El realismo político, con su “ley del más fuerte” en las relaciones internacionales, me ha vuelto incrédulo hasta de los concursos mundiales de belleza. Por eso, cuando mi madre me dijo por teléfono que nuestra compatriota venezolana era fuerte aspirante a ceñirse la corona del Miss Universo, le dije que, sin importar su gran favoritismo, no ganaría. Mi razonamiento era que el jurado calificador, encabezado por el propio presidente del Miss Universo, el magnate estadounidense Donald Trump, castigaría al gobierno de Chávez. Me alegra haberme equivocado.
Pero es que no había forma posible de negarle el triunfo a mi despampanante coterránea, Dayana Mendoza, quien, apartando los supuestos retoques del bisturí (su desbordante belleza interior no es obra de cirugías) es una mujer absolutamente cautivadora por dentro y por fuera. En mi muy subjetiva opinión – y con la gran admiración que le profeso a sus hermosísimas predecesoras – ella es, tal vez, la beldad más integral entre las 5 reinas universales que ha dado mi país al mundo.
Pero la orgullosa ganadora no sólo representa a Venezuela, sino a todas las mujeres latinoamericanas, cuya “belleza cultural” fue reafirmada, también, por las deslumbrantes finalistas de Colombia, República Dominicana y México.
Es curioso: siempre critico el culto exagerado de nosotros los venezolanos a la belleza femenina, pero siempre me alegro con estos triunfos. Sobre todo ahora que la otrora imagen positiva de mi país en el exterior está severamente dañada por la política.
Por cierto, simpre que alguna compatriota venezolana me sugiera, amablemente, que mi bebita japonesa-venezolana va a ser Miss Universo (casualmente, la reina saliente es japonesa), yo le responderé: “no, ella va a ser abogada o arquitecto”, aunque no muy convencido.
1 respuesta hasta el momento ↓
julio rojas // Septiembre 26, 2008 a 10:59 pm |
muchas felicidades eres una niña muy linda en inteligente