento de aprehender aquel edén marino por mí tantas veces sentido. Por cierto, la imagen que aparece en la portada de este blog me muestra a mí en una de las tantas fabulosas panorámicas que regala el Golfo de Cariaco.

 

San Antonio del Golfo

 

I

El paisaje de tu Golfo San Antonio

Es regalo para el alma del viajero

Yo siento al contemplar tanta belleza

Que es un cuadro del pintor que está en el cielo

 

Coro

San Antonio, sueño con tu golfo de aguas cristalinas

Que bañan mi vida de azules y verdes al amanecer

San Antonio, sueño con tu golfo de playas tranquilas

Que llenan mi alma de suaves matices al atardecer

 

II

El paisaje de tu golfo, San Antonio

Es marina dibujada con esmero

La península es mi norte de esperanza

Dios pintor hazme alcatraz, hazme velero

       Al escribir esto, un recuerdo me trae alegría y nostalgia a la vez. En repetidas y felices ocasiones transité por la carretera aledaña al Golfo de Cariaco con mi difunto padre. Unas Navidades, en camino a Carúpano (su ciudad natal y capital del estado Sucre, donde se encuentra San Anotnio), canté esta canción, a dúo con él, tocando yo mismo un “Cuatro” (instrumento nacional venezolano de 4 cuerdas), expresamente cuando pasábamos frente al Golfo. Extraño enormemente esos momentos con mi padre, mas fui dichoso entonces y soy dichoso ahora recordándolos.

      Para finalizar esta segunda parte (la “parte misteriosa” – 3ra. ó 4ta., no sé todavía – la dejé de última a propósito), les cuento que, durante mis muchas contemplaciones del Golfo de Cariaco, desarrollé una especie de ritual alimenticio que consiste en degustar, en plena contemplación, algún pescado típico de la zona, extraído del propio Golfo, obviamente. Así que aquella memorable mañana del 13 de junio de 2002, para que mi éxtasis fuera completo, decidí comprar varias empanadas de cazón en unos “carritos”ubicados desde bien temprano frente a la Plaza Bolívar.

     En mi vista, San Antonio y su magnífico Golfo; en mi paladar, aquel delicioso manjar; en mi corazón, toda la dicha imaginable… (continuará)

Parte III (final). Misterio en la “Milagrosa”

 

En medio de mi borrachera de felicidad, recordé que tenía que encontrar alojamiento, para asearme, descansar un rato esa tarde y dormir la mañana siguiente, ya que mi planes contemplaban pasar toda la noche bailando, Dios mediante, con las muchachas del pueblo, al ritmo de las excelentes agrupaciones musicales y DJs que tradicionalmente amenizan las fiestas patornales de San Antonio del Golfo.

 Así que me puse a buscar una posada, según el criterio venezolano de “las 3 B: buena, bonita y barata”. Afortunadamente, no tuve que andar mucho. A los pocos minutos de iniciada la búsqueda, conseguí una pequeña hostería llamada “La Milagrosa”, relativamente cerca del malecón, en un callecita estrecha, paralela a la carretera que bordea al Golfo.

Mi primera impresión(la más importante, según dicen) de La Milagrosa fue por demás grata. Me abrió la puerta una señora en sus 50, que irradiaba gran simpatía y serenidad y que, aunque arreglada de manera sencilla, poseía cierto aire distinguido, lo que en conjunto, la hacía bastante agradable.

Pero, algo más de aquella posada llamó poderosamente mi atención; algo que aun recuerdo muy claramente; precisamente lo que me impulsó – 7 años después – a relatar esta historia.

Apenas crucé la puerta y entré a la sala de la casa, percibí un olor penetrante, mas no desagradable que, aunque no logré identificar inmediatamente, me produjo una fuerte y extraña sensación, porque sabía que estaba relacionado a un hecho importante en mi vida, ni muy lejano, ni muy cercano en el tiempo, que no podía recordar.

Casi simultáneamente a aquella intensa experiencia sensorial y emocional, me percaté de la existencia de un altar con una virgen grande, justo frente a mí, en el lado opuesto de la sala.

La sensación que me produjo aquel intrigante olor se combinó con la sorpresa que me produjo la bonita virgen. Como aclaro previamente, no soy religioso (aunque creo en “algo superior”), pero, en aquel momento, no pude evitar sentir que mi experiencia previa con ese olor y esa virgen estaban estrechamente relacionados.

La simpática casera me acercó a la virgen mientras me explicaba que en honor a ella había dado nombre a la posada, La Milagrosa, y que le profesaba una fe ciega desde hacía mucho tiempo. Allí, ante el altar, oyendo las sentidas palabras de la Señora, y aun inquieto por lo que estaba sintiendo, de golpe recordé cuándo percibí por primera vez ese olor tan característico. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Definitivamente, algo raro estaba ocurriendo…

Un año atrás, había fallecido, víctima de un cáncer, una tía por la cual, desde niño, sentí un afecto muy especial. Era la típica tía-amiga, poseía gran carisma y espíritu aventurero. De hecho, por esta última cualidad, después de su muerte me encomiendo tanto a ella como a mi padre siempre que se me presenta alguna aventura. Y, como es de esperarse, le pedí que me acompañara en esta visita corta a San Antonio del Golfo.

Los últimos días de su vida, en su lecho de muerte, yo percibía ese olor siempre que la visitaba. Entonces, sencillamente me acostumbré y lo acepté como algo normal, como hacemos con algunos olores propios de hospitales, por ejemplo, que están en el aire y uno simplemente los acepta como parte de ese ambiente.

Debo aclarar que las dos únicas situaciones en mi vida en las que he sentido ese olor fue junto a mi Tía (donde, por cierto, no había ningún altar ni nada semejante) y en la posada La Milagrosa. Esa coincidencia me sobresaltó bastante; Se me erizó la piel y se me humedecieron los ojos. Pero, al mismo tiempo, me produjo una sensación de seguridad. Fue como una una revelación: Mi Tía estaba allí…

Le pedí un poco de agua a la Señora, y ella aprovechó a oportunidad para ofrecerme asiento y conversación. Pero todo mi ser estaba buscando explicaciones a la relación entre mi creencia de que mi Tía me acompañaba, y aquella virgen milagrera.

Pero, la historia no termina aquí. Después de explicarle brevemente a mi casera que asistí a las festividades por la fascinación que ejercen en mi ese pintoresco pueblo y su deslumbrante golfo (aprovecho para contar que además llevé conmigo una grabación de mi canción, “San Antonio del Golfo”, que le hice llegar a los funcionarios de la alcaldía sanantoñera. Nunca supe qué pasó con eso), le informé que yo planeaba pasar toda la noche de parranda, y que regresaría al día siguiente, entre las 7 y las 8 de la mañana, para que así ella no tuviera que estar pendiente de mi regreso, y pudiera dormir tranquila.

En respuesta, la Señora puso en mi mano las llaves de la reja de acero, de la puerta principal y de mi habitación, y al ver mi expresión de sorpresa (¡ella no me conocía y Venezuela no es Finlandia!) me respondío con estas palabras que nunca olvidaré: “A esta humilde posada, que es mi hogar, sólo llegan ángeles. Esta es su casa, por eso nada temo”. Mi cuerpo se estremeció de nuevo, y me emocioné hasta las lágrimas. Como comprenderán, normalmente uno no escucha algo así, salvo en películas o relatos fantásticos. Ella sencillamente me observaba en actitud serena y protectora, cómo si adivinara mis pensamientos.

Finalmente, decidí contarle mis experiencia con aquel extraño olor. Y, para mi asombro, dijo no saber a qué olor me refería. Pienso que tal vez no lo supe describir, tal vez se hizo la desentendida, o tal vez sólo yo podía sentirlo. Por cierto, mi madre, que es doctora, y que estuvo junto a mi Tía casi todos aquellos días postreros, tampoco pudo identificar el olor por mí descrito, pero sugirió que podía haber sido algún medicamento suministrado a mi Tía frecuentemente.

Aquella espléndida casera, ser humano especial, se limitó a explicarme, con absoluta tranquilidad, que le parecía muy lógico y natural que mi Tía estuviera allí en su casa con La Milagrosa, sobre todo considerando que es morada de ángeles, y que yo la había invitado, con mucha fe, a visitar San Antonio del Golfo conmigo… (Fin) 

 

 

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Chávez eres un come enmienda

Febrero 14, 2009 · Deja un comentario

 

 

i muy adversado Chávez, a un día de la votación
Te envió mis propios versos desde el lejano Japón
No te escribo desde lejos, porque me invadan temores

Si estuviera en Venezuela, iría hasta Miraflores.

La espontaneidad te anima, en los Andes y en la Pampa

Ten tu misma medicina, que lo que es igual no es trampa

Lamento no ser llanero, como tú que eres del llano

Lo que soy es jodedor, ahí sí nos damos la mano.

Espero que por mis versos no me vayas a acosar

En jerga de militares serías un inmoral.

¿Cómo te atreves, chico, a hablar de revolución

Con los funcionaros ricos que hay en tu administración?

Al pobre de Venezuela vendes tu Fidel amado

¿Qué tal esa misma “muela” al chavista acaudalado?

Al pueblo humilde “mareas” con la Cuba de Fidel

¿Por qué tus panas jailosos no van a vivir con él?

Aprecio al pueblo cubano. Que sean lo que quieran ser

Nosotros no somos Cuba, ¿Cómo hacértelo entender?

El socialismo que ofreces parece cosa de un loco

Pidiendo a los más pendejos que se conformen con poco.

Yo que tengo mis recursos soy más socialista que tú

Porque creo en la igualdad de riqueza y plenitud.

Si tú amaras a los pobres y tuvieras más conciencia

los instaras a educarse y no a vivir en la violencia

Pero sé que no eres tonto, al contrario eres muy diestro

Intimidas con las armas; el chantaje del violento.

En Venezuela prospera esa estrategia procaz

Porque los venezolanos aún creemos en la paz.

Interfieres con petróleo desde México a Perú

Te diría Juan Gabriel: Te pareces tanto a… Bush.

Acepto que en el pasado tuvimos líderes truhanes

Por eso voté por ti, cansado de sus desmanes.

Y no he bajado la guardia; no he colgado mi armadura

A esos pilluelos de oficio no los quiero ni en pintura.

Tú gobierno no se salva; es más de la misma historia

Se oye el run-run en las calles: hay corrupción como escoria.

Por esto y por otras cosas que luego te haré saber

Mi muy adversado Chávez, espero verte caer

A ti hay que decirte “NO”. Espero que el pueblo entienda

Porque tú simplemente eres un tremendo come enmienda  

 

 

 

 

 

 

 

 

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Chávez, asústate

Febrero 14, 2009 · Deja un comentario

(Este bereve texto, de mi autoría,  fue publicado en el diario venezolano El Nacional, el año pasado por estas fechas.  Lo divulgo hoy nuevamente en conmemoración – con 2 días de retraso -  del 12 de Febrero,  Batalla de la Victoria y Día de la Juventud

Chávez, asústate. ¡Se te alzaron los estudiantes universitarios! herederos de las glorias de aquellos valientes jóvenes venezolanos que vencieron en la Batalla de la Victoria, comandados por el Gral. José Félix Ribas; los mismos que la insigne compositora chilena Violeta Parra llama “pajarillos libertarios” en su canción “Que vivan los estudiantes” (la cual quiero proponer como canto de guerra en esta lucha estudiantil anti-chavista).

Chávez, no te está dado entender la actitud osada y gallarda de esos bravos estudiantes, no sólo porque estén en tu contra, sino porque no tienes ni la más mínima idea de lo que significa ser estudiante universitario.

Y no es que estos aguerridos jóvenes venezolanos te vayan a pagar con tu misma violencia; no, su única arma es la integridad a toda prueba de sus jóvenes y valientes corazones. Así que, asústate presidente.

 

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Discurso de Toma de Posesión de Barack Obama

Enero 22, 2009 · 1 comentario

 (Traducido por el realizador del blog, Angel Rafael La Rosa Milano, “angelucho“) 

 

 

Conciudadanos,

 

Me presento hoy ante ustedes honrado por la tarea que se me ha encomendado; agradecido por la confianza que han depositado en mí, y consciente de los sacrificios hechos por nuestros antecesores. Agradezco al Presidente George Bush por su servicio a nuestra nación, así como por la generosidad y cooperación que me ha brindado durante esta transición.

 

Hasta ahora, 44 estadounidenses han hecho este juramento presidencial. Estas mismas palabras han sido pronunciadas durante mareas de prosperidad y paz, pero, en muchas ocasiones, el juramento también se ha realizado en medio de nubarrones y fuertes tormentas. En esos momentos, Estados Unidos ha salido adelante, no sólo gracias a la visión de sus gobernantes, sino gracias a que Nosostos – la gente – hemos permanecido fieles tanto a los ideales de nuestros padres fundadores como a la constitución que nos legaran. Así debe mantenerlo esta generación de estadounidenses.

 

Todos entendemos que estamos en medio de una crisis. Nuestra nación está en guerra contra una red de violencia y odio difícil de enfrentar. Nuestra economía está muy debilitada, como resultado de la avaricia e irresponsabilidad de algunos, pero, también debido a nuestra falta colectiva en tomar las decisiones difíciles, y en preparar a la nación de cara a una nueva era. Muchos compatriotas han perdido sus viviendas, los empleos han disminuido y los negocios han cerrado. Los servicios médicos son demasiado costosos, las escuelas no dan cabida a todos, y, con cada nuevo día, se pone en evidencia que nuestra forma de usar los recursos energéticos fortalece a nuestros adversarios y amenaza al planeta.

 

Estos son indicadores de crisis, tal como lo reflejan datos y estadísticas. Más difícil de medir, pero, no menos determinante, es la pérdida de confianza a lo largo y ancho de nuestro país; un temor latente en que el declive de Estados Unidos es inevitable, y en que la próxima generación debe bajar sus expectativas.

 

Hoy, les digo que las dificultades que enfrentamos son reales, muchas y muy grandes; que no se resolverán ni fácilmente ni a corto plazo. Pero, quiero que sepan esto, estadounidenses: resolveremos esas dificultades.

 

Hoy, nos reunimos porque hemos optado por la esperanza y no por el miedo; por la unidad de propósitos y no por el conflicto y la discordia.

 

Hoy, venimos a proclamar el final de las mezquindades y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas obsoletos que por tanto tiempo han asfixiado a nuestra política.

 

Aún somos una joven nación, pero llegó el momento de poner fin a la estupidez; llegó el momento de reafirmar nuestro espíritu fuerte; de escribir una mejor historia, de entregar a nuestros sucesores ese valioso legado, esa noble idea transmitida de generación en generación, la promesa divina de que todos somos iguales; todos somos libres, y todos merecemos la oportunidad de alcanzar la felicidad plena.

 

Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, entendemos que la grandeza nunca es regalada; debe ganarse. El nuestro nunca ha sido un camino de atajos o de conformismo; no ha sido un camino para los débiles que prefieren el ocio ante el trabajo, o que buscan únicamente los placeres de la fama y la riqueza. Por el contrario, ha sido el camino de los arriesgados, de los hacedores, de los constructores, algunos famosos, pero, generalmente, hombres y mujeres que realizan su labor en silencio, llevándonos por el largo y arduo camino de la prosperidad y la libertad.

 

Por nosotros, ellos empacaron sus pocas pertenencias de valor, y cruzaron océanos en busca de una nueva vida.

 

Por nosotros, ellos trabajaron soportando explotación, y se establecieron en el Oeste; resistieron el azote del látigo, y bregaron en tierras áridas.

 

Por nosotros, ellos lucharon y murieron, en lugares como Concord, Gettysburg, Normandía y Khe Sahn.

 

Una y otra vez, esos hombres y mujeres lucharon, se sacrificaron y trabajaron hasta romper sus manos, para que nosotros pudiéramos tener una mejor vida. Ellos visualizaron unos Estados Unidos más grandes que la suma de enuestras ambiciones individuales, más grande que nuestras diferencias de origen, condición económica o ideología.

Este es el camino que seguimos recorriendo hoy. Seguimos siendo la nación más poderosa y próspera de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando comenzó la crisis; nuestras mentes no son menos creativas; nuestros bienes y servicios no son menos requeridos que hace una semana, un mes o un año. Nuestra capacidad permanece intacta. Lo que sí llegó a su fin es el tiempo de la protección de intereses mezquinos, y del aplazamiento de las decisiones difíciles. Ese tiempo ya pasó, definitivamente. Comenzando desde hoy, tenemos que levantarnos, sacudirnos el polvo, y comenzar de nuevo la reconstrucción de los Estados Unidos de Norteamérica.

 

En cualquier lugar que posemos la mirada hay trabajo que hacer. La situación económica requiere una acción inmediata, rápida y audaz. No sólo para crear nuevos empleos, sino para sentar las bases del crecimiento. Construiremos las carreteras y los puentes, las conexiones eléctricas y las redes digitales que requieren nuestras empresas y que requerimos nosotros para comunicarnos. Le devolveremos a la ciencia su lugar de prominencia, y produciremos adelantos tecnológicos para elevar la calidad del sistema de salud y reducir sus costos. Utilizaremos el sol, el viento y el suelo como combustibles de nuestros vehículos y de nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y universidades para satisafcer las demandas de la nueva era. Todo esto podemos hacerlo. Y vamos a hacerlo.

 

Ahora bien, hay quienes cuestionan el tamaño de nuestras ambiciones; quienes sugieren que nuestro sistema no puede tolerar muchos planes ambiciosos. Ellos olvidan con facilidad. Han olvidado todo lo que ha logrado este país hasta ahora; lo que hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une al objetivo compartido, y la necesidad al coraje.

 

Lo que los conformistas no entienden es que llegó el momento del cambio; que los obsoletos argumentos políticos que nos han consumido por tanto tiempo ya no funcionan. La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno es grande o pequeño, sino si ese gobierno trabaja; si es capaz de ayudar a las familias a encontrar trabajos con una paga decente, servicios médicos asequibles, una jubilación digna. Cuando la respuesta es sí, seguiremos avanzando. Cuando la respuesta es no, los programas se paralizarán. Y aquellos de nosotros encargados de administrar los dineros públicos serán responsables ante los ciudadanos, gastando el dinero sabiamente, erradicando los malos hábitos, y haciendo negocios con absoluta transparencia, porque sólo así podremos restablecer la confianza entre la gente y el gobierno.

 

La pregunta tampoco es si el mercado es una fuerza del bien o del mal. Su poder de crear riqueza y expandir la libertad no tiene parangón. Pero esta crisis nos ha enseñado que sin un ojo vigilante, el mercado puede operar sin control, y que una nación no puede prosperar en forma duradera cuando sólo favorece a los ricos. El éxito de nuestra economía ha dependido no sólo del tamaño de nuestro pruducto interno bruto, sino del alcance de la prosperidad; de nuestra habilidad para extender las oportunidades a todos quienes las busquen. Y no por una cuestión de caridad, sino porque es la mejor vía hacia el bien común.

 

Y en lo que atañe a nuestra defensa común, nosotros rechazamos tener que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores enfrentaron vicisitudes que apenas si podemos imaginar. Redactaron una constitución que garantiza el imperio de la ley y los derechos de hombres y mujeres; una constitución ratificada por la sangre de generaciones. Aquellos ideales aun son luz para la humanidad, y no los vamos a abandonar sólo por oportunismo. Y así para todos los demás pueblos y gobiernos que nos están viendo hoy, desde las grandes capitales  hasta la peqeña aldea donde nació mi padre: sepan que los Estados Unidos de Norteamérica es amigo de cada nación, cada hombre, cada mujer y cada niño que persiga un futuro de paz y dignidad, y que estamos listos para liderar de nuevo.

 

Recuerden que las generaciones pasadas derrotaron al facismo y al comunismo no sólo con misiles y tanques, sino con sólidas alianzas y convicciones. Ellos entendieron que nuestro poderío no es suficiente para defendernos, y que éste no nos da derecho a hacer lo que nos plazca. Ellos sabían que nuestro poder crece cuando es usado con prudencia; que nuestra seguridad se alcanza si la causa que defendemos es justa, con la fuerza de nuestro ejemplo, y con humildad y moderación.

 

Notros somos lo herederos de este legado. Guiados por estos principios, una vez más, podemos enfrentar las presentes amenazas que exigen aun mayores esfuerzos, aun mayor cooperación entre las naciones. Comenzaremos entregando el control de Irak a sus ciudadanos, y haciendo todo a nuestro alcance para construir la paz en Afganistán. Con viejos amigos y antiguos enemigos trabajaremos incansablemente para reducir tanto la amenza nuclear como el peligro del calentamiento global. No nos disculparemos por nuestro estilo de vida, pero tampoco lo defenderemos a ultranza. Y a aquellos que intentan lograr su objetivos mediante el uso del terror y asesinando a personas inocentes les decimos hoy que nuestro espíritu es más fuerte y no puede ser doblegado. Ustedes no pueden dominarnos. Nosotros los derrotaremos.

 

Nuestra herencia es la fortaleza, no la debilidad. Somos una nación de cristianos, musulmanes, judíos, hinduistas y ateos. Estamos moldeados por todas las lenguas y las culturas. Y como hemos sufrido las tragedias de la guerra civil y la segregación, y hemos emergido de ese triste capítulo más fuertes y unidos, no podemos sino creer que algún día olvidaremos los antiguos odios; que las líneas divisorias pronto desaparecerán; que mientras el mundo crece más pequeño, nuestra propia humanidad será revelada; que Estados Unidos debe desempeñar su papel como forjador de una nueva era de paz.

 

Le digo al mundo musulmán: buscamos un camino hacia el futuro, basado en el respeto e interés mutuos. A los líderes mundiales que buscan generar conflictos, o culpabilizar  a Occidente de los males de sus países, les digo: sepan que sus pueblos los juzgarán por lo que Ustedes puedan construir, no por lo que destruyan. A aquellos que llegan al poder mediante la corrupción, el engaño, y acallando las voces de la disidencia les digo: sepan que están en el lado equivocado de la historia, pero que les extenderemos la mano si Ustedes están dispuestos a aflojar el puño.

 

A los habitantes de los países pobres les digo: queremos trabajar junto a Ustedes para hacer que sus cultivos florezcan, y brote agua fresca; para saciar el hambre de los cuerpos y las mentes. Y a las naciones que, como la nuestra, disfrutan de relativa abundancia les digo: no podemos seguir siendo indiferentes al sufrimiento que habita más allá de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos del mundo sin considerar las consecuencias, ya que el mundo ha cambiado y nosotros debemos cambiar con él.

 

Al ver el camino que se abre ante nosotros, recordamos con inmensa gratitud a aquellos bravos estadounidenses, quienes, en este preciso instante, patrullan inhóspitos desiertos y montañas lejanas. Ellos tienen algo que decirnos hoy, lo mismo que han susurrado por generaciones nuestros héroes caídos que descansan en Arlington. A todos ellos les rendimos tributo, no sólo porque son guardianes de nuestra libertad, sino porque ellos encarnan el espírtu de servicio; la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Y, en este momento – un momento que definirá a una generación – ese espíritu, precisamente, debe habitar en todos y cada uno de nosotros.

 

Más allá de todo lo que pueda y deba hacer el gobierno, es la fe y la determinación del pueblo estadounidense lo que, a fin de cuentas, sostiene a nuestra nación.

Es la solidaridad de alguien que da cobijo a un extraño cuando se desbordan los ríos, y de unos trabajadores que prefieren reducir sus horas laborales para que su compañero no pierda el trabajo lo que nos salva en los momentos más duros. Es el coraje de un bombero que sube por unas escaleras llenas de humo, y también la voluntad de los padres al velar por sus hijos lo que, finalmente, determina nuestra suerte.

 

Nuestros actuales retos tal vez son nuevos. Las herramientas con que los enfrentamos tal vez son nuevas, pero, lo valores de los que depende nuestro éxito – trabajo duro y honestidad, coraje y juego limpio, tolerancia y curiosidad, lealtad y patriotismo – han existido siempre y son reales; han sido el motor silente del progreso a través de nuestra historia. Lo que se requiere, entonces, es que nos reencontremos con esas verdades. Lo que se espera de nosotros es una nueva era de responsabilidades, la aceptación por parte de cada ciudadano estadounidense de que tenemos deberes para con nosotros mismos, nuestra nación y el mundo; deberes que aceptamos no con renuencia sino con buena disposición, con la convicción de que no hay nada más gratificante para el espíritu, más definitorio de nuestro carácter, que darnos completos para cumplir una difícil tarea.

 

Este es el precio y la promesa implícitos en la noción de ciudadanía.

 

Esta es la fuente de nuestra confianza, saber que Dios nos hace el llamado a forjarnos un destino que luce incierto.

 

Este es el significado de nuestra libertad y de nuestro credo: que hombres, mujeres y niños de todas las razas y todas las creencias puedan sumarse a esta celebración, en este majestuoso recinto, y que un hombre cuyo padre, hace menos de 60 años, no hubiera podido entrar a un restautante local pueda hoy presentarse ante Ustedes para hacer un juramento tan sagrado.

 

Vivamos este momento, pues, recordando quiénes somos, y lo lejos que hemos llegado.

En el año del nacimiento de Los Estados Unidos de Norteamérica, durante un gélido invierno, un pequeño grupo de patriotas era calentado por una agonizante fogata a las orillas de un río congelado. La capital estaba abandonada. El enemigo seguía avanzando. La nieve estaba manchada con sangre. En un momento cuando se albergaban grandes dudas sobre la suerte de la revolución, el padre de nuestra nación ordenó que estas palabras fueran repetidas por todos:

 

Que el mundo del futuro sepa … que en medio del invierno, cuando sólo pueden sobrevivir la esperanza y la virtud … la ciudad y el país, amenzados por un peligro común, se unieron para enfrentarlo”.

 

Pueblo estadounidense, de cara a nuestros peligros comunes, en éste nuestro invierno de dificultades, recordemos estas palabras imperecederas. Con esperanza y virtud enfrentemos valientemente las heladas corrientes, y resistamos la tormenta. Que los hijos de nuestros hijos digan que cuando fuimos puestos a prueba no desistimos de nuestra misión; que no vimos hacia atrás y no dudamos; y que con los ojos fijos en el horizonte, y con la gracia de Dios acompañándonos, logramos avanzar llevando el invaluable legado de libertad, para entregarlo, en forma segura, a las futuras generaciones.

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Felicito a los gringos por elegir a Obama

Enero 19, 2009 · Deja un comentario

Escribiendo estas breves y sencillas líneas siento que, de alguna manera, estoy participando de este histórico momento protagonizado por Barack Obama y el pueblo estadounidense en general.

 

Aunque no me considero anti-Estados Unidos, admito que he criticado dura y consistentemente las políticas de Bush y, en menor grado, algunos aspectos de la cultura estadounidense con los que no comulgo. Cabe destacar, que también puedo identificar, sin complejos, los incontables aportes tanto socio-culturales como políticos que la gran nación norteamericana ha hecho a la humanidad. Y debo acotar, igualmente, que soy un fuerte auto-crítico del gobierno y la sociedad de mi país, venezuela (yo incluido), cuando así lo siento.

 

Pero, en mi opinión, hoy los estadounidenses le dieron al mundo una lección de igualdad, tolerancia y libertad, eligiendo al candidato afro-estadounidense Barack Obama presidente de la nación más poderosa de la tierra. Para él mis más efusivas palabras de felicitación.

 

El candidato republicano, John McCain, por suparte, reconociendo el histórico triunfo de Barack Obama, vino a reafirmar mis palabras de admiración al pueblo estadounidense, así como mi respeto y reconocimiento por la persona del proopio senador McCain. Su discurso aceptando su derrota y elogiando la victoria de Obama fue uno de los mejores ejemplos de nobleza y gallardía que he podido presenciar. Ciertamente tengo diferencias fundamentales con John McCain, especialmente en relación al tono beligerante en el que él y, muy particularmente, Sarah Palin “atacaron ” a Obama durante la campaña. Pero, asumiendo que la política es así, y considerando lo demostrado por MacCain en si discurso final, sólo me queda reconocer su valía como ser humano íntegro.

 

Obama, también demostró su gran magnanimidad en el triunfo, felicitando al senador MacCain por la formidable campaña que protagonizó; reconociendo su inestimable y heroico servicio a los Estados Unidos de América, e invitándolo, junto a los millones de seguidores del candidato repúblicano, a trabajar por ese por el futuro de ese país. Por todo ello, reafirmo, igualmente, mi gran admiración y profundo reconocimiento al flamante nuevo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

 

Finalizo estas improvisadas palabras elogiando, una vez más, la conducta ejemplar, cívica y democrática del pueblo estadounidense. Congratulations!

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A mis compatriotas chavistas pobres

Enero 6, 2009 · Deja un comentario

Reciban un muy fuerte abrazo de Año Nuevo, con mis mis mejores deseos de que el 2009 les traiga felicidad.
En este primer mes del año, tengo algunas cosas que conversar con todos y cada uno de los actores socio-políticos del país, y quisiera comenzar con aquellos compatriotas chavistas que viven en condiciones de marginalidad, conformando la población pobre venezolana, eternos olvidados de los (des)gobiernos de turno y de quienes contamos con más recursos, yo de primero.
Su adhesión a Chávez es muy comprensible; los entiendo perfectamente. Más aun, respeto su decisión de dar su apoyo, amor y hasta la vida a quien se los dicte su conciencia y su alma. Por ello, si les pido que reconsideren su apoyo al líder chavista, créanme que jamás lo hago desde una posición de arrogancia o superioridad, muy por el contario lo hago con la mayor humildad, y con la comprensión de sus razones. Lo hago, primeramente, pidiéndoles perdón, porque, como clase media, nunca he hecho suficiente por Ustedes; por ayudarlos a mejorar sus condiciones de vida. Cuando se nace con las necesidades básica cubiertas y con comodidades es fácil desentenderse de los hermanos más necesitados. Me disculpo sinceramente por eso.
Cuando reflexiono sobre las razones que pueden tener para seguir respaldando a Chávez, pienso, primero, en que yo mismo voté por él en 1999, pero me arrepentí porque, para mí, sus desatinos rápida y alarmantemente desbordaron a sus aciertos. Pero tengo que admitir que las las necesidades mías son muy diferentes a las de Ustedes. En mi modesta opinión, Ustedes necesitaban y necesitan, principalmente, atención; ser escuchados y tomados en cuenta Aunque esto, por sí solo, no les vaya a resolver nunca sus problemas más urgentes; mucho menos los de fondo. Por muchos años, los sectores más prósperos económicamente – pero, no siempre moral y espiritualemnte – los hemos abandonado a su suerte e, incluso, despreciado.
Ustedes, queridos hermanos, necesitaban con desespero – y siento que aun necesitan- a alguien que se pusiera de su lado, alguien con quien ustedes pudieran identificarse plenamente, alguien que dijera quererlos, comprenderlos, defenderlos. Y Surgió Chávez, a la medida de sus muy humanas y entendibles necesidades de afecto y protección. Y, considerando lo imperiosas que son esas necesdiades por Ustedes tan largamente sentidas, no sorprende que, hoy, aun ante las contundentes pruebas del fracaso socio-económico (¡pero sobre todo moral!) del gobierno chavista, Ustedes todavía premien a Chávez con su muy valioso apoyo. Y, repito una vez más, los entiendo y los respeto muy sinceramente. Por mi parte, voté por Chávez porque estaba cansado de la sinverguenzura e ineficacia social de la “guanábana” adeco-copeyana. No seré yo quien ignore los muchos logros de ese período de la democracia venezolana, pero el incontrolable y desmesurado aumento de la pobreza y la delincuencia, y la instauración de la corrupción como una institución más del país eclipsan sus bondades, y, ameritan, en mi criterio (sin que sea yo ningún ejemplo de rectitud o eficiencia) una profunda revisión de esas administraciones, sus dirigentes y sus colaboradores. Por ejemplo, admito que me alegró la elección de Ledezma como Alcalde Metropolitano, pero siempre sentiré desconfianza y temor por sus posibles vínculos con algunos “vagabundos” ex-dirigentes adecos.
Entiendo el profundo rechazo y hasta odio que muchos de Ustedes sienten por las clases más favorecidas de la sociedad venzolana. “Dando y dando”, dirán Ustedes. Yo no podría afirmar que haya gente clase media y clase alta en Venezuela que los odie expresamente a Ustedes por su condición de pobres, pero, ciertamente, ha sido tan grande y prolongado el abandono y la marginación a los que los hemos condenando, que pudiera entenderse como un acto de odio de nosotros, los que contamos con recursos, hacia Ustedes, los menos favorecidos socio-económicamente.
Pero voy a insistir en algo que he repetido muchas veces. Si ese Chávez al que Ustedes idolatran los amara como dice amarlos, tenía que que haberse dedicado hace tiempo, en cuerpo y alma, a combatir la miseria, la criminalidad, la falta de servicios públicos, el desempleo, la corrupción, y un interminable etcétera de calamidades que, paradójicamente, a quien más golpean es a Ustedes, los más humildes y dedsamparadosde la sociedad, por no contar con recursos materiales para protegerse.
Chávez y su entorno gebernante conocen muy bien la realidad de nuestros pueblos latinamericanos; conocen bien su idiosincracia, pero, no para bien, para mal. Saben que, básicamente, somos gente conforme; no necesitamos mucho para estar bien; somos felices con poco. Los expertos dicen que es el resultado de la mezcla de indios, africanos y españoles. Eso es bueno. El fin último del ser humano es ser feliz. Yo mismo estoy muy orgulloso de mis orígenes indo-afro-europeos. Pero, “todo en exceso es malo”. Al final, ese “pata’e bolismo” extremo actúa como especie de droga alucinógena que nos impide ver la realidad; que nos impide ver que el país se nos está rompiendo en pedazos, producto de la marginalidad, la inseguridad, la corrupción y demás plagas.
Chávez sabe que, por razones histórico-culturales, la gran mayoría de los pobres venezolanos y latinoamericanos, en general, son gente resignada y no tienen grandes expectativas materiales, lo que, de hecho, según algunos estudios antropológicos, es una de las muchas causas que explican los altos índices de pobreza de latinamérica. Esto, por supuesto, junto a la aberrante injusticia social que impera en nuestros países. Así, el líder chavista y su entorno se aprovechan de esa noble condición del pueblo y le dan solamente “pan y circo” a sus seguidores más necesitados para tenerlos contentos. Ellos saben que la nobleza y la resignación de nuestra gente humilde, aunadas a su amor por el líder y a su profundo rechazo por las clases sociales más altas, aguanta promesas incumplidas, engaños, abusos, y todo los vicios que ellos tengan a bien practicar. Pero, en su drogadicción de poder y riqueza se les olvida que ese misma gente humilde y resignada y “feliz”, históricamente, cuando se ha visto sometida y humillada, ha sido la protagonista de algunas de las gestas sociales más grandes de la historia, castigando ejemplarmente a sus opresores. Un olvido que llama enormemente la atención, viniendo de quienes alegre e irresponsablemente se auto-denominan bolivarianos. “Eso es mucho camisón pa’ Petra”.
Pero, “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Gracias a la guanábana, y al tomate – por lo rojito – estamos entendiendo que tanto conformismo a la larga resulta perjudicial; que es más productivo forjar nuestros propios destinos y el destino de la patria, con base en el trabajo honesto y la educación intergral de nuestros hjos, que esperar a un mesías que puede resultar un simple – pero muy dañino – embaucador de oficio.
Finalmente, así como entiendo – y respeto – las razones de tantos compatriotas pobres para ser chavistas, percibo que muchos de ellos están comenzando a ver la verdadera faz tras el oscuro manto del supuesto mesías y sus discípulos, a quienes deseo fervientemente, en este año 2009,  que (su) Dios los agarre confesados…

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Antonini, tú decides…

Septiembre 15, 2008 · Deja un comentario

 

Antonini, a lo hecho pecho. Admite tu error. No fuiste el primero ni serás el último corrupto de nuestro saqueado y abusado país. Estudios autorizados lo ratifican: somos de las naciones más corruptas del mundo. Algunos dicen que es casi genético, parte de nuestro gentilicio venezolano. No tenemos conciencia de serlo, por eso es tan grave, letal. Nos estamos suicidando como pueblo.

Pero esta carta no es acusadora. No soy quien para juzgarte; no estoy libre de pecado. Más bien, apelo a tu valentía, que es también un rasgo nuestro, una gran virtud que históricamente ha caracterizado al pueblo venezolano, para que, como hombre, asumas tu culpa, que es nuestra, y cumplas el castigo. ¡redímete y redímenos!

En mayor o en menor grado, todos los venezolanos somos cómplices de tu delito. Álzate por encima de nuestras bajezas y vicios; desenmascara a tus compinches, traidores de la patria y el pueblo. No permitas que su codicia y crueldad sigan mancillando nuestra gran nación y dañando a nuestros hermanos más necesitados.            

Tú decides, Guido: O eres un simple delincuente más en el triste haber de corrupción de nuestro país, o pasas a la historia con dignidad, como el hombre que tuvo el valor de aceptar su falta y de enmendar sirviendo su gente y a su patria.

 

    

 

        

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Discurso de Obama aceptando la nominación demócrata

Septiembre 5, 2008 · 4 comentarios

(Aquí les ofrezco mi traducción del discurso completo. La transcripción del texto original la obtuve en la página Web del “The New York Times” :  http://www.nytimes.com/2008/08/28/us/politics/28text-obama.html?pagewanted=6&_r=1)

 

 

Presidente, Dean, mi gran amigo, Dick Durbin, conciudadanos de esta gran nación, con profunda gratitud y suma humildad, acepto la nominación como candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos.

Permítanme expresar mi agradecimiento al excelso grupo de candidatos que me acompañaron en este trayecto, muy especialmente a la que recorrió mayor distancia, una abanderada de la clase trabajadora estadounidense, y una inspairación para mis hijas y las hijas de todos Ustedes, Hillary Rodhman Clinton.

Al presidente Bill Clinton, quien, ayer en la noche, defendió nuestra propuesta de cambio como sólo él puede hacerlo.

A Ted Kennedy, quien encarna el espírutu de servicio.

Y le doy las gracias al próximo vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden. Estoy agradecido de llegar a este punto del camino junto a uno de los más brillantes estadistas de nuestro tiempo, un hombre que se la lleva bien con todos, desde los líderes mundiales hasta los conductores del tren Amtrak que él todavía toma todas las noches para volver a casa.

Al amor de mi vida, nuestra próxima primera dama, Michelle Obama, y a Maila y Sasha. Las amo profundamente. Estoy sumamente orgulloso de Ustedes.

Hace 4 años, mi dirigí a Ustedes contándoles mi historia sobre la breve relación entre un joven de Kenia y una muchacha de Kansas, quienes no eran ni adinerados ni famosos, pero compartían la creencia de que en los Estados Unidos su hijo podía lograr cualquier cosa que se propusiese. Es esa promesa la que siempre ha hecho a nuestro país único: que con trabajo duro y sacrificio, cada uno de nosotros puede materializar sus propios sueños y, al mismo tiempo, permanecer unidos como la gran familia estadounidense, para garantizar que las generaciones venideras también puedan hacer realidad sus sueños.

Nos encontramos en uno de esos momentos decisivos de la historia, un momento en el que nuestra nación está en guerra; nuestra economía se tambalea, y la promesa estadounidense se ve amenazada una vez más.

Esta noche, hay más estadounidenses sin trabajo, y muchos otros trabajando más duro por menos. Muchos de Ustedes perdieron sus casas, y muchos más ven como se desploman los precios de sus viviendas. Muchos de Ustedes poseen vehículos que no se pueden dar el lujo de usar, tarjetas de crédito y cuentas que no pueden cancelar. Y la educación está fuera de su alcance.

Estos problemas no son todos obra del gobierno. Pero la incapacidad de éste para darles respuesta es el resultado directo de la política ineficiente de Washington y de las políticas erráticas de George W. Bush.

Estadounidenses, nosotros somos mejor que estos últimos 8 años. Nosotros somos mejor país que eso. Este país es más decente que aquel donde una mujer de Ohio, a punto de jubilarse, después de toda una vida de arduo trabajo se enferma y no cuenta con recursos para salvarse. Nosotros somos mejor país que aquel donde un hombre de Indiana tiene que embalar la máquina con la que trabajó durante 20 años, y ver como es embarcada para China, para luego ahogarse en un sentimiento de fracaso cuando regresa a casa a darle la noticia a la familia. Nostros somos más compasivos que un gobierno que permite que sus veteranos de guerra duerman en las calles, y que deja a las familias descender a niveles de pobreza; que se cruza de brazos cuando una de nuestras grandes ciudades se innunda ante nuestros ojos.

Esta noche, quiero decirle al pueblo estadounidense, demócratas, republicanos e independientes de esta maravillosa tierra: Ya basta. Este momento, esta elección es nuestra oportunidad de mantener viva – en el siglo 21 – la promesa americana.  

La próxima semana, en Minesota, el mismo partido gracias al cual Ustedes tuvieron 2 períodos de George Bush y Dick Cheney pedirá a este país que le conceda un tercero. Y nosotros estamos aquí porque amamos demasiado a este país como para permitir que los próximos 4 años sean exactamente igual a los 8 anteriores. El 4 de noviembre, debemos levantarnos y decir: Ya basta. 8 años es suficiente.

Ahora bien, no hay dudas de que el candidato republicano, John McCain, portó el uniforme de nuestro país con sobrado mérito y valentía, por lo que le debemos gratitud y respeto. Y la próxima semana, también oiremos sobre las ocasiones en las que se apartó de su línea partidista, como argumento de que él puede ofrecernos el cambio que necesitamos. Pero su historial es claro: John McCain ha votado en favor de George Bush 90 por ciento de las veces. Al senador McCain le gusta hablar sobre capacidad de juicio, pero, en realidad, ¿qué podemos decir sobre la capacidad de juicio de alguien que considera que George Bush ha acertado 90 por ciento de las veces? Yo no sé que piensan Ustedes, pero yo no estoy dispuesto a conformarme con apenas un 10 por ciento de posibilidades de cambio.

La verdad es que las decisiones sobre cada uno de esos asuntos afectan sus vidas. Y en materia de salud, educación y economía el senador McCain ha sido de todo menos independiente. Él dijo que nuestra economía evidenció grandes progresos con este presidente, y que los aspectos fundamentales de la economía permanecen fuertes. Y cuando uno de sus máximos asesores – el hombre que delineó su plan económico – comentaba sobre la ansiedad que están sintiendo los estadounidenses, McCain respondió que nosotros únicamente estamos padeciendo una “recesión mental”, que nos hemos convertido, cito, “en una nación de llorones”.

¿Una nación de llorones? Díganle eso a los dignos trabajadores de una empresa automotriz en Michigan, quienes, tras saber que la iban a cerrar, continuaron yendo todos los días, trabajando más duro que nunca, porque ellos sabían que había personas contando con los sistemas de frenos que ellos producían. Díganle eso a las familias de militares que soprtan su carga en silencio, mientras ven a sus hijos partir a su tercera, cuarta y quinta misiones. Ellos no son llorones, ellos trabajan duro, y retribuyen lo que reciben, y van hacia adelante sin quejarse. Esos son los estadounidenses que yo conozco.

Pero, yo no creo que al senador McCain no le preocupe lo que está ocurriendo en la vida de los estadounidenses; yo creo que, sencillamente, él no sabe. Sólo eso explica su definición de una persona de clase media como alguien que gana menos de 5 millones de dólares al año. Sólo eso explica su oferta de exención de impuestos a grandes corporaciones y empresas petroleras, y ni un solo penique de reducción para más de 100 millones de estadounidenses. Sólo así se explica su ofrecimiento de un plan de salud que en realidad se traducirá en más carga impositiva para la gente; de un plan educativo que no servirá para ayudar a las familias a pagar la universidad; de un plan que privatizará la seguridad social y pondrá en riesgo nuestras jubilaciones. No es que a John McCain no le preocupe lo que pasa, es que no entiende lo que pasa.

Por más de 2 décadas, él ha apoyado esa vieja y desacreditada filosofía republicana: Dale más y más a los que más tienen, y ruega que la prosperidad salpique a todos los demás que están abajo. En Washington, ellos denominan esto “sociedad de propietarios”. Pero lo que significa, realmente, es que Usted se las arreglan por su cuenta. ¿Se quedó sin trabajo? Mala suerte, arrégleselas por su cuenta ¿No tiene seguro médico? Aténgase a las leyes del mercado. Arrégleselas por su cuenta. ¿Nació en la pobreza? Escale hasta la cima con sus propios medios, aún si no tiene botas de escalar. Arrégleselas por su cuenta.

Bien, es tiempo de que ellos admitan su falta. Es tiempo de que nosotros cambiemos nuestro país. Y esa es la razón por la que hoy soy candidato a la presidencia de los Estados Unidos de América.

Veamos. Los demócratas tenemos una forma muy distinta de medir el progreso en este país. Nosotros medimos el progreso por el número de personas que pueden conseguir un trabajo que pague la hipoteca, o si usted puede guardar un poquito de dinero al final de cada mes, para, algún día, ver a su hijo recibir el diploma universitario. Nosotros medimos el progreso por los 23 millones de empleos creados cuando Bill Clinton fue presidente. Entonces, la familia estadounidense promedio vio sus ingresos subir 7 mil 500 dólares, en lugar de bajar 2 mil dólares, cómo ocurió durante la administración Bush. Nosotros medimos la fortaleza de nuestra economía no por el número de multimillonarios que tenemos, o por las ganancias de las empresas que integran la lista Fortune 500, sino cuando alguien con una buena idea puede atreverse a comenzar un nuevo negocio, o cuando la mesonera que vive de propinas puede tomarse un día de descanso para cuidar a su hijo enfermo sin perder su trabajo; una economía que privilegia el trabajo digno. El aspecto fundamental que usamos para medir la fortaleza económica es si estamos viviendo de acuerdo con la promesa fundamental que hizo a este país grande, una promesa que es la única razón por la que yo estoy frente a Ustedes esta noche.

Porque en las caras de esos jóvenes veteranos que regresan de Irak y Afganistán, yo veo a mi abuelo, quien se enroló después del bombardeo de Pearl Harbor, marchó en el ejército de Patton, y fue recompensado por una nación agradecida con la oportunidad de ir a la universidad, gracias a un programa de reajuste para veteranos de guerra, conocido como el Acta GI. En la cara de ese joven estudiante que duerme sólo 3 horas antes detrabajar el turno de la noche, yo veo a mi madre, quien nos crio a mi y a mi hermana por su cuenta, mientras trabajaba y obtenía su título; quien en ocasiones tuvo que recurrir a un programa de asistencia alimentaria para gente sin recursos, pero que aún fue capaz de enviarnos a las mejores escuelas del país con la ayuda de préstamos y becas.

Cuando escucho a un trabajador decir que su fábrica fue cerrada, recuerdo a todos esos hombres y mujeres de South Side, Chicago, por quienes luché hace 20 años, antes de que la acería local cerrara. Y cuando escucho a una mujer hablar sobre las difultades para comenzar su propio negocio, o para abrirse paso en la vida, pienso en mi abuela, quien se labró su camino desde la posición de secretaria hasta la de gerente medio, a pesar de los años que fue ignorada para ascensos por ser mujer. Ella fue quien me enseñó acerca del trabajo duro; ella es quien dejaba de comprarse un auto nuevo o un vestido para que yo pudiera tener una mejor vida. Ella me dio todo lo que tenía. Y aunque actualmente ella no puede viajar, yo se que me está viendo esta noche, y que ella sabe que esta noche es su noche también.

Así que yo no sé que clase de vidas piensa McCain que tienen las celebridades, pero esta ha sido la mía; estos son mis héroes. Sus historias moldearon mi vida, y es en su nombre que yo aspiro ganar esta elección, y así mantener viva nuestra promesa, como presidente de los Estados Unidos de América.

Pero, ¿qué es la promesa americana? Es aquella según la cual todos y cada uno de nosotros tenemos libertad para hacer de nuestras vidas lo que queramos, pero con la obligación de tratar a los demás con dignidad y respeto. Es la promesa que dice que el mercado debe recompensar la iniciativa y la innovación, y debe generar crecimiento, pero que las empresas tienen la responsabilidad de crear trabajos para los estadounidenses, velar por los trabajadores estadounidenses, y jugar según las reglas de juego.

La nuestra es una promesa que dice que el gobierno no puede resolver todos nuestros problemas, pero que debe hacer lo que nosotros no podemos hacer por nuestros medios: protegernos del peligro, y brindar a todo niño una educación decente; mantener nuestra agua limpia, y nuestros juguetes seguros; invertir en nuevas escuelas, y en nuevas vías, y en nuevas ciencias y tecnologías. Nuestro gobierno debe trabajar para nosotros, no contra nosotros. Debe ayudarnos, no perjudicarnos. Debe garantizar oportunidades, no sólo para aquellos con más dinero e influencias, sino para todo ciudadano estadounidense que esté dispuesto a trabajar.

Esa es la promesa americana, la idea de que somos responsables de nosotros mismos, pero que todos nos levantamos o caemos como una sola nación; la creencia fundamental en que yo soy el benefactor de mis hermanos y hermanas.

Esa es la promesa que debemos mantener. Ese es el cambio que necesitamos justo ahora.

Permítanme explicarles exactamente en que consistiría ese cambio si yo llegase a la presidencia. Cambio significa un sistema de impuestos que no favorezca a los grupos que lo coincibieron, sino a los trabajadores estadounidenses y a las pequeñas empresas.

A diferencia de Jhon McCain, yo suspenderé las exoneraciones tributarias a las empresas que trasladen puestos de trabajo al exterior, y comenzaré a dárselas a las compañías que creen nuevos empleos justo aquí, en los Estados Unidos.

Eliminaré los impuestos a la ganancia de las nuevas pequeñas empresas que mañana crearán trabajos de buenos salarios y alta tecnología.

Reduciré los impuestos al 95 por ciento de todas las familias trabajadoras estadounidenses, porque, en una economía como esta, es impensable aumentar los impuestos a la clase media.

Y por el bien de nuestra economía, nuestra seguridad, y el futuro de nuestro planeta, fijaré un objetivo muy claro como presidente: en 10 años, finalmente acabaremos con nuestra dependencia del petróleo del Medio Oriente. Washington ha estado hablando sobre nuestra adicción petrolera durante los últimos 30 años. Y, por cierto, John McCain ha estado allí 26 de esos años. Y en todo ese tiempo, él ha rechazado mayores estándares de eficiencia vehicular en consumo de combustible; ha rechazado la inversión en energías renovables; ha rechazado los combustibles renovables. Y hoy, importamos 3 veces la cantidad de petróleo que importábamos cuando el senador McCain llegó al congreso.

Ahora es tiempo de acabar con esa adicción. Y debemos entender que la perforación sería una medida transitoria, no una solución a largo plazo.

Como presidente, explotaré debidamente nuestras reservas de gas natural; invertiré en tecnología de uso de carbón, que sea poco contaminante, y encontraré formas seguras de usar la energía nuclear. Ayudaré a las empresas automotrices a desarrollarse para que los vehículos del futuro, eficientes en counsumo de combustible, se construyan aquí en los Estados Unidos. Y haré que esos vehículos sean más asequibles para los ciudadanos estadounidenses.

En la próxima década, invertiré 150 mil millones de dólares en fuentes de energía económicas y renovables, como la energía eólica y la energía solar, así como en la nueva generación de bio-combustibles. Esta inversión generará nuevas industrias y 5 millones de nuevos empleos que pagarán bien y que no podrán ser trasladados al extranjero.

Hermanos estadounidenses, ahora no es el momento para planes pequeños. Finalmente, llegó la hora de cumplir con nuestra obligación moral de proporcionar a cada niño una educación de alta calidad, porque sólo así podremos competir en la economía global.

Michelle y yo estamos hoy aquí, porque nos fue dada la oportunidad de recibir una buena educación. Y yo no me conformaré con unos Estados Unidos donde algunos niños no tengan esa oportunidad.Invertiré en la educación primaria. Reclutaré un ejército de nuevos maestros, les pagaré mejores salarios, y les daré más apoyo. Y, a cambio, les pediré más calidad y más compromiso.

Y mantendremos nuestra promesa a todos los jóvenes estadounidenses: Si se comprometen a servir a su comunidad y a su país, nosotros garantizaremos que puedan costearse la educación universitaria.

Finalmente, llegó la hora de mantener la promesa de un sistema de salud accesible a todo estadounidense, sin excepción. Si Usted ya goza de seguro médico, mi plan será reducir las primas. Si Usted no tiene, estará en condiciones de obtener el mismo tipo de cobertura cobertura que disfrutan los congresistas.

Y habiendo visto yo a mi madre discutir con las agencias aseguradoras mientras ella yacía en una cama muriendo de cáncer, yo garantizaré que esas agencias dejen de discriminar a aquellos que están enfermos y necesitan más la atención médica.

Llegó la hora de ayudar a las familias, pagando los días de ausencia laboral por enfermedad, y brindando mejores vacaciones familiares, proque nadie en los Estados Unidos debería tener que elegir entre mantener el empleo y cuidar a un hijo convaleciente o a un padre enfermo. Llegó la hora de cambiar nuestras leyes de bancarrota, para que sus pensiones sean protegidas ante los bonos de los directores ejecutivos. Llegó la hora de proteger la seguridad social para las generaciones futuras. Y llegó la hora de mantener la promesa de igualdad salarial para hombres y mujeres, porque yo quiero que las 2 hijas mías tengan exactamente las mismas oportunidades que los hijos varones de Ustedes.

Por supuesto, muchos de estos planes costarán dinero. Por eso yo he explicado cómo pagaré hasta el último centavo: sancionando a las empresas que incurran en trampas jurídicas, y eliminando los paraísiso fiscales, ya que no contribuyen en nada al crecimiento de los Estados Unidos. Pero, además, revisaré el presupuesto federa línea por línea, eliminando los programas que ya no funcionan, mejorando los que realmente se necesiten, y haciéndolos menos honerosos, porque no podemos enfrentar los retos del siglo 21 con una burocracia del siglo 20.

Demócratas, además, debemos entender que para cumplir la promesa americana necesitaremos más que dinero. Todos necesitaremos un renovado sentido de responsabilidad, para así recuperar lo que John F. Kennedy llamaba “nuestra fuerza moral e intelectual”.

Ciertamente, el gobierno debe actuar en materia de independencia energética, pero cada uno de nosostros debe contribuir a que nuestros hogares y trabajos sean más eficientes. Ciertamente, debemos ofrecer más altrenativas de superación a los jóvenes que caen en la delincuencia y la desesperación. Pero también debemos admitir que los programas de ayuda, por sí solos, no pueden reemplazar a los padres; que el gobierno no puede apagar la televisión y hacer que los niños hagan sus tareas; que los padres deben ser aun más responsables, brindando a sus hijos amor y enseñanza.

Responsabilidad indivudual y responsabilidad compartida, esa es la esencia de la promesa americana. Y así como mantenemos nuestra promesa a las nuevas generaciones, aquí en casa, así debemos mantenerla en el exterior.

Si John McCain quiere sostener un debate sobre cuál de los dos posee el temperamento y el criterio para servir como comandante en jefe, yo estoy listo para ese debate. Cuando el senador McCain estaba dirigiendo la mirada hacia Irak, pocos días después del 11/09, yo levanté la voz contra esa guerra, porque sabía que distraería nuestra atención de las amenazas reales que enfrentamos. Cuando John McCain dijo que en Afghanistán no tendríamos mayores obstáculos, yo me empeñé en que destinaramos más tropas y recursos para dar el golpe final a los terroristas que realmente nos atacaron el 11 de septiembre, y enfaticé que debíamos atrapar a Osama Bin Laden y a sus cabecillas, si estaban dentro de nuestra zona de operaciones.

A John McCain le gusta decir que el perseguirá a Bin Laden hasta las puertas del infierno, pero él ni siquiera lo seguirá hasta su cueva.

Y, hoy, cuando mi petición de fijar un plazo para retirar nuestras tropas de Irak  ha tenido resonancia en el gobierno Iraquí, y hasta en la administración Bush, y cuando  sabemos que Irak ostenta un superávit de 79 mil millones de dólares, mientras que nosotros lo que exhibimos es défiicit, John McCain persiste, en solitario, en su terca negativa de poner fin a esta fallida guerra.

Ese no es el juicio que nosotros necesitamos; eso no hará más seguro a los Estados Unidos. Noosotros necesitamos un presidente capaz de enfrentar las amenazas del futuro, que no siga atado a las ideas del pasado.

Ocupando a Irak no derrotaremos a una red terrorista que opera en 80 paísies. Sólo con palabras duras enWashington no protegeremos a Israel. No podemos ayudar a Georgia si hemos delibitado nuestras más antiguas alianzas.

Si John McCain desea seguir a George Bush con más palabras duras y estrategias fallidas, es su elección, pero ese no es el cambio que necesita Estados Unidos.

 

Nosotros somos el partido de Roosvelt; nosotros somos el partido de Kennedy. Así que no nos vengan a decir que los Demócratas no defenderemos este país; no nos vengan a decir que los Demócratas no mantendremos este país seguro.

La política económica Bush-McCain han socavado el legado construido por generaciones de estadounidenses, demócratas y republicanos, y nosotros estamos aquí para restaurar ese legado.

Como comandante en jefe, yo nunca dudaré en defender esta nación, pero yo sólo enviaré nuestras tropas a la guerra con una misión clara, y con el compromiso sagrado de dotarlos con todo el equipo que necesiten en el campo de batalla, y de brindarles el cuidado y los beneficios que merecen cuando regresen a casa.

Yo pondré fin a la guerra en Irak de manera responsable, y culminaré en forma victoriosa la lucha contra Al Qaida y los talibanes en Afganistán. Yo reorganizaré nuestro ejército para enfrentar futuros conflictos, pero además restableceré la diplomacia directa y firme capaz de impedir que Irán obtenga armas nucleares, y de evitar la agresión rusa.

Yo construiré nuevas alianzas para derrotar las amenazas del siglo 21, terrorismo y proliferación nuclear, pobreza, genocidio, cambio climático y enfermedades. Y restauraré nuestra entereza moral, para que Estados Unidos sea, una vez más, la tierra de esperanza para todos aquellos avocados a la causa de la libertad, aquellos que abrazan la paz, aquellos que desean un futuro mejor.

Estas son las políticas que pondré en práctica. Y, estoy listo para, en las próximas semanas, debatirlas con John McCain. Pero no inisnuaré que el senador McCain usa su posición con fines políticos, porque una de las cosas que debemos cambiar en la política estadounidense es la idea de que las personas no pueden diferir sin cuestionarse mutuamente su carácter y su patriotismo. Los tiempos que corren son demasiddo duros, y las exigencias son demasiado altas como para continuar con las mismas ideas partidistas. Yo amo este país, igual que Ustedes e igual que John McCain.

Los hombres y mujeres que nos defienden en los campos de batalla pueden ser demócartas, republicanos o independientes. Pero ellos combaten juntos, sufren juntos y algunos mueren juntos bajo la misma orgullosa bandera. Ellos no defienden una bandera roja o una bandera azul, ellos defienden a los Estados Unidos de América.

Así que tengo noticias para Usted, Sr. McCain, nosotos ponemos a nuestro país primero.

Estadounidenses, nuestra tarea no será fácil. Los retos que enfrentamos requieren decisiones difíciles. Demócratas y republicanos, tenemos que desechar las obsoletas ideas y políticas del pasado. Lo que se perdió en estos 8 años no puede medirse simplemente en función de bajos salarios o mayores déficits comerciales. También perdimos nuestro sentido de propósito compartido, y eso es lo que debemos rescatar.

Tal vez no coincidamos en torno al aborto, pero seguramente podemos coincidir en que en este país debemos reducir el número de embarazos indeseados. La posesión de armas seguramente tiene matices diferentes para los cazadores en las zonas rurales de Ohio y para aquellos amenazados por la violencia de bandas en Cleveland, pero no me digan que no podemos observar la Segunda Enmienda, y al mismo tiempo mantener los AK.-47 lejos de las manos de los criminales. Yo sé que hay diferencias en cuanto a los matrimonios del mismo sexo, pero seguramente podemos coincidir en que nuestros hermanos gays y lesbianas tienen derecho a visitar en el hospital a las personas que aman, y a vivir una vida sin discriminación. En relación a la inmigración, el debate es encarnizado, pero yo no conozco a nadie que se beneficie cuando una madre se separa de su bebé, o cuando una empresa recorta los salarios establecidos en Estados Unidos al contratar trabajadores ilegales. Pero, esto también es parte de la promesa americana, la promesa de una democracia donde podamos encontrar la fortaleza y la virtud para superar las diferencias y unirnos en un esfuerzo común.

Yo sé que hay quienes desestiman tales creencias catalogándolas de poco serias. Ellos sostienen que nuestra insistencia en la aplicación de éstas en nuestra vida pública es un sencillamente un Caballo de Troya que traerá consigo impuestos más altos y la pérdida de los valores tradicionales. Esa actitud es de esperarse, porque si uno no tiene ideas frescas, entonces usa tácticas viciadas para asustar a los votantes. Si uno no tiene argumentos que mostrar, entonces muestra a su oponente como alguien indeseable. Uno compite en una gran elección enfocado en cosas pequeñas.

¿Y Ustedes saben porqué eso funcionó en el pasado? Porque es parte del cinismo con que todos nosotros vemos al gobierno. Cuando Washington no hace su trabajo, sus promesas son palabras vacías. Si nuestra esperanza es pisoteada una y otra vez, entonces nos conviene dejar de tener esperanza, y conformarnos con lo que tenemos.

Ya entendí que yo no soy el candidato modelo para el Despacho Oval. No tengo el pedigrí típico; yo no he pasado mi carrera en entre las paredes de Washington. Pero estoy hoy aquí frente a Ustedes, porque a través de todo Estados Unidos hay un clamor. Lo que los agoreros no entienden es que esta elección nunca ha sido acerca de mí, sino acerca de Ustedes. Es acerca de Ustedes.

Duante 18 largos meses, Ustedes se levantaron uno a uno, y dijeron “ya basta” de la política del pasado. Ustedes entienden que el mayor riesgo que podemos correr es intentar lo mismo: la misma vieja política con los mismos viejos actores, y esperar un resultado diferente.

Ustedes han aprendido lo que nos enseña la historia: Que en momentos decisivos como este, El cambio que necesitamos no proviene de Washington, el cambio va hacia Washington. El cambio ocurre porque los estadounidenses así lo demandan; porque ellos se levantan insistiendo en nuevas ideas y en nuevos liderazgos, en una nueva política para nuevos tiempos.

Estados Unidos de América, éste es uno de esos momentos.

Yo creo que, con todo lo duro que pueda ser, el cambio que necesitamos se está produciendo, porque lo he visto, porque lo he vivido. Porque lo he visto en Illinois, donde brindamos asistencia médica a más niños, e hicimos que más familias cambiaran el seguro de desempleo por los beneficios de un trabajo. Lo he visto en Washington, donde trabajamos a través de los cuadros partidistas para hacer al gobierno más accesible, y para que el lobby sea más vigilados; para brindarle mayor asistencia a nuestros veteranos, y para mantener las armas nucleares lejos del alcance de los terroristas. Y lo he visto en esta campaña, en la gente joven que votó or primera vez, y en los jóvenes de corazón, quienes volvieron a votar después de largo tiempo; en los republicanos que nunca pensaron que votarían por un demócrata y lo hicieron. Lo he visto en en los trabajadores que prefieren trabajar un día menos, aunque no puedan darse el lujo, antes que permitir que sus compañeros pierdan el trabajo; en los soldados que se alistan de nuevo, aun tras perder una extremidad; en el buen vecino que le da cobijo a un extraño cuando un huracán azota y se producen inundaciones.

Como Ustedes saben, nuestro país posee más riqueza que cualquier nación, pero eso no es lo que nos hace ricos. Contamos con el ejército más poderoso de la tierra, pero eso no es lo que nos hace fuertes. Nuestras universidades y nuestra cultura son la envidia del mundo entero, pero eso no es lo que hace que personas del mundo entero sigan llegando a nuestras costas. Es el espíritu americano, esa promesa americana que nos impulsa hacia adelante aún cuando el camino es incierto; que nos une a pesar de nuestras diferencias; que nos hace ver no lo que está a la vista, sino lo que está escondido, ese mejor lugar tras la curva del camino.

Esa promesa es nuestra más grande herencia. Es la promesa que hago a mis hijas cuando las arropo en las noches, y es la promesa que Ustedes hacen a sus hijos. Una promesa que ha llevado a inmigrantes a cruzar océanos y a pioneros a conquistar el Oeste. Una promesa que permitió a los trabajadores protestar por mejoras, y dio a las mujeres el derecho a votar. Y esta es la promesa que hoy, hace 45 años, hizo que estadounidenses de todos los rincones de esta nación se reunieran en Washington, frente a la estatua de Lincoln, para oír a un joven predicador de Georgia hablar acerca de su sueño. Los hombres y mujeres allí reunidos pudieron haber escuchado muchas cosas; pudieron haber escuchado palabras de rabia y discordia: pudieron haber sido empujados a sucumbir al temor y a la desesperanza por tantos sueños frustrados. Pero, en cambio, lo que esas gentes escucharon – gentes de todo tipo, de todas las razas y creencias – es que en Estados Unidos nuestro destino está inextricablemente unido, que permaneciendo juntos nuestros sueños pueden ser uno solo. “No podemos Caminar solos”, gritó el predicador. “Y mientras caminamos debemos prometer que siempre marcharemos hacia adelante. No podemos mirar atrás”.

Estadounidenses, nosotros no podemos mirar atrás. No con tabto trabajo por hacer; no con tantos niños por educar, y con tantos veteranos por quienes velar; no con una economía maltrecha, ciudades arrasadas, y granjas abandonadas; no con tantas familias que proteger y tantas vidas que recuperarar.

Estados Unidos de América, no podemos mirara atrás; no podemos caminar solos.

En este momento, en esta elección, debemos prometer una vez más que marcharemos hacia el futuro. Mantengamos esa promesa, esa promesa americana, y mantengámos firmemente ante la Biblia, sin dudar, la promesa que profesamos.

Gracias. Dios los bendiga. Y Dios bendiga A los Estados Unidos de América.

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Dayana Mendoza, la 5ta. Miss Universo venezolana

Agosto 7, 2008 · 1 comentario

 

El realismo político, con su “ley del más fuerte” en las relaciones internacionales, me ha vuelto incrédulo hasta de los concursos mundiales de belleza. Por eso, cuando mi madre me dijo por teléfono que nuestra compatriota venezolana era fuerte aspirante a ceñirse la corona del Miss Universo, le dije que, sin importar su gran favoritismo, no ganaría. Mi razonamiento era que el jurado calificador, encabezado por el propio presidente del Miss Universo, el magnate estadounidense Donald Trump, castigaría al gobierno de Chávez. Me alegra haberme equivocado.

 

Pero es que no había forma posible de negarle el triunfo a mi despampanante coterránea, Dayana Mendoza, quien, apartando los supuestos retoques del bisturí (su desbordante belleza interior no es obra de cirugías) es una mujer absolutamente cautivadora por dentro y por fuera. En mi muy subjetiva opinión – y con la gran admiración que le profeso a sus hermosísimas predecesoras – ella es, tal vez, la beldad más integral entre las 5 reinas universales que ha dado mi país al mundo.

 

 

 

 

Pero la orgullosa ganadora no sólo representa a Venezuela, sino a todas las mujeres latinoamericanas, cuya “belleza cultural” fue reafirmada, también, por las deslumbrantes finalistas de Colombia, República Dominicana y México.

 

Es curioso: siempre critico el culto exagerado de nosotros los venezolanos a la belleza femenina, pero siempre me alegro con estos triunfos. Sobre todo ahora que la otrora imagen positiva de mi país en el exterior está severamente dañada por la política.

 

Por cierto, simpre que alguna compatriota venezolana me sugiera, amablemente, que mi bebita japonesa-venezolana va a ser Miss Universo (casualmente, la reina saliente es japonesa), yo le responderé: “no, ella va a ser abogada o arquitecto”, aunque no muy convencido.

 

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