Carta al General Antonio José de Sucre, en el 223 aniversario de su natalicio

•enero 31, 2018 • Dejar un comentario

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Extraído del sitio de YVKE Mundial

Este escrito de mi autoría – libreto y locución – fue transmitido en formato de audio por Radio Sintonía 1420 AM entre 1995 y 1998. No recuerdo. Y posteriormente, por la Radio Nacional de Venezuela, el 3 de febrero de 2001, durante mi brevísima e infortunada etapa chavista (YouTube audio “Carta al General Sucre”).

General Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, estimado amigo, recibe un saludo afectuoso y mis mejores deseos porque sigas disfrutando de la gloria eterna. Te ruego me disculpes el tono amistoso de esta carta, pero, mientras más conozco acerca de tu vida, luminosa y fugaz como el relámpago, consagrada a la causa de la libertad, y mientras más entiendo que tu grandeza se fundamenta en el valor, la integridad moral y la generosidad que te acompañaron siempre, más cerca me siento de tu lado humano, me siento tu amigo. Además, somos casi de la misma edad. Sí, ya sé que naciste hace más de 200 años, pero, apenas tenías 35 cuando partiste hacia la eternidad.    

      He podido conocer, gracias a algunas lecturas, que naciste el 3 de febrero de 1795, en el seno de una familia acomodada, en la primogénita y heróica Cumaná; que iniciaste tu educación formal en Caracas, por allá en el 1808, y que tu inclinación por las matemáticas te llevó a elegir la carrera de ingeniería. Pero, estalló la revolución, y, aunque eras tan sólo un muchacho, no dudaste un instante en tomar las armas en pos de tus juveniles y nobles sueños de libertad. 

       Tres años más tarde, en 1817, Bolívar te nombra Jefe Militar del Bajo Orinoco. Ese mismo año, el Padre de la Patria te escribiría en calidad de tutor y amigo: “En cuanto Cumaná esté libre de facciosos y enemigos, le llamaré a Usted a mi lado. Y no lo haré como un favor, sino como una necesidad, o, más bien, por satisfacer mi corazón que lo ama a Usted y conoce su mérito”.   

      He escuchado con mucha atención comparaciones que hace la gente entre tu época y la mía. Hay quienes sostienen que en nuestro país no han vuelto a nacer hombres de tu talla, de la grandeza de Bolívar, Miranda, Páez, Negro Primero, por nombrar sólo a unos pocos de nuestros próceres independentistas. En lo personal, los considero a Ustedes nuestros Libertadores héroes inmortales, ya que vivirán por siempre en todo los que nos legaron. Pero, como bien sabes, Sucre, el contexto histórico que te tocó vivir, signado por nuestra guerra de independencia, exigía a los hombres y mujeres de esa época pensamientos y obras ajustados a realidades y concepciones muy distintas a las que conocemos hoy.    

       Hoy, somos una nación pacífca y moderna, gracias a que Ustedes nos legaron paz y libertad. Y, en la modernidad, existen otras formas de ser héroes. En u país como el nuestro, donde valores fundamentales del ser humano como la honestidad, el respeto y la educación están en franca desaparición, y el cual, durante muchos años, ha sido abusado impunemente por corruptos de cínico y miserable proceder, para ser héroes bastaría con ofrendar a la patria, día a día, una vida edificante, expresada en una profunda solidaridad con nuestro pueblo, y en el trabajo honesto al servicio de la Venezuela grande, que tú, mi buen amigo, Antonio José de Sucre, tanto te esmeraste en construir.    

    Seguiría en la lista de tus logros militares el ascenso a coronel, el 6 de de agosto de 1818. Tus ímpetus de joven soldado parecían no conocer límites. El ser dueño de una fe inquebrantable en la existencia de la América libre, y el poseer una integridad moral sin parangón, a la postre te permitiría catapultarte hacia la gloria.         Al año siguiente, en 1819, luego de la Batalla de Boyacá, según narra Bolívar en una biografía que te escribiera, recibiste el nombramiento de Jefe del Estado Mayor General del Ejército Libertador. Y, en 1820, asociado al general Briceño y al coronel Pérez, negociatse el armisticio y regularización de la guerra con el general realista Morillo.Amigo Sucre, esa natural generosidad que exhibías hasta con el más encarnizado de los enemigos era una de tus virtudes que más sorprendía al Libertador Simón Bolívar. Como muestra de ello, escribió conmovido sobre el armsiticio: “Este tratado es digno del alma del general Sucre. La benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron. Será eterno como el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra”.  

         El 24 de mayo de 1822, vencerías en la Batalla de Pichincha. Tras ese memorable triunfo, cubriste los valles y las montañas de Ecuador con el manto de la libertad, y tus hombros se cubrieron con la capa de la gloria eterna. Pichincha te valió el grado de General de División e Intendente del Departamento de Quito. ¡Apenas tenías 27 años! mi buen amigo. 

      General, permíteme un pequeño paréntesis, para decirle a los jóvenes venezolanos que a pesar del énfasis que hago en la relación entre tu edad y las proezas que lograste, en ningún momento pretendo que emulemos tales hazañas. Ciertamente, son datos que nos llenan de asombro, pero insisto en que hay que considerar las enormes diferencias existentes entre tu tiempo y mi tiempo. Lo que sí deberíamos imitar los jóvenes de hoy es tu conducta recta y bondadosa, tu vocación de servicio, tu amor por la libertad y tu valentía para defender las causas justas. Es preciso que entendamos que si realmente queremos un país mejor, un continente mejor, un mundo mejor, debemos comenzar por mejorarnos a nosotros mismos; debemos procurar ser hombres de bien, hombres íntegros, cada segundo de nuestras vidas. Allí radica tu verdadera grandeza, Sucre, y la de todos nuestros héroes pasados, presentes y futuros. 

         En la Batalla de Junín, el 6 de agosto de 1824, nuevamente te sonreiría la victoria. En esa oportunidad, a las órdenes de Simón Bolívar, venciste al general realista José de Canterac. Sin pérdida de tiempo, te dispusiste a mejorar las condiciones de tu ejército; no descansaste hasta lograr la total recuperación de tus valientes hombres. En aquel momento, expresaría el Libertador: ”Ninguna atención bondadosa es indigna de su corazón. Él es el general del soldado”. 

         Quizás, sin saberlo, general, te estabas preparando para la más grande de tus glorias: Ayacucho, 9 de diciembre de 1824, el triunfo, la batalla final, la América toda libre. Aún resuenan las palabras del Libertador y Padre de la Patria, Simón Bolívar: “La Batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposiicón de ésta ha sido perfecta, y su ejecución divina. Ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho, para bendecirla sentada en el trono de la libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos y el imperio sagrado de la naturaleza”.

            General Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, amigo, hasta aquí mi carta. Para despedirme quiero agradecerte por ser eterno. Hoy, más que nunca, los venezolanos debemos tener presente en nuestras mentes y nuestros corazones tu obra magnánima, para que las generaciones presentes y futuras de hombres buenos puedan convertirse en soldados de esperanza, y formen ejércitos invencibles, comandados por tu ejemplo imperecedero, y decididos a librar batallas por las causas justas de un pueblo que tiene sueños bonitos, con una Venezuela grande, pletórica de justicia, paz, amor y libertad. 

Ángel Rafael La Rosa Milano

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Carta a Óscar Pérez

•enero 18, 2018 • Dejar un comentario

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Primero que nada, quiero expresar mi gran tristeza, y también mi solidaridad a los familiares, seres queridos y hermanos de lucha de Óscar Pérez y de todos sus hombres. ¡Gloria a los héroes caídos!     

Mi muy estimado y admirado inspector Óscar Pérez,

Casualmente, pocos días antes de tu dantesca – pero heroica – muerte, a mano de las bestias asesinas de Maduro, yo había decidido ponerme en contacto contigo y tus honorables y valientes soldados, para expresarles mi apoyo incondicional y mi agradecimiento sincero por arriesgar sus vidas en defensa nuestra, en defensa de la Patria.

Podía ofrecerles muy poco, o casi nada. Es verdad. Mi situación actual sólo me permite acompañarlos moralmente. Pero, poder manifestarles aunque sea únicamente mi solidaridad significaba mucho para mí, y siento que para Ustedes también.

Además, tú sabes mejor que nadie, comandante, que bajo la dictadura mafiosa, omnipotente y omnipresente que somete al país, apenas mostrar simpatía por movimientos libertarios  armados como el que encabezabas – y encabezarás eternamente – implica un riesgo elevado.

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En tu ausencia – física – quiero decirle a todos y cada uno de tus compañeros, indoblegables combatientes (principalmente al capitán patriota Juan Caguaripano y su gente) que, al igual que tú y todos Ustedes, estoy absolutamente convencido de que el único camino posible hacia el rescate de Venezuela es por la fuerza. Este gobierno castro-comunista genocida nos declaró la guerra a muerte hace mucho tiempo. Desde los años del Eterno Embaucador Hambreador Represor del pueblo, huguito chávez (así, con diminutivo y minúsculas como su estatura humana), ya son demasiados los crímenes atroces contra el pueblo demócrata indefenso. ¡Ya basta!

Es por ello que le pido a la Energía Universal, y a ti, luminoso soldado  de la Patria, Óscar Pérez, que seas antorcha inextinguible en esta noche oscura para nuestro pueblo. Ilumina nuestro sendero emancipador con tu claridad; proporciónanos  los medios necesarios para contribuir, en mayor medida, con la hermosa causa libertadora que te costó la vida, gesta heroica que en nuestras almas liderarás por siempre.

¡Gloria a los Héroes caídos!

Ángel La Rosa

 

 

 

 

 

 

 

 

Doble vida

•noviembre 25, 2017 • Dejar un comentario

Daré inicio a tan delicado y escabroso tema con una teoría que desarrollé tras largos años observando la vida de Ustedes, mis allegados gays que nunca me revelaron su condición, ni directa ni indirectamente. Es decir, que siempre han procurado hacerme creer, a toda costa, que son heterosexuales. Observación que, dicho sea de paso, al principio, no era intencional,  sino el acto espontáneo, natural que resulta de interactuar con alguien por mucho tiempo. Pero que con los años se volvió premeditada y habitual, según iban apareciendo indicios, tanto gradual como repentinamente, sobre la posible homosexualidad y/o bisexualidad de Ustedes.

“Ustedes son suficientemente inteligentes para saber que alguien suficientemente inteligente como yo puede saberlo”.

Y no sólo yo. Muchas otras personas a su alrededor están en capacidad de deducirlo. Lo cual me lleva a otra teoría. “A Ustedes no les sorprende que alguien pueda adivinarlo,  sino que esa persona ose decírselo”.

Además, ¿no han descubierto Ustedes mismos, a la largo de su vida, a personas gays que – por las razones que sea – se muestran, enfáticamente, como heterosexuales? ¿Es porque Ustedes son genios, y yo no? No. Eso se puede llegar a deducir con un poco de capacidad asociativa. Ustedes lo saben.

Y, aclaro, por enésima vez: Al final, la condición sexual de Ustedes es relevante para mí, no porque me importe en modo alguno el uso que tengan a bien darle a sus partes privadas, sino porque, a pesar de nuestra cercana relación personal de tanto tiempo, pretendieron convencerme, vehementemente  – a mí, sobre todo – de que éramos del mismo equipo, cuando, en realidad, Ustedes han estado jugando, simultánea y secretamente, para otro. En términos de la “hermandad” y la “amistad fraterna” que, supuestamente, nos unen, “me jugaron dobleplay”.

Arbitrariamente, me han condenado a existir de este lado de su doble vida.

Deben saber que a lo largo de mi vida adulta he sido premiado y honrado con la confianza de algunas amistades quienes sí me han revelado su condición gay. En su momento, esa revelación, como es de suponerse, vino a enriquecer más nuestra amistad, a hacerla más profunda, ¡y más interesante, por supuesto!

Por cierto, ahora, mientras escribo esto, estoy cayendo en cuenta de que todas esas amistades que me confesaron su condición son mujeres. En el caso de los hombres, no ha ocurrido que alguno me lo haya informado, ni espontáneamente ni cuando se lo he preguntado yo directamente. Aunque, sí he tenido – y tengo – amigos “varones”, quienes desde el primer momento se han mostrado tal cual son.

Y, no lo digo para establecer comparaciones odiosas entre aquellos que me lo han confesado y aquellos que no. Es sólo un dato estadístico que me llama la atención, y, muy posiblemente, la de mis amables lectores.

En Ustedes hay muchos detalles que le permiten a una persona medianamente observadora determinar su condición gay. Desde la efusividad con la que abrazan algunos al saludar (sobre todo entre hombres), pasando por ciertos hábitos personales, hasta sus relaciones amistosas estrechas con otras personas, quienes, casualmente, también están en nuestra “lista”. Los mencionados detalles funcionan como piezas de un rompecabezas; poco a poco las vamos acoplando unas con otras hasta que nos revelan toda la imagen. Pero, como digo más arriba, la construcción del rompecabezas de su identidad sexual, puede llevarse poco mucho tiempo, dependiendo de varios factores. En algunos casos, de hecho, unir todas las piezas puede llevarse una vida.

De joven, pensaba que el porcentaje de las personas gay a nivel mundial era muy reducido. Uno, porque es lo que decían las encuestas, dos, porque en esa época la gente se cuidaba mucho más que ahora de mostrar sus tendencias sexuales abiertamente. pero, con los años, comencé a anotar que había una disparidad muy grande entre los números arrojados por los sondeos de opinión y los números que yo veía a diario a mi alrededor. Incluso ahora, cuando hay bastante mayor libertad y tolerancia – una cosa va con la otra –  que en mis años de juventud,  los números de las mediciones y de la realidad no me cuadran. Y por bastante. Pero, hace ya algún tiempo, conseguimos la explicación a ese hecho.

Aunque al común de las personas (especialmente a los heterosexuales que no se interesan mucho en estas cuestiones de la homosexualidad) les parezca un absurdo, una exageración, falso de toda falsedad, estoy por concluir que la población gay mundial es igual, o incluso superior a la población heterosexual. Tal cual.

Huelga decir que esto contradice absolutamente la idea generalizada que existe sobre el tema, y cualquier encuesta sobre el particular. Entonces, ¿en que me baso para hacer tan temeraria afirmación? En mi observación personal, fundamentalmente, y en el conocimiento constatable  de que un porcentaje elevado de los encuestados miente al ser consultados sobre su orientación sexual.

En el sitio web  El comercio, leemos que, según un estudio realizado por  The Boston Consulting Group (BCG), realizado entre marzo y abril de 2017, entre 1636 estudiantes y jóvenes profesionales LGBT de Francia, Reino Unido y Alemania,  13% de los residentes en Francia admitieron que en sus trabajo mienten sobre el género de su pareja o dicen no tener. Según la encuesta, un 30% de los participantes perciben como un riesgo declarar su homosexualidad en una compañía en Francia.

Me pregunto, si eso ocurre en Francia, con todo y sus avances en materia de tolerancia  sexual, ¿qué quedará para regiones más conservadoras – o más atrasadas – del planeta, como la nuestra, por ejemplo, donde el número personas LGTB  registradas es mucho menor?

Además, considerando que hay personas que aun identificándose como LGTB ante un encuestador tienen que mentir en su trabajo sobre su condición sexual,  ¿no es razonable pensar que hay un número considerable de LGTB no declarados que, con más razón, tienen que mentir?

En el artículo de Wikipedia, Demografía de la orientación sexual, encontramos: “El estudio demográfico con el objetivo de identificar las proporciones de las diferentes orientaciones sexuales es complicado (…) hay complicaciones para que las personas contesten de forma honesta dado que se trata de preguntas comprometedoras (…) Datos provenientes de encuestas relacionados con estigmas, deseos o actividades privadas… Las personas encuestadas suelen evitar contestar las preguntas en presencia de encuestadores, o evitar situaciones incómodas”. (Continuará…)

 

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