El bloguero

Discurso de Obama aceptando la nominación demócrata

Septiembre 5, 2008 · 4 comentarios

(Aquí les ofrezco mi traducción del discurso completo. La transcripción del texto original la obtuve en la página Web del “The New York Times” :  http://www.nytimes.com/2008/08/28/us/politics/28text-obama.html?pagewanted=6&_r=1)

 

 

Presidente, Dean, mi gran amigo, Dick Durbin, conciudadanos de esta gran nación, con profunda gratitud y suma humildad, acepto la nominación como candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos.

Permítanme expresar mi agradecimiento al excelso grupo de candidatos que me acompañaron en este trayecto, muy especialmente a la que recorrió mayor distancia, una abanderada de la clase trabajadora estadounidense, y una inspairación para mis hijas y las hijas de todos Ustedes, Hillary Rodhman Clinton.

Al presidente Bill Clinton, quien, ayer en la noche, defendió nuestra propuesta de cambio como sólo él puede hacerlo.

A Ted Kennedy, quien encarna el espírutu de servicio.

Y le doy las gracias al próximo vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden. Estoy agradecido de llegar a este punto del camino junto a uno de los más brillantes estadistas de nuestro tiempo, un hombre que se la lleva bien con todos, desde los líderes mundiales hasta los conductores del tren Amtrak que él todavía toma todas las noches para volver a casa.

Al amor de mi vida, nuestra próxima primera dama, Michelle Obama, y a Maila y Sasha. Las amo profundamente. Estoy sumamente orgulloso de Ustedes.

Hace 4 años, mi dirigí a Ustedes contándoles mi historia sobre la breve relación entre un joven de Kenia y una muchacha de Kansas, quienes no eran ni adinerados ni famosos, pero compartían la creencia de que en los Estados Unidos su hijo podía lograr cualquier cosa que se propusiese. Es esa promesa la que siempre ha hecho a nuestro país único: que con trabajo duro y sacrificio, cada uno de nosotros puede materializar sus propios sueños y, al mismo tiempo, permanecer unidos como la gran familia estadounidense, para garantizar que las generaciones venideras también puedan hacer realidad sus sueños.

Nos encontramos en uno de esos momentos decisivos de la historia, un momento en el que nuestra nación está en guerra; nuestra economía se tambalea, y la promesa estadounidense se ve amenazada una vez más.

Esta noche, hay más estadounidenses sin trabajo, y muchos otros trabajando más duro por menos. Muchos de Ustedes perdieron sus casas, y muchos más ven como se desploman los precios de sus viviendas. Muchos de Ustedes poseen vehículos que no se pueden dar el lujo de usar, tarjetas de crédito y cuentas que no pueden cancelar. Y la educación está fuera de su alcance.

Estos problemas no son todos obra del gobierno. Pero la incapacidad de éste para darles respuesta es el resultado directo de la política ineficiente de Washington y de las políticas erráticas de George W. Bush.

Estadounidenses, nosotros somos mejor que estos últimos 8 años. Nosotros somos mejor país que eso. Este país es más decente que aquel donde una mujer de Ohio, a punto de jubilarse, después de toda una vida de arduo trabajo se enferma y no cuenta con recursos para salvarse. Nosotros somos mejor país que aquel donde un hombre de Indiana tiene que embalar la máquina con la que trabajó durante 20 años, y ver como es embarcada para China, para luego ahogarse en un sentimiento de fracaso cuando regresa a casa a darle la noticia a la familia. Nostros somos más compasivos que un gobierno que permite que sus veteranos de guerra duerman en las calles, y que deja a las familias descender a niveles de pobreza; que se cruza de brazos cuando una de nuestras grandes ciudades se innunda ante nuestros ojos.

Esta noche, quiero decirle al pueblo estadounidense, demócratas, republicanos e independientes de esta maravillosa tierra: Ya basta. Este momento, esta elección es nuestra oportunidad de mantener viva – en el siglo 21 – la promesa americana.  

La próxima semana, en Minesota, el mismo partido gracias al cual Ustedes tuvieron 2 períodos de George Bush y Dick Cheney pedirá a este país que le conceda un tercero. Y nosotros estamos aquí porque amamos demasiado a este país como para permitir que los próximos 4 años sean exactamente igual a los 8 anteriores. El 4 de noviembre, debemos levantarnos y decir: Ya basta. 8 años es suficiente.

Ahora bien, no hay dudas de que el candidato republicano, John McCain, portó el uniforme de nuestro país con sobrado mérito y valentía, por lo que le debemos gratitud y respeto. Y la próxima semana, también oiremos sobre las ocasiones en las que se apartó de su línea partidista, como argumento de que él puede ofrecernos el cambio que necesitamos. Pero su historial es claro: John McCain ha votado en favor de George Bush 90 por ciento de las veces. Al senador McCain le gusta hablar sobre capacidad de juicio, pero, en realidad, ¿qué podemos decir sobre la capacidad de juicio de alguien que considera que George Bush ha acertado 90 por ciento de las veces? Yo no sé que piensan Ustedes, pero yo no estoy dispuesto a conformarme con apenas un 10 por ciento de posibilidades de cambio.

La verdad es que las decisiones sobre cada uno de esos asuntos afectan sus vidas. Y en materia de salud, educación y economía el senador McCain ha sido de todo menos independiente. Él dijo que nuestra economía evidenció grandes progresos con este presidente, y que los aspectos fundamentales de la economía permanecen fuertes. Y cuando uno de sus máximos asesores – el hombre que delineó su plan económico – comentaba sobre la ansiedad que están sintiendo los estadounidenses, McCain respondió que nosotros únicamente estamos padeciendo una “recesión mental”, que nos hemos convertido, cito, “en una nación de llorones”.

¿Una nación de llorones? Díganle eso a los dignos trabajadores de una empresa automotriz en Michigan, quienes, tras saber que la iban a cerrar, continuaron yendo todos los días, trabajando más duro que nunca, porque ellos sabían que había personas contando con los sistemas de frenos que ellos producían. Díganle eso a las familias de militares que soprtan su carga en silencio, mientras ven a sus hijos partir a su tercera, cuarta y quinta misiones. Ellos no son llorones, ellos trabajan duro, y retribuyen lo que reciben, y van hacia adelante sin quejarse. Esos son los estadounidenses que yo conozco.

Pero, yo no creo que al senador McCain no le preocupe lo que está ocurriendo en la vida de los estadounidenses; yo creo que, sencillamente, él no sabe. Sólo eso explica su definición de una persona de clase media como alguien que gana menos de 5 millones de dólares al año. Sólo eso explica su oferta de exención de impuestos a grandes corporaciones y empresas petroleras, y ni un solo penique de reducción para más de 100 millones de estadounidenses. Sólo así se explica su ofrecimiento de un plan de salud que en realidad se traducirá en más carga impositiva para la gente; de un plan educativo que no servirá para ayudar a las familias a pagar la universidad; de un plan que privatizará la seguridad social y pondrá en riesgo nuestras jubilaciones. No es que a John McCain no le preocupe lo que pasa, es que no entiende lo que pasa.

Por más de 2 décadas, él ha apoyado esa vieja y desacreditada filosofía republicana: Dale más y más a los que más tienen, y ruega que la prosperidad salpique a todos los demás que están abajo. En Washington, ellos denominan esto “sociedad de propietarios”. Pero lo que significa, realmente, es que Usted se las arreglan por su cuenta. ¿Se quedó sin trabajo? Mala suerte, arrégleselas por su cuenta ¿No tiene seguro médico? Aténgase a las leyes del mercado. Arrégleselas por su cuenta. ¿Nació en la pobreza? Escale hasta la cima con sus propios medios, aún si no tiene botas de escalar. Arrégleselas por su cuenta.

Bien, es tiempo de que ellos admitan su falta. Es tiempo de que nosotros cambiemos nuestro país. Y esa es la razón por la que hoy soy candidato a la presidencia de los Estados Unidos de América.

Veamos. Los demócratas tenemos una forma muy distinta de medir el progreso en este país. Nosotros medimos el progreso por el número de personas que pueden conseguir un trabajo que pague la hipoteca, o si usted puede guardar un poquito de dinero al final de cada mes, para, algún día, ver a su hijo recibir el diploma universitario. Nosotros medimos el progreso por los 23 millones de empleos creados cuando Bill Clinton fue presidente. Entonces, la familia estadounidense promedio vio sus ingresos subir 7 mil 500 dólares, en lugar de bajar 2 mil dólares, cómo ocurió durante la administración Bush. Nosotros medimos la fortaleza de nuestra economía no por el número de multimillonarios que tenemos, o por las ganancias de las empresas que integran la lista Fortune 500, sino cuando alguien con una buena idea puede atreverse a comenzar un nuevo negocio, o cuando la mesonera que vive de propinas puede tomarse un día de descanso para cuidar a su hijo enfermo sin perder su trabajo; una economía que privilegia el trabajo digno. El aspecto fundamental que usamos para medir la fortaleza económica es si estamos viviendo de acuerdo con la promesa fundamental que hizo a este país grande, una promesa que es la única razón por la que yo estoy frente a Ustedes esta noche.

Porque en las caras de esos jóvenes veteranos que regresan de Irak y Afganistán, yo veo a mi abuelo, quien se enroló después del bombardeo de Pearl Harbor, marchó en el ejército de Patton, y fue recompensado por una nación agradecida con la oportunidad de ir a la universidad, gracias a un programa de reajuste para veteranos de guerra, conocido como el Acta GI. En la cara de ese joven estudiante que duerme sólo 3 horas antes detrabajar el turno de la noche, yo veo a mi madre, quien nos crio a mi y a mi hermana por su cuenta, mientras trabajaba y obtenía su título; quien en ocasiones tuvo que recurrir a un programa de asistencia alimentaria para gente sin recursos, pero que aún fue capaz de enviarnos a las mejores escuelas del país con la ayuda de préstamos y becas.

Cuando escucho a un trabajador decir que su fábrica fue cerrada, recuerdo a todos esos hombres y mujeres de South Side, Chicago, por quienes luché hace 20 años, antes de que la acería local cerrara. Y cuando escucho a una mujer hablar sobre las difultades para comenzar su propio negocio, o para abrirse paso en la vida, pienso en mi abuela, quien se labró su camino desde la posición de secretaria hasta la de gerente medio, a pesar de los años que fue ignorada para ascensos por ser mujer. Ella fue quien me enseñó acerca del trabajo duro; ella es quien dejaba de comprarse un auto nuevo o un vestido para que yo pudiera tener una mejor vida. Ella me dio todo lo que tenía. Y aunque actualmente ella no puede viajar, yo se que me está viendo esta noche, y que ella sabe que esta noche es su noche también.

Así que yo no sé que clase de vidas piensa McCain que tienen las celebridades, pero esta ha sido la mía; estos son mis héroes. Sus historias moldearon mi vida, y es en su nombre que yo aspiro ganar esta elección, y así mantener viva nuestra promesa, como presidente de los Estados Unidos de América.

Pero, ¿qué es la promesa americana? Es aquella según la cual todos y cada uno de nosotros tenemos libertad para hacer de nuestras vidas lo que queramos, pero con la obligación de tratar a los demás con dignidad y respeto. Es la promesa que dice que el mercado debe recompensar la iniciativa y la innovación, y debe generar crecimiento, pero que las empresas tienen la responsabilidad de crear trabajos para los estadounidenses, velar por los trabajadores estadounidenses, y jugar según las reglas de juego.

La nuestra es una promesa que dice que el gobierno no puede resolver todos nuestros problemas, pero que debe hacer lo que nosotros no podemos hacer por nuestros medios: protegernos del peligro, y brindar a todo niño una educación decente; mantener nuestra agua limpia, y nuestros juguetes seguros; invertir en nuevas escuelas, y en nuevas vías, y en nuevas ciencias y tecnologías. Nuestro gobierno debe trabajar para nosotros, no contra nosotros. Debe ayudarnos, no perjudicarnos. Debe garantizar oportunidades, no sólo para aquellos con más dinero e influencias, sino para todo ciudadano estadounidense que esté dispuesto a trabajar.

Esa es la promesa americana, la idea de que somos responsables de nosotros mismos, pero que todos nos levantamos o caemos como una sola nación; la creencia fundamental en que yo soy el benefactor de mis hermanos y hermanas.

Esa es la promesa que debemos mantener. Ese es el cambio que necesitamos justo ahora.

Permítanme explicarles exactamente en que consistiría ese cambio si yo llegase a la presidencia. Cambio significa un sistema de impuestos que no favorezca a los grupos que lo coincibieron, sino a los trabajadores estadounidenses y a las pequeñas empresas.

A diferencia de Jhon McCain, yo suspenderé las exoneraciones tributarias a las empresas que trasladen puestos de trabajo al exterior, y comenzaré a dárselas a las compañías que creen nuevos empleos justo aquí, en los Estados Unidos.

Eliminaré los impuestos a la ganancia de las nuevas pequeñas empresas que mañana crearán trabajos de buenos salarios y alta tecnología.

Reduciré los impuestos al 95 por ciento de todas las familias trabajadoras estadounidenses, porque, en una economía como esta, es impensable aumentar los impuestos a la clase media.

Y por el bien de nuestra economía, nuestra seguridad, y el futuro de nuestro planeta, fijaré un objetivo muy claro como presidente: en 10 años, finalmente acabaremos con nuestra dependencia del petróleo del Medio Oriente. Washington ha estado hablando sobre nuestra adicción petrolera durante los últimos 30 años. Y, por cierto, John McCain ha estado allí 26 de esos años. Y en todo ese tiempo, él ha rechazado mayores estándares de eficiencia vehicular en consumo de combustible; ha rechazado la inversión en energías renovables; ha rechazado los combustibles renovables. Y hoy, importamos 3 veces la cantidad de petróleo que importábamos cuando el senador McCain llegó al congreso.

Ahora es tiempo de acabar con esa adicción. Y debemos entender que la perforación sería una medida transitoria, no una solución a largo plazo.

Como presidente, explotaré debidamente nuestras reservas de gas natural; invertiré en tecnología de uso de carbón, que sea poco contaminante, y encontraré formas seguras de usar la energía nuclear. Ayudaré a las empresas automotrices a desarrollarse para que los vehículos del futuro, eficientes en counsumo de combustible, se construyan aquí en los Estados Unidos. Y haré que esos vehículos sean más asequibles para los ciudadanos estadounidenses.

En la próxima década, invertiré 150 mil millones de dólares en fuentes de energía económicas y renovables, como la energía eólica y la energía solar, así como en la nueva generación de bio-combustibles. Esta inversión generará nuevas industrias y 5 millones de nuevos empleos que pagarán bien y que no podrán ser trasladados al extranjero.

Hermanos estadounidenses, ahora no es el momento para planes pequeños. Finalmente, llegó la hora de cumplir con nuestra obligación moral de proporcionar a cada niño una educación de alta calidad, porque sólo así podremos competir en la economía global.

Michelle y yo estamos hoy aquí, porque nos fue dada la oportunidad de recibir una buena educación. Y yo no me conformaré con unos Estados Unidos donde algunos niños no tengan esa oportunidad.Invertiré en la educación primaria. Reclutaré un ejército de nuevos maestros, les pagaré mejores salarios, y les daré más apoyo. Y, a cambio, les pediré más calidad y más compromiso.

Y mantendremos nuestra promesa a todos los jóvenes estadounidenses: Si se comprometen a servir a su comunidad y a su país, nosotros garantizaremos que puedan costearse la educación universitaria.

Finalmente, llegó la hora de mantener la promesa de un sistema de salud accesible a todo estadounidense, sin excepción. Si Usted ya goza de seguro médico, mi plan será reducir las primas. Si Usted no tiene, estará en condiciones de obtener el mismo tipo de cobertura cobertura que disfrutan los congresistas.

Y habiendo visto yo a mi madre discutir con las agencias aseguradoras mientras ella yacía en una cama muriendo de cáncer, yo garantizaré que esas agencias dejen de discriminar a aquellos que están enfermos y necesitan más la atención médica.

Llegó la hora de ayudar a las familias, pagando los días de ausencia laboral por enfermedad, y brindando mejores vacaciones familiares, proque nadie en los Estados Unidos debería tener que elegir entre mantener el empleo y cuidar a un hijo convaleciente o a un padre enfermo. Llegó la hora de cambiar nuestras leyes de bancarrota, para que sus pensiones sean protegidas ante los bonos de los directores ejecutivos. Llegó la hora de proteger la seguridad social para las generaciones futuras. Y llegó la hora de mantener la promesa de igualdad salarial para hombres y mujeres, porque yo quiero que las 2 hijas mías tengan exactamente las mismas oportunidades que los hijos varones de Ustedes.

Por supuesto, muchos de estos planes costarán dinero. Por eso yo he explicado cómo pagaré hasta el último centavo: sancionando a las empresas que incurran en trampas jurídicas, y eliminando los paraísiso fiscales, ya que no contribuyen en nada al crecimiento de los Estados Unidos. Pero, además, revisaré el presupuesto federa línea por línea, eliminando los programas que ya no funcionan, mejorando los que realmente se necesiten, y haciéndolos menos honerosos, porque no podemos enfrentar los retos del siglo 21 con una burocracia del siglo 20.

Demócratas, además, debemos entender que para cumplir la promesa americana necesitaremos más que dinero. Todos necesitaremos un renovado sentido de responsabilidad, para así recuperar lo que John F. Kennedy llamaba “nuestra fuerza moral e intelectual”.

Ciertamente, el gobierno debe actuar en materia de independencia energética, pero cada uno de nosostros debe contribuir a que nuestros hogares y trabajos sean más eficientes. Ciertamente, debemos ofrecer más altrenativas de superación a los jóvenes que caen en la delincuencia y la desesperación. Pero también debemos admitir que los programas de ayuda, por sí solos, no pueden reemplazar a los padres; que el gobierno no puede apagar la televisión y hacer que los niños hagan sus tareas; que los padres deben ser aun más responsables, brindando a sus hijos amor y enseñanza.

Responsabilidad indivudual y responsabilidad compartida, esa es la esencia de la promesa americana. Y así como mantenemos nuestra promesa a las nuevas generaciones, aquí en casa, así debemos mantenerla en el exterior.

Si John McCain quiere sostener un debate sobre cuál de los dos posee el temperamento y el criterio para servir como comandante en jefe, yo estoy listo para ese debate. Cuando el senador McCain estaba dirigiendo la mirada hacia Irak, pocos días después del 11/09, yo levanté la voz contra esa guerra, porque sabía que distraería nuestra atención de las amenazas reales que enfrentamos. Cuando John McCain dijo que en Afghanistán no tendríamos mayores obstáculos, yo me empeñé en que destinaramos más tropas y recursos para dar el golpe final a los terroristas que realmente nos atacaron el 11 de septiembre, y enfaticé que debíamos atrapar a Osama Bin Laden y a sus cabecillas, si estaban dentro de nuestra zona de operaciones.

A John McCain le gusta decir que el perseguirá a Bin Laden hasta las puertas del infierno, pero él ni siquiera lo seguirá hasta su cueva.

Y, hoy, cuando mi petición de fijar un plazo para retirar nuestras tropas de Irak  ha tenido resonancia en el gobierno Iraquí, y hasta en la administración Bush, y cuando  sabemos que Irak ostenta un superávit de 79 mil millones de dólares, mientras que nosotros lo que exhibimos es défiicit, John McCain persiste, en solitario, en su terca negativa de poner fin a esta fallida guerra.

Ese no es el juicio que nosotros necesitamos; eso no hará más seguro a los Estados Unidos. Noosotros necesitamos un presidente capaz de enfrentar las amenazas del futuro, que no siga atado a las ideas del pasado.

Ocupando a Irak no derrotaremos a una red terrorista que opera en 80 paísies. Sólo con palabras duras enWashington no protegeremos a Israel. No podemos ayudar a Georgia si hemos delibitado nuestras más antiguas alianzas.

Si John McCain desea seguir a George Bush con más palabras duras y estrategias fallidas, es su elección, pero ese no es el cambio que necesita Estados Unidos.

 

Nosotros somos el partido de Roosvelt; nosotros somos el partido de Kennedy. Así que no nos vengan a decir que los Demócratas no defenderemos este país; no nos vengan a decir que los Demócratas no mantendremos este país seguro.

La política económica Bush-McCain han socavado el legado construido por generaciones de estadounidenses, demócratas y republicanos, y nosotros estamos aquí para restaurar ese legado.

Como comandante en jefe, yo nunca dudaré en defender esta nación, pero yo sólo enviaré nuestras tropas a la guerra con una misión clara, y con el compromiso sagrado de dotarlos con todo el equipo que necesiten en el campo de batalla, y de brindarles el cuidado y los beneficios que merecen cuando regresen a casa.

Yo pondré fin a la guerra en Irak de manera responsable, y culminaré en forma victoriosa la lucha contra Al Qaida y los talibanes en Afganistán. Yo reorganizaré nuestro ejército para enfrentar futuros conflictos, pero además restableceré la diplomacia directa y firme capaz de impedir que Irán obtenga armas nucleares, y de evitar la agresión rusa.

Yo construiré nuevas alianzas para derrotar las amenazas del siglo 21, terrorismo y proliferación nuclear, pobreza, genocidio, cambio climático y enfermedades. Y restauraré nuestra entereza moral, para que Estados Unidos sea, una vez más, la tierra de esperanza para todos aquellos avocados a la causa de la libertad, aquellos que abrazan la paz, aquellos que desean un futuro mejor.

Estas son las políticas que pondré en práctica. Y, estoy listo para, en las próximas semanas, debatirlas con John McCain. Pero no inisnuaré que el senador McCain usa su posición con fines políticos, porque una de las cosas que debemos cambiar en la política estadounidense es la idea de que las personas no pueden diferir sin cuestionarse mutuamente su carácter y su patriotismo. Los tiempos que corren son demasiddo duros, y las exigencias son demasiado altas como para continuar con las mismas ideas partidistas. Yo amo este país, igual que Ustedes e igual que John McCain.

Los hombres y mujeres que nos defienden en los campos de batalla pueden ser demócartas, republicanos o independientes. Pero ellos combaten juntos, sufren juntos y algunos mueren juntos bajo la misma orgullosa bandera. Ellos no defienden una bandera roja o una bandera azul, ellos defienden a los Estados Unidos de América.

Así que tengo noticias para Usted, Sr. McCain, nosotos ponemos a nuestro país primero.

Estadounidenses, nuestra tarea no será fácil. Los retos que enfrentamos requieren decisiones difíciles. Demócratas y republicanos, tenemos que desechar las obsoletas ideas y políticas del pasado. Lo que se perdió en estos 8 años no puede medirse simplemente en función de bajos salarios o mayores déficits comerciales. También perdimos nuestro sentido de propósito compartido, y eso es lo que debemos rescatar.

Tal vez no coincidamos en torno al aborto, pero seguramente podemos coincidir en que en este país debemos reducir el número de embarazos indeseados. La posesión de armas seguramente tiene matices diferentes para los cazadores en las zonas rurales de Ohio y para aquellos amenazados por la violencia de bandas en Cleveland, pero no me digan que no podemos observar la Segunda Enmienda, y al mismo tiempo mantener los AK.-47 lejos de las manos de los criminales. Yo sé que hay diferencias en cuanto a los matrimonios del mismo sexo, pero seguramente podemos coincidir en que nuestros hermanos gays y lesbianas tienen derecho a visitar en el hospital a las personas que aman, y a vivir una vida sin discriminación. En relación a la inmigración, el debate es encarnizado, pero yo no conozco a nadie que se beneficie cuando una madre se separa de su bebé, o cuando una empresa recorta los salarios establecidos en Estados Unidos al contratar trabajadores ilegales. Pero, esto también es parte de la promesa americana, la promesa de una democracia donde podamos encontrar la fortaleza y la virtud para superar las diferencias y unirnos en un esfuerzo común.

Yo sé que hay quienes desestiman tales creencias catalogándolas de poco serias. Ellos sostienen que nuestra insistencia en la aplicación de éstas en nuestra vida pública es un sencillamente un Caballo de Troya que traerá consigo impuestos más altos y la pérdida de los valores tradicionales. Esa actitud es de esperarse, porque si uno no tiene ideas frescas, entonces usa tácticas viciadas para asustar a los votantes. Si uno no tiene argumentos que mostrar, entonces muestra a su oponente como alguien indeseable. Uno compite en una gran elección enfocado en cosas pequeñas.

¿Y Ustedes saben porqué eso funcionó en el pasado? Porque es parte del cinismo con que todos nosotros vemos al gobierno. Cuando Washington no hace su trabajo, sus promesas son palabras vacías. Si nuestra esperanza es pisoteada una y otra vez, entonces nos conviene dejar de tener esperanza, y conformarnos con lo que tenemos.

Ya entendí que yo no soy el candidato modelo para el Despacho Oval. No tengo el pedigrí típico; yo no he pasado mi carrera en entre las paredes de Washington. Pero estoy hoy aquí frente a Ustedes, porque a través de todo Estados Unidos hay un clamor. Lo que los agoreros no entienden es que esta elección nunca ha sido acerca de mí, sino acerca de Ustedes. Es acerca de Ustedes.

Duante 18 largos meses, Ustedes se levantaron uno a uno, y dijeron “ya basta” de la política del pasado. Ustedes entienden que el mayor riesgo que podemos correr es intentar lo mismo: la misma vieja política con los mismos viejos actores, y esperar un resultado diferente.

Ustedes han aprendido lo que nos enseña la historia: Que en momentos decisivos como este, El cambio que necesitamos no proviene de Washington, el cambio va hacia Washington. El cambio ocurre porque los estadounidenses así lo demandan; porque ellos se levantan insistiendo en nuevas ideas y en nuevos liderazgos, en una nueva política para nuevos tiempos.

Estados Unidos de América, éste es uno de esos momentos.

Yo creo que, con todo lo duro que pueda ser, el cambio que necesitamos se está produciendo, porque lo he visto, porque lo he vivido. Porque lo he visto en Illinois, donde brindamos asistencia médica a más niños, e hicimos que más familias cambiaran el seguro de desempleo por los beneficios de un trabajo. Lo he visto en Washington, donde trabajamos a través de los cuadros partidistas para hacer al gobierno más accesible, y para que el lobby sea más vigilados; para brindarle mayor asistencia a nuestros veteranos, y para mantener las armas nucleares lejos del alcance de los terroristas. Y lo he visto en esta campaña, en la gente joven que votó or primera vez, y en los jóvenes de corazón, quienes volvieron a votar después de largo tiempo; en los republicanos que nunca pensaron que votarían por un demócrata y lo hicieron. Lo he visto en en los trabajadores que prefieren trabajar un día menos, aunque no puedan darse el lujo, antes que permitir que sus compañeros pierdan el trabajo; en los soldados que se alistan de nuevo, aun tras perder una extremidad; en el buen vecino que le da cobijo a un extraño cuando un huracán azota y se producen inundaciones.

Como Ustedes saben, nuestro país posee más riqueza que cualquier nación, pero eso no es lo que nos hace ricos. Contamos con el ejército más poderoso de la tierra, pero eso no es lo que nos hace fuertes. Nuestras universidades y nuestra cultura son la envidia del mundo entero, pero eso no es lo que hace que personas del mundo entero sigan llegando a nuestras costas. Es el espíritu americano, esa promesa americana que nos impulsa hacia adelante aún cuando el camino es incierto; que nos une a pesar de nuestras diferencias; que nos hace ver no lo que está a la vista, sino lo que está escondido, ese mejor lugar tras la curva del camino.

Esa promesa es nuestra más grande herencia. Es la promesa que hago a mis hijas cuando las arropo en las noches, y es la promesa que Ustedes hacen a sus hijos. Una promesa que ha llevado a inmigrantes a cruzar océanos y a pioneros a conquistar el Oeste. Una promesa que permitió a los trabajadores protestar por mejoras, y dio a las mujeres el derecho a votar. Y esta es la promesa que hoy, hace 45 años, hizo que estadounidenses de todos los rincones de esta nación se reunieran en Washington, frente a la estatua de Lincoln, para oír a un joven predicador de Georgia hablar acerca de su sueño. Los hombres y mujeres allí reunidos pudieron haber escuchado muchas cosas; pudieron haber escuchado palabras de rabia y discordia: pudieron haber sido empujados a sucumbir al temor y a la desesperanza por tantos sueños frustrados. Pero, en cambio, lo que esas gentes escucharon – gentes de todo tipo, de todas las razas y creencias – es que en Estados Unidos nuestro destino está inextricablemente unido, que permaneciendo juntos nuestros sueños pueden ser uno solo. “No podemos Caminar solos”, gritó el predicador. “Y mientras caminamos debemos prometer que siempre marcharemos hacia adelante. No podemos mirar atrás”.

Estadounidenses, nosotros no podemos mirar atrás. No con tabto trabajo por hacer; no con tantos niños por educar, y con tantos veteranos por quienes velar; no con una economía maltrecha, ciudades arrasadas, y granjas abandonadas; no con tantas familias que proteger y tantas vidas que recuperarar.

Estados Unidos de América, no podemos mirara atrás; no podemos caminar solos.

En este momento, en esta elección, debemos prometer una vez más que marcharemos hacia el futuro. Mantengamos esa promesa, esa promesa americana, y mantengámos firmemente ante la Biblia, sin dudar, la promesa que profesamos.

Gracias. Dios los bendiga. Y Dios bendiga A los Estados Unidos de América.

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4 respuestas hasta el momento ↓

  • Dr. Mauro Luis Suarez Rocha // Septiembre 13, 2008 a 12:01 pm | Responder

    Sin lugar a dudas el verbo predicado por Obama es fiel reflejo del sentimiento del pueblo americano y digo de toda america por que esperamos ese camb io que le abra las puertas a America central y America del Sur para que siendo una, sintiendonos una puedamos integrarnos cultural economica y socialmente. Que las puertas de la integracion y el intercambio se abran de par en par y el verbo de Obama se haga carne y habite entre nosotros.
    Viva el Presidente Obama.

  • Miguel Valle // Octubre 25, 2008 a 2:44 am | Responder

    Yo soy residente en los estados unidos. Aun no puedo votar, pero definitivamente comparto el sueno de mis hermanos democratas. No se trata de ser de este o de aquel partido, sino identificarnos con lo que es el sueno americano, somos una gran familia, pero necesitamos un lider verdadero como barack obama para que despierte aun mas esta bella nacion y nos muestre el camino correcto a seguir. Prometo que ejercere mi derecho al voto cuando el gobierno americano me concede a su juicio que soy digno de aplicar para la ciudadania, esto significa que hay muchos latinos que como yo queremos ser tambien agentes de transfomracion sociopolitica y cultura de esta magnifica nacion. Por ahora, todo mi apoyo para que el senador Obama sea pronto nuestro gran presidente.

    Miguel

  • poul // Noviembre 11, 2008 a 7:43 pm | Responder

    Es hora de que la potencia norte americana vea con ojos de paz al mundo y en contra de los que hacen daño al mundo, aunque suene contradictorio, son masa los buenos y la reveldia sin causa daña muchos inosentes y en esos paises caen muchos inocentes. la politica economica tambien debe verse a nivel mundial mas solidaridad para los paices pobres y el mundo sera un mejor lugar para los hijos de nuestros hijos.
    bien benido sea el presidente electo OBAMA.

  • vanessa // Mayo 20, 2009 a 9:43 pm | Responder

    bueno antes k nada quiero hacerles saver k me parece muy buen presidente y creo k es el correcto para cambiar el rumbo tan chueco k tiene todo nuestro paiz io tengo 19 años y no soy de u.s.a pero se que obama ara lo que tenga k haser y lo hara bien… felizidades

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