Los enanos

En la historia reciente de nuestro país abundan los casos de políticos que tuvieron en sus manos todo para consagrarse como líderes indiscutibles; para ser los grandes hombres de su tiempo, pero que, en cambio – y muy tristemente para un pueblo urgido de héroes –  devinieron en “pequeños” hombres, en simples politiqueros.

El caso más notorio es Hugo Chávez, quien pasó de ser “Robin Hood” al mismo rey codicioso y tiránico que éste combatía. Tanta inteligencia, tanta astucia, tanta pasión, tanto carisma, tanta popularidad, desperdiciados, vertidos en la cloaca de la anti-política, superados por su egocentrismo, por su debilidad, por su bajeza.

Pero hoy  quiero – y debo – hablar, aunque no quisiera, de otra “esperanza” nacional venida a menos, convertida en anti-héroe de la enmarañada política venezolana: Henrique Capriles Radosnki. Aclaro que no lo estoy comparando con Chávez. Sería absolutamente erróneo, por injusto y desproporcionado. Honestamente, sin importar cuanto me ha molestado últimamente – y a millones de venezolanos –  con su grosero pragmatismo político,  creo que a Capriles no debemos meterlo en el mismo saco putrefacto de la canalla engendrada, criada y personificada por Chávez. Hablo de él  por ser el líder de la oposición que más gente llegó a movilizar – o lo que es lo mismo, ilusionar – en unas elecciones contra el autócrata barinés.

Pero, no crean ni por un isntante que me resulta fácil atacar a Capriles.  Por el contrario, es muy difícil para mí. Pasé unos cuántos años de mi vida apoyándolo, soñándolo como el salvador de un país arruinado material y moralmente por Chávez. Prueba de mi vocación caprilista son los incontables escritos que le dediqué aquí en mi blog – y otros pocos en medios impresos nacionales – durante todo esos años de esperanzada lucha anti-chavista.

Es verdad que, aunque ya con muchas reservas, apoyé a HCR hasta hace poco; hasta los días posteriores a la Consulta Venezolana del 16 de julio del 2017. Sin embargo, mis primeras inquietudes sobre la solidez de sus principios políticos comenzaron a aparecer algunos años atrás, durante sus más encarnizados enfrentamientos electorales y personales con Chávez – en la campaña electoral para las presidenciales de octubre de 2012, por ejemplo. En ese entonces, percibí en sus respuestas a los ataques frontales y ofensivos del déspota barinés más mesura de la necesaria; Percibí cierta blandenguería. Pero lo que más me preocupaba no era la exagerada reserva de esas contestaciones de Capriles al viperino autócrata, propiamente, sino el hecho de que, en mi opinión, esa blanda reacción fuera políticamente calculada, para no echarse encima a la inmensa e intimidatoria base chavista como enemiga acérrima. Con el tiempo entendí que el siempre vió a la Venezuela chavista como un capital electoral enorme, como un precioso botín. De ahí tanto “respeto” hacia Chávez. Sin embargo, entre los millones de seguidores chavistas, defensores del estilo insolente y amedrentador de su líder,  la “buena educación” de Capriles fue percibida más bien como debilidad de carácter. Muchos caprilistas también comenzaron a tener esa percepción del abanderado opositor.

Capriles fue derrotado por Chávez  en esas elecciones por un millón y medio de votos de diferencia, cuando el propio líder de la opsición había asegurado que él ganaría fácilmente con más de un millón. Pero lo que más llama la atención es lo enfático que fue éste al asegurar reiteradamente, a lo lago de la campaña, que era casi imposible que pudieran hacerle un fraude electoral, cuando, al contrario, un gran número de entendedores en materia comicial lo estuvieron alertando permanentemente sobre las muchas trampas que estaba armando el gobierno.

En su siguiente derrota presidencial, contra Maduro en abril de 2013, a pesar de que él mismo  impugnó los resultados – de hecho se negó categóricamente a aceptarlos – y denunció el fraude ante las instancias nacionales e internacionales competentes, eso quedó así.  ¿Por qué tanto empeño de HCR en participar en elecciones presidenciales que sabe amañadas en su contra? ¿Por qué tanto masoquismo? Ya la vaina me estaba pareciendo “guabineo”, como decimos en Venezuela, para significar una conducta poco clara, dudosa, que no es ni una cosa ni la otra.

La respuesta, que me ha costado – y dolido – tanto formular públicamente, es que Capriles Radonski, al igual que muchos políticos que se dicen opositores, necesita una “estabilidad” política que garantice la realización de elecciones per saecula seculorum – sin importar si es en dictadura – porque mientras eso ocurra, el podrá mantener su empleo como político “opositor light“, y devengar los beneficios correspondientes.

Yo mismo tengo culpa, por haber participado, de alguna forma, en esos suicidios comiciales.

Pero, incluso más grave que el fraude de Maduro en sí mismo fue hecho de que el propio Capriles contuviera la furiosa reacción nacional contra el robo descarado del que fue víctima el pueblo demócrata venezolano. Muchos opositores nunca le perdonarán eso.

Más recientemente, oímos la voz de Capriles  sumarse al coro que gritaba “la Constituyente no va”. Bueno, la espuria  Constituyente no solamente fue instalada, sino que, la desafortunada respuesta del líder opositor fue celebrar el inmoral “Encuentro en Defensa de la Constitución”, junto a incondicionales a Chávez como Rodríguez Torres y Luisa Ortega Díaz. El primero, operador político-militar del difunto tirano, y sobre quien recaen gravísimas denuncias (elevadas a la Corte Internacional de Justicia de la Haya) por violación de derechos humanos. La segunda, operadora judicial del dictador, y a quien, entre otros serios delitos, se le atribuye la fabricación de las pruebas incriminatorias contra Leopoldo López, por órdenes directas del todopoderoso jefe mafioso.

A la vuelta de algunos años, con mucha tristeza por lo que pudo ser y no fue, recordaremos a Capriles y compañía como aquellos políticos venezolanos que pudieron ser unos gigantes pero se quedaron enanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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~ por Ángel La Rosa en febrero 28, 2018.

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