El bloguero

Miss Universo Stefanía Fernández y el secreto de belleza de las venezolanas

Agosto 26, 2009 · 2 comentarios

      Con esta interminable trama de odio y violencia, donde Venezuela es la víctima protagonista y Chávez es el malo de la película (el escrito no es sobre política. Les pido que sigan leyendo), es altamente terapéutico escribir sobre un acontecimiento tan positivo y alentador para nuestro país como el histórico triunfo de Venezuela en el Señorita Universo 2009. Claro, ignorando por un momentico la conducta acomodaticia de Venevisión, el  “Canal de la Belleza”, frente al autoritarismo chavista.

      Así que, antes de revelar al mundo entero, de una vez por todas, la tan codiciada fórmula de belleza de las mujeres venezolanas, quiero enviar un beso y un abrazo de admiración, orgullo y cariño venezolano a su Majestad Stefanía Fernández, la mujer más hermosa del universo. ¡Salve, reina!

      Aprovecho, además, para expresar mi gratitud y reconocimiento a nuestra Señorita Universo saliente, la subyugante Dayana Mendoza, por representarnos tan impecable y dignamente durante su reinado. ¡Gracias, bellísima!

      Ahora sí. Llegó el momento de divulgar el muy deseado secreto, la fórmula mágica de belleza de las féminas venezolanas. Pero vamos a comenzar explicando, primero, lo que no es:

     No es tener una cara bonita.

     No es exhibir un cuerpo escultural.

     No es dominar el arte del modelaje.

     No es transmitir una imagen sexy.

     No es, ni siquiera, una combinación de todas las características anteriores. Aunque, lógicamente, si las concursantes reuniesen algunas o todas estas condiciones, tanto mejor. Después de todo, ellas compiten por una corona de belleza. Tienen que ser muy atractivas físicamente. Sin discusión.

     De hecho, la mayoría de esas muchachas son tan hermosas que tengo gran dificultad para decidir, en términos estrictamente estéticos, cuál es la más bonita, ya sea africana, asiática, europea, americana (norte, centro y sur) u oceánica. Pero, hay una cualidad indispensable mas no estética que debe tener quien aspire seriamente a ser reina de belleza universal, sin excepción: Una personalidad integral y atrayente que le confiera una “belleza total”. Debe cautivar “por dentro y por fuera”.

     Me disculpo con aquellas aspirantes a reinas, y mujeres en general que pensaron que el secreto era algo fácil de conseguir.

     Permítanme, antes de ahondar en el asunto, acotar que estoy casado (desesperadamente enamorado) con una mujer japonesa. Pero eso no me impide, en modo alguno, alabar, con justicia y conocimiento de causa, a mis queridas coterráneas venezolanas. “¿Y, entonces, por qué no te casaste con una mujer de tu país?”, me preguntarán, válidamente, mis amables lectores, y me pregunta la gente frecuentemente. “Me hubiera casado, feliz de la vida, con una venezolana, pero el destino me unió a una asiática encantadora”, es mi respuesta.

     Pero, entremos en materia. ¿De dónde surge ese magnetismo personal, esa “belleza total” que, comunmente, ostentan las candidatas venezolanas? Las 6 Miss Universo de Venezuela (sin contar las otras tantas Miss Mundo y Miss Internacional, que lo hacen el país con más títulos mundiales de belleza), junto a las muchas otras espectaculares soberanas latinoamericanas, y al creciente número de finalistas de esa región en los más recientes certámenes internacionales, evidencian un marcado gusto global por las beldades de América Latina. Y no sólo en los concursos de belleza.

     Sin pretender menospreciar la belleza integral única y valedera de las mujeres de otras culturas, me parece que al mundo, como un todo, le gusta, cada día más, la belleza y personalidad de las féminas latinas. Y en el caso que me atañe directamente, Venezuela, tanto las reinas como las mujeres comunes y corrientes, definitivamente están seduciendo a la humanidad completa con su cautivadora personalidad integral.

     En general, mis compatriotas son románticas, amorosas y sensibles, pero con gran fortaleza de carácter.

     Son por naturaleza alegres. Durante su juventud, como cualquier venezolano, pasan bastante tiempo en fiestas (¡son diosas del baile!) y demás actividades recreativas, sin que ello les impida cumplir con sus obligaciones familiares y académicas. Por ejemplo, cada a vez es mayor el número de jóvenes venezolanas que se gradúan en las universidades en forma destacada.

     Son madres y esposas abnegadas que aun son capaces de realizarse en el plano laboral o en actividades varias, llegando a brillar, incluso, lo que les proporciona equilibrio en sus vidas.

     Expresan su sexualidad sin complejos, pero sin excesos, logrando conjugar armoniosamente sus muy humanas inquietudes carnales y las espirituales.

     Exhiben una actitud moderada en sus valores y creencias, producto de la orientación mayormente católica de nuestro país, lo que las hace ver la vida con optimismo, fe y esperanza, lejos de fanatismos.

     Creo que los jueces de los concursos internacionales de belleza, y los representantes de los medios, luego de compartir por varios días con todas esas lindas muchachas, logran apreciar esta belleza cultural distintiva en la mujer venezolana (y en las latinas en general) expresada en su inteligencia, calidez, carisma, espontaneidad y desenvoltura que, entre otras virtudes, le han dado fama y reconocimiento en nivel mundial.

     Entiendo perfectamente a los millones de hombres de todo el mundo que caen rendidos a los pies de candidatas super sexys y despampanantes como las nuestras; verdaderos “bomboncitos tropicales” que poseen, además, gran entereza y sensibilidad, lo cual las hace simplemente irresistibles.

      En mi humilde pero experta opinión, todas mis compatriotas, sin distingos de clase social, religión, color de piel o grado de belleza estética, están hechas con el mismo molde; poseen la misma fibra humana. Por ello, hoy, al homenajear a mi deslumbrante paisana, su Majestad Stefanía Fernández y demás diosas de belleza que ha dado mi país al mundo, estoy, realmente, rindiendo un sincero y emocionado tributo a todas y cada una de las fabulosas mujeres venezolanas. ¡Dios las bendiga!

     Este escrito no podría estar completo sin el debido reconocimiento a toda la gente detrás de la muy eficiente y exitosa organización del Miss Venezuela. Pero, lamentablemente hay un “pero”. Aunque reconocemos el indiscutible protagonismo de Osmel Sousa en la historia triunfal de Venezuela en los certámenes internacionales de belleza, luego de verlo recientemente en un video en YouTube ninguneando, ofendiendo y maltratando verbalmente, con prepotencia y despotismo pasmosos, a las participantes en un casting para el concurso “Belleza Latina”, me abstengo de felicitarlo como correspondería en un caso tan especial. Y lo hago por una elemental razón de principios. Ni siquiera toda la merecida fama que él ostenta le dan derecho a tratar como basura y a humillar a mujeres que no satisfacen sus elevadísimos estándares estéticos.

     Osmel, imagínate cómo te hubieras sentido si en el pasado, cuando nadie te conocía, en alguna entrevista de trabajo el jefe te hubiera dicho, con la misma frialdad y menosprecio que hablas a esas esperanzadas jóvenes en el referido casting: “Aquí no aceptamos amanerados. Chao”. O tal vez, ya sabes de sobra lo que se siente ser discriminado por tu condición, y ahora te estás desquitando…

Categorías: General · Miss Universo 2009 · Stefanía Fernández Miss Universo · Venezuela y el Miss Universo
Etiquetado: , , , , , , ,

2 respuestas hasta el momento ↓

  • Alberto Salazar // Octubre 16, 2009 a 1:06 pm | Responder

    Al leer tu artículo, pienso también en las mujeres que no se dedican a los concursos de Belleza, pero que han demostrado ser tan capaces, inteligentes y autosuficientes…

    Solo una crítica construcutiva: al mencionar a Osmel Sousa estoy de acuerdo contigo que no se debe maltratar a nadie y nada le da ese derecho, si esta persona tiene algún problema debe ser lo suficiente maduro para asumirlo y corregirlo si así lo quiere. Mi punto va dirigido al hecho que consideras que el tiene una condición particular y no es así, creo que todos somos iguales.
    Como se asuma la sexualidad es otra cosa que es lo que te diferencia del comun de las personas.

    Gracias por el articulo esta muy bueno.

  • Angel Rafael La Rosa Milano // Octubre 17, 2009 a 6:25 am | Responder

    Hola, Alberto. Muchas gracias por tu concepto sobre el artículo y por tu crítica, la cual me hizo notar que sin querer puedo dar la impresión de estar atacando a Osmel por el hecho de que, en lo particular, me luce afeminado. Así es como lo percibo, pero soy incapaz de juzgar o atacar a alguien por esa razón que, en mi criterio, es sencillamente un rasgo más de la personalidad, sin ningún matiz negativo. Mi propósito es transmitir que nadie es perfecto; que nadie debe creerse Dios; que nadie tiene derecho a estigmatizar y ofender a otros por sus supuestos defectos, ya que a los ojos de los demás todos tenemos imperfecciones, pero queremos que se nos respete como somos. Como dice el dicho: “No le hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a tí”. De nuevo gracias, Alberto, por tomarte el tiempo de escribir y darme la oportunidad de explicarme.

Dejar un comentario