Reciban un muy fuerte abrazo de Año Nuevo, con mis mis mejores deseos de que el 2009 les traiga felicidad.
En este primer mes del año, tengo algunas cosas que conversar con todos y cada uno de los actores socio-políticos del país, y quisiera comenzar con aquellos compatriotas chavistas que viven en condiciones de marginalidad, conformando la población pobre venezolana, eternos olvidados de los (des)gobiernos de turno y de quienes contamos con más recursos, yo de primero.
Su adhesión a Chávez es muy comprensible; los entiendo perfectamente. Más aun, respeto su decisión de dar su apoyo, amor y hasta la vida a quien se los dicte su conciencia y su alma. Por ello, si les pido que reconsideren su apoyo al líder chavista, créanme que jamás lo hago desde una posición de arrogancia o superioridad, muy por el contario lo hago con la mayor humildad, y con la comprensión de sus razones. Lo hago, primeramente, pidiéndoles perdón, porque, como clase media, nunca he hecho suficiente por Ustedes; por ayudarlos a mejorar sus condiciones de vida. Cuando se nace con las necesidades básica cubiertas y con comodidades es fácil desentenderse de los hermanos más necesitados. Me disculpo sinceramente por eso.
Cuando reflexiono sobre las razones que pueden tener para seguir respaldando a Chávez, pienso, primero, en que yo mismo voté por él en 1999, pero me arrepentí porque, para mí, sus desatinos rápida y alarmantemente desbordaron a sus aciertos. Pero tengo que admitir que las las necesidades mías son muy diferentes a las de Ustedes. En mi modesta opinión, Ustedes necesitaban y necesitan, principalmente, atención; ser escuchados y tomados en cuenta Aunque esto, por sí solo, no les vaya a resolver nunca sus problemas más urgentes; mucho menos los de fondo. Por muchos años, los sectores más prósperos económicamente – pero, no siempre moral y espiritualemnte – los hemos abandonado a su suerte e, incluso, despreciado.
Ustedes, queridos hermanos, necesitaban con desespero – y siento que aun necesitan- a alguien que se pusiera de su lado, alguien con quien ustedes pudieran identificarse plenamente, alguien que dijera quererlos, comprenderlos, defenderlos. Y Surgió Chávez, a la medida de sus muy humanas y entendibles necesidades de afecto y protección. Y, considerando lo imperiosas que son esas necesdiades por Ustedes tan largamente sentidas, no sorprende que, hoy, aun ante las contundentes pruebas del fracaso socio-económico (¡pero sobre todo moral!) del gobierno chavista, Ustedes todavía premien a Chávez con su muy valioso apoyo. Y, repito una vez más, los entiendo y los respeto muy sinceramente. Por mi parte, voté por Chávez porque estaba cansado de la sinverguenzura e ineficacia social de la “guanábana” adeco-copeyana. No seré yo quien ignore los muchos logros de ese período de la democracia venezolana, pero el incontrolable y desmesurado aumento de la pobreza y la delincuencia, y la instauración de la corrupción como una institución más del país eclipsan sus bondades, y, ameritan, en mi criterio (sin que sea yo ningún ejemplo de rectitud o eficiencia) una profunda revisión de esas administraciones, sus dirigentes y sus colaboradores. Por ejemplo, admito que me alegró la elección de Ledezma como Alcalde Metropolitano, pero siempre sentiré desconfianza y temor por sus posibles vínculos con algunos “vagabundos” ex-dirigentes adecos.
Entiendo el profundo rechazo y hasta odio que muchos de Ustedes sienten por las clases más favorecidas de la sociedad venzolana. “Dando y dando”, dirán Ustedes. Yo no podría afirmar que haya gente clase media y clase alta en Venezuela que los odie expresamente a Ustedes por su condición de pobres, pero, ciertamente, ha sido tan grande y prolongado el abandono y la marginación a los que los hemos condenando, que pudiera entenderse como un acto de odio de nosotros, los que contamos con recursos, hacia Ustedes, los menos favorecidos socio-económicamente.
Pero voy a insistir en algo que he repetido muchas veces. Si ese Chávez al que Ustedes idolatran los amara como dice amarlos, tenía que que haberse dedicado hace tiempo, en cuerpo y alma, a combatir la miseria, la criminalidad, la falta de servicios públicos, el desempleo, la corrupción, y un interminable etcétera de calamidades que, paradójicamente, a quien más golpean es a Ustedes, los más humildes y dedsamparadosde la sociedad, por no contar con recursos materiales para protegerse.
Chávez y su entorno gebernante conocen muy bien la realidad de nuestros pueblos latinamericanos; conocen bien su idiosincracia, pero, no para bien, para mal. Saben que, básicamente, somos gente conforme; no necesitamos mucho para estar bien; somos felices con poco. Los expertos dicen que es el resultado de la mezcla de indios, africanos y españoles. Eso es bueno. El fin último del ser humano es ser feliz. Yo mismo estoy muy orgulloso de mis orígenes indo-afro-europeos. Pero, “todo en exceso es malo”. Al final, ese “pata’e bolismo” extremo actúa como especie de droga alucinógena que nos impide ver la realidad; que nos impide ver que el país se nos está rompiendo en pedazos, producto de la marginalidad, la inseguridad, la corrupción y demás plagas.
Chávez sabe que, por razones histórico-culturales, la gran mayoría de los pobres venezolanos y latinoamericanos, en general, son gente resignada y no tienen grandes expectativas materiales, lo que, de hecho, según algunos estudios antropológicos, es una de las muchas causas que explican los altos índices de pobreza de latinamérica. Esto, por supuesto, junto a la aberrante injusticia social que impera en nuestros países. Así, el líder chavista y su entorno se aprovechan de esa noble condición del pueblo y le dan solamente “pan y circo” a sus seguidores más necesitados para tenerlos contentos. Ellos saben que la nobleza y la resignación de nuestra gente humilde, aunadas a su amor por el líder y a su profundo rechazo por las clases sociales más altas, aguanta promesas incumplidas, engaños, abusos, y todo los vicios que ellos tengan a bien practicar. Pero, en su drogadicción de poder y riqueza se les olvida que ese misma gente humilde y resignada y “feliz”, históricamente, cuando se ha visto sometida y humillada, ha sido la protagonista de algunas de las gestas sociales más grandes de la historia, castigando ejemplarmente a sus opresores. Un olvido que llama enormemente la atención, viniendo de quienes alegre e irresponsablemente se auto-denominan bolivarianos. “Eso es mucho camisón pa’ Petra”.
Pero, “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Gracias a la guanábana, y al tomate – por lo rojito – estamos entendiendo que tanto conformismo a la larga resulta perjudicial; que es más productivo forjar nuestros propios destinos y el destino de la patria, con base en el trabajo honesto y la educación intergral de nuestros hjos, que esperar a un mesías que puede resultar un simple – pero muy dañino – embaucador de oficio.
Finalmente, así como entiendo – y respeto – las razones de tantos compatriotas pobres para ser chavistas, percibo que muchos de ellos están comenzando a ver la verdadera faz tras el oscuro manto del supuesto mesías y sus discípulos, a quienes deseo fervientemente, en este año 2009, que (su) Dios los agarre confesados…
A mis compatriotas chavistas pobres
Enero 6, 2009 · Dejar un comentario
Categorías: General · Hugo Chávez · Política venezolana · Presidente Chávez · Sociedad Venezolana · Venezuela
Etiquetado: chavistas, chavistas pobres, Chávez
0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.