El bloguero

Carta al General Antonio José de Sucre, en el 213 aniversario de su natalicio

Febrero 2, 2008 · 11 comentarios

General Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, estimado amigo, recibe un saludo afectuoso y mis mejores deseos porque sigas disfrutando de la gloria eterna. Te ruego me disculpes el tono amistoso de esta carta, pero, mientras más conozco acerca de tu vida, luminosa y fugaz como el relámpago, consagrada a la causa de la libertad, y mientras más entiendo que tu grandeza se fundamenta en el valor, la integridad moral y la generosidad que te acompañaron siempre, más cerca me siento de tu lado humano, me siento tu amigo. Además, somos casi de la misma edad. Sí, ya sé que naciste hace más de 200 años, pero, apenas tenías 35 cuando partiste hacia la eternidad.    

      He podido conocer, gracias a algunas lecturas, que naciste el 3 de febrero de 1795, en el seno de una familia acomodada, en la primogénita y heróica Cumaná; que iniciaste tu educación formal en Caracas, por allá en el 1808, y que tu inclinación por las matemáticas te llevó a elegir la carrera de ingeniería. Pero, estalló la revolución, y, aunque eras tan sólo un muchacho, no dudaste un instante en tomar las armas en pos de tus juveniles y nobles sueños de libertad. 

       Sucre, ¡cuánta valentía y cuánto patriotismo debía albergar tu adolescente y puro corazón, para entregar tu floreciente juventud a la lucha armada por la independencia! 

        Casi puedo verte montado en alado corcel, paseando por las llanuras y las montañas del cielo, disfrutando de tu merecido descanso. Pero, en mi visión, no apareces vestido con tu uniforme de gran gala, ese que lucías gallardo, adornado por incontables y merecidas condecoraciones. Tampoco, te sueño ataviado con tu guerrera de combate, esa en la que pendían como medallas las experiencias de tantas y tantas batallas libradas en nombre de la gran América libre y unida, ideal compartido con el Libertador simón Bolívar y otros héroes inmortales. No te imagino, Sucre, blandiendo tu espada en ese gesto fiero y altivo, propio de los valientes, que adoptabas cuando te enfrentabas al enemigo. No, General, te imagino, en cambio, sin uniforme, puro, transparente. Porque, precisamente, la transparencia en todos tus actos, y una gran pureza de alma fueron las armas más poderosas que usaste en la paz y en la guerra. Por eso, mucho antes de que el Todopoderoso te llamara a su lado, ya, entre los mortales, eras un ángel de libertad. 

      Tu trajinar por los intrincados caminos que conducían a la libertad comenzó en tiempos de la Primera República, en 1811. Apenas eras un adolescente de 16 años de edad, y, bajo el mando del General Francisco de Miranda , ya dabas muestras de poseer excelentes dotes de soldado. Dos años después, en 1813, a las órdenes de los generales Piar, Mariño, Bermúdez y Valdez, con tu arrojo en el combate y tu infatigable accionar como jefe de un batallón de infantería contribuiste a lograr la reconquista de las provincias de Oriente. Era sólo el comienzo de tu fulgurante carrera en las filas del ejército patriota.  

        En el año de 1814, tenías tan sólo 20 años, y el Libertador te eleva al cargo de Jefe del Estado Mayor del Ejército de Oriente. Sucre, ¿te das cuenta de que esa es la edad en la que apenas estamos despertando del sueño de la adolescencia? 

        Tres años más trade, en 1817, Bolívar te nombra Jefe Militar del Bajo Orinoco. Ese mismo año, el Padre de la Patria te escribiría en calidad de tutor y amigo: “En cuanto Cumaná esté libre de facciosos y enemigos, le llamaré a Usted a mi lado. Y no lo haré como un favor, sino como una necesidad, o, más bien, por satisfacer mi corazón que lo ama a Usted y conoce su mérito”.   

      He escuchado con mucha atención comparaciones que hace la gente entre tu época y la mía. Hay quienes sostienen que en nuestro país no han vuelto a nacer hombres de tu talla, de la grandeza de Bolívar, Miranda, Páez, Negro Primero, por nombrar sólo a unos pocos de nuestros próceres independentistas. En lo personal, los considero a Ustedes nuestros Libertadores héroes inmortales, ya que vivirán por siempre en todo los que nos legaron. Pero, como bien sabes, Sucre, el contexto histórico que te tocó vivir, signado por nuestra guerra de independencia, exigía a los hombres y mujeres de esa época pensamientos y obras ajustados a realidades y concepciones muy distintas a las que conocemos hoy.    

       Hoy, somos una nación pacífca y moderna, gracias a que Ustedes nos legaron paz y libertad. Y, en la modernidad, existen otras formas de ser héroes. En u país como el nuestro, donde valores fundamentales del ser humano como la honestidad, el respeto y la educación están en franca desaparición, y el cual, durante muchos años, ha sido abusado impunemente por corruptos de cínico y miserable proceder, para ser héroes bastaría con ofrendar a la patria, día a día, una vida edificante, expresada en una profunda solidaridad con nuestro pueblo, y en el trabajo honesto al servicio de la Venezuela grande, que tú, mi buen amigo, Antonio José de Sucre, tanto te esmeraste en construir.    

    Seguiría en la lista de tus logros militares el ascenso a coronel, el 6 de de agosto de 1818. Tus ímpetus de joven soldado parecían no conocer límites. El ser dueño de una fe inquebrantable en la existencia de la América libre, y el poseer una integridad moral sin parangón, a la postre te permitiría catapultarte hacia la gloria.         Al año siguiente, en 1819, luego de la Batalla de Boyacá, según narra Bolívar en una biografía que te escribiera, recibiste el nombramiento de Jefe del Estado Mayor General del Ejército Libertador. Y, en 1820, asociado al general Briceño y al coronel Pérez, negociatse el armisticio y regularización de la guerra con el general realista Morillo.Amigo Sucre, esa natural generosidad que exhibías hasta con el más encarnizado de los enemigos era una de tus virtudes que más sorprendía al Libertador Simón Bolívar. Como muestra de ello, escribió conmovido sobre el armsiticio: “Este tratado es digno del alma del general Sucre. La benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron. Será eterno como el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra”.  

         El 24 de mayo de 1822, vencerías en la Batalla de Pichincha. Tras ese memorable triunfo, cubriste los valles y las montañas de Ecuador con el manto de la libertad, y tus hombros se cubrieron con la capa de la gloria eterna. Pichincha te valió el grado de General de División e Intendente del Departamento de Quito. ¡Apenas tenías 27 años! mi buen amigo. 

      General, permíteme un pequeño paréntesis, para decirle a los jóvenes venezolanos que a pesar del énfasis que hago en la relación entre tu edad y las proezas que lograste, en ningún momento pretendo que emulemos tales hazañas. Ciertamente, son datos que nos llenan de asombro, pero insisto en que hay que considerar las enormes diferencias existentes entre tu tiempo y mi tiempo. Lo que sí deberíamos imitar los jóvenes de hoy es tu conducta recta y bondadosa, tu vocación de servicio, tu amor por la libertad y tu valentía para defender las causas justas. Es preciso que entendamos que si realmente queremos un país mejor, un continente mejor, un mundo mejor, debemos comenzar por mejorarnos a nosotros mismos; debemos procurar ser hombres de bien, hombres íntegros, cada segundo de nuestras vidas. Allí radica tu verdadera grandeza, Sucre, y la de todos nuestros héroes pasados, presentes y futuros. 

         En la Batalla de Junín, el 6 de agosto de 1824, nuevamente te sonreiría la victoria. En esa oportunidad, a las órdenes de Simón Bolívar, venciste al general realista José de Canterac. Sin pérdida de tiempo, te dispusiste a mejorar las condiciones de tu ejército; no descansaste hasta lograr la total recuperación de tus valientes hombres. En aquel momento, expresaría el Libertador: ”Ninguna atención bondadosa es indigna de su corazón. Él es el general del soldado”. 

         Quizás, sin saberlo, general, te estabas preparando para la más grande de tus glorias: Ayacucho, 9 de diciembre de 1824, el triunfo, la batalla final, la América toda libre. Aún resuenan las palabras del Libertador y Padre de la Patria, Simón Bolívar: “La Batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposiicón de ésta ha sido perfecta, y su ejecución divina. Ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho, para bendecirla sentada en el trono de la libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos y el imperio sagrado de la naturaleza”.

            General Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, amigo, hasta aquí mi carta. Para despedirme quiero agradecerte por ser eterno. Hoy, más que nunca, los venezolanos debemos tener presente en nuestras mentes y nuestros corazones tu obra magnánima, para que las generaciones presentes y futuras de hombres buenos puedan convertirse en soldados de esperanza, y formen ejércitos invencibles, comandados por tu ejemplo imperecedero, y decididos a librar batallas por las causas justas de un pueblo que tiene sueños bonitos, con una Venezuela grande, pletórica de justicia, paz, amor y libertad. 

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11 respuestas hasta el momento ↓

  • Dra. Gladys Salcedo // Febrero 5, 2008 a 9:30 pm | Responder

    Angel, solamente para comentarte que mi hija, tu amiga de la infancia, y de acuerdo con informacion de su familia por parte de papa, ella es descendiente del Mariscal Antonio Jose de Sucre, si es asi, estamos muy orgullosos de que asi sea. ………..un abrao y mis felicitaciones por esta carta para nuestro procer de Independencia.

  • Pedro José // Febrero 10, 2008 a 2:11 pm | Responder

    Primo, de verdad me encantó la narrativa de tu exposicion y te felicito, pero obvias que mas alla del umbral lo que hay es odio y mucha muerte porque el Capitalismo recobrara su supremacia y poder sobre la miseria y el hambre de los pueblos.

  • Juancho // Abril 3, 2008 a 6:04 pm | Responder

    “Ruso Negro” Angel hasta me sentí parte de la historia, como si hubiéramos estado ahí o en algo parecido. No cabe la menor duda de que su forma de ser lo hizo todo un héroe. Estoy de acuerdo contigo… hay que empezar por casa y educar al pueblo para llegar a esa Venezuela que todos queremos. Este es un articulo que sin duda alguna pienso hacérselo llegar a mi hija Génesis y a toda la flotilla Goncalves. Un fuerte abrazo y un cordial saludo desde tierras calientes.

  • ney silva // Febrero 10, 2009 a 6:59 pm | Responder

    querido amigo extraordinaria carta adaptada a la actualidad.voy hacerla llegar al profesor de historia del liceo de la localidad para que se las lea a sus alumnos

  • Alberto Alcalá Prada // Abril 26, 2009 a 12:53 pm | Responder

    Estimados descendientes del Gran Mariscarl de Ayacucho:

    Desde hace muchos años vengo investigando sobre la relación Sucre-Alcalá toda vez que en dos escritos uno en la Revista Albores No.3 de 31-10-1908 se expresa que mi bisabuelo José Pio Alcalá Iraseburu era descediente de Sucre y otro en el Diario de Mollendo de 1943 se manifiesta que doña Natividad Alcalá Torres de Muñiz fue sobrina nieta del Gran Mariscal. Quisiera contactar con descendientes del Mariscal de Ayacucho para establecer si hubo parentesco entre él y mis antepasados. Yo resido en LIma-Perú y aq

  • Alberto Alcalá Prada // Abril 26, 2009 a 1:06 pm | Responder

    Estimados descendientes del Gran Mariscal de Ayacucho:

    Gracias al blogg estoy descubriendo muchas cosas. Tengo dos documentos que relacionan el apellido Sucre con el de los Alcalá que quedamos en Lima Perú. Siempre escuché en mi familia que teniamos el honor de ser descendientes de él. He leido los libros de Rumazzo, Villanueva y Ayala Mora pero no he encontrado datos precisos. Mucho agradecería a algunos de Uds. me proporcionen los datos que necesito para establecer la relación de parentesco con el Gran Mariscal de Ayacucho.Muy agradecedio de antemano

  • Daniel Rivera // Agosto 24, 2009 a 10:51 pm | Responder

    Hola me llamo Daniel Rivera mi bisabuelo Jorge Albuja fallecido ya hace 8 años nos contaba que su abuelo era hijo ilegitimo de Sucre, el nos contaba que su abuelo vivio con la Marquesa de Solanda por muchos años como su entenado no se si me podrian a ayudar a unir lazos, ya que siempre me intereso mucho esa historia
    Un abrazo fuerte desde Quito-Ecuador
    Daniel 21 años

  • Juan Francisco // Noviembre 1, 2009 a 4:36 am | Responder

    Estimados, mi abuela Piedad Delgado Sucre que vive actualmente (96 años) me comenta que su mama Marina Sucre era bisnieta del mariscal, si alguien tiene alguna información favor les pido me escriban a juanfranciscofm@hotmail.com o les agradeceria enviar un mensaje de celular al 099941938 y les llamaré,
    Saludos,

  • Angel Rafael La Rosa Milano // Noviembre 19, 2009 a 2:20 am | Responder

    Estimados amigos, Ney Silva, Pedro José, Juancho, Juan Francisco, Daniel Rivera, Alberto Alcalá y Dra. Gladys Salcedo, primero que nada quiero darles las gracias sinceramente por su amable y entusiasta participación en este modesto blog. Para mí es un placer y un privilegio.
    Como ferviente admirador y promotor del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, héroe venezolano de la gesta emancipadora americana, recibo jubiloso y agradecido sus bonitos conceptos y comentarios.
    Y como venezolano amante de mi país, su gente y su historia, me llena de orgullo y satisfacción poder hacer contacto con descendientes de ese prócer americano inmortal. Siento que los emocionantes relatos por Ustedes compartidos nos acercan más a la dimensión humana del casi divino Mariscal Sucre.
    Espero que mi blog sirva de lugar de encuentro y coordinación entre Ustedes para ahondar en las búsquedas e investigaciones que permitan establecer sus honorables parentescos con el glorioso Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho.

    Mantengámonos unidos en su legado imperecedero,

    Ángel

  • ricky // Diciembre 17, 2009 a 7:01 pm | Responder

    es una babosada pongan que valores
    ponia en practica sucre

    • Angel Rafael La Rosa Milano // Diciembre 27, 2009 a 9:03 am | Responder

      Hola Ricky, gracias por participar.
      Sigue intentando, vamos, tú puedes, ten fe, que con suerte en 20 años tal vez encuentres en el texto esos valores que mencionas. ¡Ánimo!

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