Antonini, a lo hecho pecho. Admite tu error. No fuiste el primero ni serás el último corrupto de nuestro saqueado y abusado país. Estudios autorizados lo ratifican: somos de las naciones más corruptas del mundo. Algunos dicen que es casi genético, parte de nuestro gentilicio venezolano. No tenemos conciencia de serlo, por eso es tan grave, letal. Nos estamos suicidando como pueblo.
Pero esta carta no es acusadora. No soy quien para juzgarte; no estoy libre de pecado. Más bien, apelo a tu valentía, que es también un rasgo nuestro, una gran virtud que históricamente ha caracterizado al pueblo venezolano, para que, como hombre, asumas tu culpa, que es nuestra, y cumplas el castigo. ¡redímete y redímenos!
En mayor o en menor grado, todos los venezolanos somos cómplices de tu delito. Álzate por encima de nuestras bajezas y vicios; desenmascara a tus compinches, traidores de la patria y el pueblo. No permitas que su codicia y crueldad sigan mancillando nuestra gran nación y dañando a nuestros hermanos más necesitados.
Tú decides, Guido: O eres un simple delincuente más en el triste haber de corrupción de nuestro país, o pasas a la historia con dignidad, como el hombre que tuvo el valor de aceptar su falta y de enmendar sirviendo su gente y a su patria.
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